MADURANDO
Coraje entró corriendo al castillo, subió las escaleras hasta su habitación y se tiró en la cama como cuando se enfadaba con Diciembre. Sintió una nueva punzada en el estómago; una vez más recurrió a las gotas; le preocupaba que cada vez quedaban menos.
La puerta de la habitación se abrió y rápidamente escondió el gotero.
—Con usted la Dragonesa de Blanco —dijo Serafín. El muchacho se puso de pie y luego bajó la cabeza con reverencia.
—Déjenos a solas —ordenó la mujer y luego tomó asiento en el sofá cruzando sus piernas y colocando los codos lentamente sobre los apoyabrazos. Movió sus labios de un lado a otro dudando.
—Debes estar emocionado de volver a ver a tu padre. Sir Benjhamin es una leyenda, uno de los más valientes que he tenido el placer de conocer. Tu abuelo era un gran hombre también.
—Odio a mi padre —soltó sin esconder sus intenciones.
—Yo también odié al mío. No dejes que el odio se devore tu corazón.
Es difícil entender a los padres; luego mueren y te aseguro que el enojo es con uno mismo.
El mío me envió lejos. Me crió con una institutriz.
Me educaron para ser una reina. Me obligaron a casarme con el Barón de Noruega, futuro Rey de Europa, un soberbio diablo casi cuarenta años más viejo que yo.
—¿Hay un Rey de Europa?
—Sí, lo hay, aunque no es de público conocimiento.
—¿O sea que usted es la Reina de Europa?
—Así dicen.
—Los Reyes pueden hacer lo que quieren —dijo el muchacho.
—Al contrario, nos pasamos haciendo cosas que no deseamos.
—¿Mi padre la envió a hablar conmigo? ¿Ustedes son amigos?
—Tu padre me cae bien. ¿Qué harías tú si fueras él? —preguntó la Dragonesa.
—Si yo fuera mi padre, le contaría todos los secretos a mi hijo, lo prepararía para el combate.
—¿Cómo puedes estar tan seguro de que no lo esté haciendo?
—Porque entonces no me habría ocultado la verdad durante dieciséis años. A esta altura dominaría armas, sería…
—Serías un niño enojado que cuestionaría por qué su padre lo obligó a convertirse en un cazador de brujas, serías un rebelde sin causa.
Odiarías a tu padre por no haberte dado opciones.
Ser cazador es una pésima opción: todos acaban muriendo.
Tu abuelo, en cambio, era un liberador, doblemente inteligente.
—¿Usted qué haría? —preguntó Coraje poniéndola a prueba.
—No lo sé, pero si mi difunto padre estuviera vivo, no estaría encerrada en una habitación rezongando porque no me dejan hacer lo que quiero. La reina aplaudió dos veces y Serafín entró en la habitación seguido de dos soldados, que levantaron a la Reina en brazos y la colocaron sobre una silla.
—Serás lo que debas ser —sonrió la Dragonesa mientras era escoltada fuera de la habitación. Coraje se ató bien los zapatos y salió a toda velocidad escaleras abajo.
—¿Puedo hacerle una pregunta? —preguntó Coraje antes de que saliera—. ¿Por qué todos hablan del Duke Perro?
—Porque el desgraciado tiene el diario de Maddam Thenesis.
—¿Y por qué no se lo entrega? —preguntó.
—Es un misterio —contestó saliendo de la habitación.