LLEGADA
Sir Jules Le Blanc y su esposa Mathilda miraban desde una ubicación preferencial la llegada de los corredores. Benjhamin, que estaba parado al lado de ellos, buscaba a Coraje inquieto entre las tribunas y la muchedumbre.
Los retadores estaban parados sobre tarimas, esperanzados de que algún corredor de su casa entrara para entregarles el estandarte que les permitiera entrar a la siguiente etapa del juego: las arenas.
Solo los retadores que recibieran el estandarte podrían batirse a duelo entre ellos. El ganador de los duelos en las arenas tendría derecho de desafiar a Sulhat, el Capitán de los Juegos de Hohenzollern y así disputarse el doble voto ante la Asamblea Anual del Gran Consejo.
Todas las miradas estaban depositadas sobre Sir Godofrid, descendiente de la Casa de Uther Pendragon, que el año anterior casi había logrado vencer a Sulhat. La gente comenzaba a impacientarse cuando, de pronto,, por el medio del camino, a paso de liebre, entró el primer corredor.
—¿Quién es? —preguntó Mathilda, aunque ella ya conocía la respuesta.
¿Recuerdan en el primer capítulo cuando les describí a nuestro protagonista? Bien, creo que omití este detalle: hay algunas personas que creen que el sol les pertenece. Una de ellas se llama Coraje.
—Lleva el uniforme de la Casa de los Lores —respondió Le Blanc sorprendido—. Hacía varias décadas que los Lores llegaban entre las últimas posiciones.
—Pero es apenas un niño —afirmó Mathilda.
—Es… —dijo Le Blanc—. Es tu hijo.
—No puede ser —exclamó Sir Benjhamin apretando los dientes mientras aplaudía disimuladamente.
Coraje cruzó miradas con su padre. En el rostro del muchacho solo podía dibujarse una sonrisa, en el de su padre decepción.
Saludó al público que vitoreaba con naturalidad y luego caminó hasta la tarima de los retadores y entregó el estandarte al Duque de Bedford, Sir Conan Russel, máxima autoridad de la Casa de los Lores.
—Tiene clase —susurró Le Blanc.
—No cuentes con él —respondió Sir Benjhamin.
Apenas unos pasos más atrás entró el Borbón en segundo lugar. Primero saludó a la tribuna, luego entregó el estandarte al retador por su casa, Guillermo, de Orleans. Luego felicitó a Coraje levantando su mano en reconocimiento.
—De dónde vengo, hacer llegar a su majestad en segundo lugar se paga con hierro —sugirió. Coraje lo observó en detalle. El hombre tenía aspecto principesco.
—Si van a recordar que el Rey Alfonso el Borbón fue vencido por un niño, al menos, que sea a lo grande —gritó levantando la mano de Coraje en el aire; —Señores —agregó mirando a los demás retadores que continuaban a la expectativa—, si fueran ustedes, comenzaría a beber,
nadie más llegará hoy con su estandarte.
Sir Godofrid de la Casa de Pendragon se quitó el casco de su armadura y bajó furioso de su tarima, al pasar golpeó con el hombro a Coraje sin molestarse en disculparse.
Sonaron trompetas y empezaron los festejos, vino y jabalí en abundancia mientras los retadores de la Casa de los Lores y los Borbones se preparaban para entrar a las arenas a resolver quién sería el afortunado en enfrentar a Sulhat este año.
Sir Benjhamin se acercó para felicitarlo.
—Estaba en los establos cuando un Lord me pidió que lo ayudara con la carrera, no tenía idea que…
—Ya lo creo —soltó su padre apoyando el brazo sobre su hombro—. Deberías haber visto la cara de Sir Godofrid cuando te vio entrar primero.
—Lo felicito, Sir Benjhamin —dijo el Rey Alfonso—. ¡Quién quisiera tener un corredor así en su equipo! Los invito a ver las arenas conmigo.
—Su majestad —dijo Benjhamin bajando la cabeza avergonzado —agradezco el ofrecimiento, mas partimos de inmediato.
—Papá —se quejó Coraje—. ¿No vamos a quedarnos para ver las arenas?
—Sea quien sea, será aplastado por Sulhat.
—No estaría tan seguro —fanfarroneó Alfonso —los Borbones tendremos el voto doble este año, algunas cosas deben cambiar en Hohenzollern.
—Adiós muchacho —dijo Alfonso estrechándole su mano —espero tener revancha el año entrante.
—¿Quién es? —preguntó cuando se alejaron.
—El Rey de España.
—Sí, claro, y yo soy…
—Un gnomo que consiguió que la Casa de los Lores ingleses y españoles, que no se clasificaba desde hacía décadas, lo hiciera —se burló Benjhamin—. ¿Dónde aprendiste a correr así?
—Baseball.
—Tu tío James estaría orgulloso, participó para la Casa de los Lores en dos juegos consecutivos venciendo a Sir Godofrid en las Arenas y luego a Sulhat. Fue épico.
Sin ningún tipo de aviso, Sir Benjhamin sintió un pinchazo en el pecho y se detuvo. Luego sus piernas se aflojaron y cayó arrodillado a los pies de su hijo. Su rostro se puso violeta y los ojos se le volvieron hacia atrás. Se desplomó como un saco muerto sin interponer sus manos.