El secreto del dragón escondido HERENCIA FAMILIAR
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HERENCIA FAMILIAR

Tres días más tarde Sir Benjhamin abrió los ojos. Intentó balbucear unas palabras, pero el dolor en el pecho era insoportable. Una enfermera le mojó los labios con un paño húmedo.

—Debemos irnos —apenas murmuró.

—No irás a ningún lugar —intervino Le Blanc.

—¿Qué diablos pasó? —preguntó.

—Te moriste y hace tres días que sigues coqueteando con la idea, postrado en esta cama.

La Dragonesa de Blanco abrió la puerta.

—Sir Benjhamin, me alegra que esté mejor.

—¿Tres días? —protestó.

—Sulhat fue derrotado en las arenas por el Duque de Bedford —exclamó Coraje. Fue lo primero que vino a su mente.

—Vaya desastre —dijo esbozando una sonrisa.

Le Blanc suspiró aliviado. —La Casa de los Prusianos perdió el doble voto en el consejo y con ello el derecho a veto de algunas decisiones; ya era hora de que esa responsabilidad dejara de caer sobre mi cabeza.

—Sulhat se dejó vencer —dijo la Dragonesa de Blanco.

—Lo cierto es que la Casa de los Lores obtuvo el voto doble.

—¿El Duque de Bedford se mudará a Hohenzollern? —preguntó Sir Benjhamin tomándose el pecho.

—No lo hará. Los Lores desean que yo siga a cargo, votaron a mi favor en el Consejo a cambio de algunos favores.

—¿Qué hay que hacer?

—Para empezar, encontrar al Duque Perro y recuperar el Diario de Maddam Thenesis.

—No cuenten conmigo para eso —exclamó Benjhamin—. No pienso ir detrás del Duque Perro otra vez.

—Si los ayudamos a conseguir el Diario de Maddam Thenesis, tú y tu hijo estarían exentos de servir a Hohenzollern para siempre.

—Mi hijo ya está exento —dijo Benjhamin.

—Mientras tú sigas con vida, lo estará.

Sir Benjhamin echó una mirada asesina y ordenó que todos salieran de la habitación, a excepción de Le Blanc.