LOS NECIOS
En este capítulo nos disponemos a comprobar quién es más necio, el joven Coraje o Sir Benjhamin.
—Disculpe —lo interrumpió Gulliver—. No sabía que este era su hijo. Parece tener potencial. Puedo verlo en sus ojos. ¿Podría instruirlo en cuestiones básicas?
—Lo tendremos en cuenta —le agradeció estrechando su mano.
Coraje y su padre salieron por una puerta lateral al área de los talleres y espacios de trabajos comunes, pasaron por las habitaciones del personal de servicio y, entre pasadizos, salieron a un hermoso jardín que bordeaba las murallas de Hohenzollern.
Se escuchaban las hurras de los soldados aclamando por Sulhat y el cuerno que no dejaba de resonar debido a las decenas de visitas que seguían llegando.
—¿Por qué tanta gente? —preguntó Coraje.
—Mañana se llevará a cabo la reunión del Gran Consejo —le explicó y el muchacho se quedó mirando con la boca semiabierta —Pareces algo preocupado —agregó.
—¿Crees que Katia y Diciembre estén bien?
—Confío en Drakar como en un hermano, apostaría todo a ese caballo.
—Podría ir con él —sugirió Coraje.
—Dejemos que Drakar haga su trabajo. Pensé que querías hablar sobre el paraguas. Me contaron que eres bueno.
—¿Dónde está?
—Después de que Vharis lo trajo, lo guardaron en la sala de las Armas. Sir Jules Le Blanc y Sulhat son los únicos que tienen las llaves.
—¿Qué piensan hacer con Vharis? Me gustaría verlo.
—Está incomunicado en los calabozos.
—Benjhamin, ¿qué tenemos que ver con todo esto?
A Sir Benjhamin se le iluminaron los ojos. —Es una larga historia. No soy bueno para los cuentos. Nuestra familia ha estado vinculada a Hohenzollern durante siglos, pero no tienes que preocuparte: pronto estaremos liberados de esta carga.
—¿Qué hay de mí? —Coraje quería ser parte de algo más.
Sir Benjhamin achinó sus ojos tratando de encontrar las palabras justas. —Primero, no tienes edad y, segundo, no lo permitiría.
Aunque trató de disimularlo, el rostro de Coraje se puso rojo. Su padre había estado ausente toda su vida, nunca le había prestado atención y ahora que la cosa se ponía interesante pensaba dejarlo afuera.
—Vamos, no me mires con esa cara. Ser parte de esto solo atrae desastres. Mira a tu madre y a Diciembre.
—¿Y qué se supone que tengo que hacer, volver a mi vida como si nada?
—Exacto, regresas a Manhattan, terminas la escuela, luego la universidad, conoces una linda muchacha y multiplicas tu herencia.
—¿Y Ana? ¿Y el coven de Nueva York? ¿Y la Quimera? La he mirado a los ojos. Esa cosa quiso matarme —dijo acelerado.
—Si la Quimera te hubiera querido matar, lo habría hecho en un abrir y cerrar de ojos. Ella sigue órdenes directas de Maddam Thenesis. Algo me dice que no tiene nada contra ti.
—¿El paraguas? Me he estado transportando de un lugar a otro como por arte de magia. ¿Y Hugo? ¿Qué pensaría de todo esto? —lo increpó.
—Hugo hubiera estado de acuerdo. Lo conversamos docenas de veces. Él tampoco quería que tú tuvieras que ver con todo esto.
—Hugo siempre decía que llegaría un día en el que tendría que tomar una decisión importante.
—Estamos con un pie afuera. Ya no me dejan tocar el paraguas. Nombrarán a otro portador. De pronto, Sir Benjhamin sintió una puntada en el pecho; se llevó los brazos al corazón hasta que el dolor cesó.
—¿Estás bien?
—Estaré mejor cuando dejes de comportarte como un necio —le contestó.
—¿Recuerdas ayer, cuando te dije que eras un imbécil? Lo siento, no quise decir eso; la palabra exacta es “viejo imbécil” —agregó Coraje y se alejó, dejando a su padre hablando solo en medio del jardín.