SEGUNDO CUERNO
—Debemos correr en dos grupos separados. No deben saber que somos doce. Eso nos dará la ventaja que necesitamos. El niño y yo iremos hasta el segundo lugar seguro, ustedes deben continuar y llegar primeros hasta la zona de los alfiles como acordamos sin pasar por la zona segura.
—A correr —exclamó Lord Magnum.
—A correr —repitieron los demás al unísono.
Los doce corrieron a pierna suelta adentrándose nuevamente en el frondoso bosque. Coraje estaba fascinado. Corría entre los de adelante siguiendo a paso firme a Lord Bodellier. Percibió miradas de apoyo entre sus compañeros y por un segundo le pareció como si corriera dentro de una manada de lobos.
Llegaron hasta un risco, desde lo alto podían divisar a los corredores de las demás casas. Las sospechas de Lord Bodellier se confirmaron cuando divisó que adelante de todos iban los Borbones. Detrás de ellos, la casa de Pendragon les seguía el paso creyendo ser los primeros.
Una batalla campal estaba a punto de suceder. Un arsenal de defensores Prusianos y Arianos se apilaban dispuestos a frenarlos después del cruce del arroyo.
—Bien, la suerte está de nuestro lado. El muchacho y yo iremos hasta el próximo lugar seguro a fin de despistar a las demás Casas. Creerán que somos solo nosotros dos; ustedes van a tomar el atajo a través del monte negro.
Los diez corredores se lanzaron en un descenso vertiginoso por el risco, mientras que Coraje y Bodellier bordearon las escolleras buscando un lugar menos empinado por donde descender.
Se escucharon tres cuernos seguidos.
—¿Qué son? —preguntó Coraje.
—Bajas: son las Casas que han sido eliminadas en su totalidad.
—¿Ves ese claro allá abajo, después de atravesar el monte que se viste de negro?
—Sí.
—Bien, allí es el segundo lugar seguro. La mayoría de los corredores prefieren bordear el Monte ya que es muy fácil perderse allí dentro. Si nuestro equipo logra atravesarlo en la forma correcta, podrán avanzar más allá del segundo puesto sin ser vistos.
Coraje sintió que algo rápido se movía detrás de él. Acto seguido, Lord Bodellier estaba en el suelo; había sido derribado por dos Defensores Borbones.
—Bien, es hora de empezar a beber. Corre, muchacho —le ordenó sujetando a los defensores—. Vamos, no vale la pena seguirlo. Es solo un niño.
—¿Dónde están los diez Lores que corren con usted? —preguntó uno de los Borbones.
—¿Diez Lores? Pensé que éramos solo el niño y yo.
El defensor rió a carcajadas. —Un defensor Ariano nos advirtió sobre los diez Lores, que simularon rezagarse; los están esperando risco abajo antes de la entrada al Monte Negro.
Este año solo los Borbones y Arianos lucharán por el voto doble del Gran Consejo, todas las demás casas serán eliminadas. El juego comenzó semanas atrás.
—Malditos.
—En minutos, los Dragones se eliminarán con los Pendragones y viceversa. Por otro lado, los Minsk y Cipayos ya fueron despejados. Los del Norte y los del Sur no llegaron a la primera zona segura.
—Estúpida Carrera —se lamentó Lord Bodellier.
—Mithrad —ordenó el Borbón a su compañero—, sigue al muchachito, no queremos ningún cabo suelto.