EL PLAN DE
SIR JULES LE BLANC
Sirvieron comida y bebidas. Sir Benjhamin estaba inquieto y trató durante toda la noche de acercarse a Sir Jules Le Blanc para conversar con él, pero el máximo representante de Hohenzollern estaba demasiado ocupado dándole la bienvenida a todos.
Durante la velada sintió cómo las personas hablaban a sus espaldas señalándolo.
Algunos lo hacían con admiración y otros se burlaban.
La desobediente hazaña de Sir Benjhamin había provocado un tremendo revuelo.
El hombre había decidido caer de sorpresa en Wilspurg.
Solo un demente como él, sin nada que perder, era capaz de presentarse ante centenares de matriarcas y rectoras de todos los clubes de oriente a occidente demandando explicaciones.
De no haber sido por Drakar y su pedido de piedad, ninguno de los dos hubiera salido con vida. Harto del vino, la comida y los formalismos, Sir Benjhamin se retiró a su habitación. Aprovechando su ausencia, Drakar y Sir Jules Le Blanc se reunieron en una pequeña habitación del ala sur del castillo.
—¿Pudiste averiguar algo? —preguntó Le Blanc.
—El paradero del Duke Perro es un misterio —contestó Drakar.
—Se rumorea que ya no está en su fortaleza —explicó Sir Jules.
—¿Dónde se escondería? —se preguntó Drakar—. Estoy seguro que Sir Benjhamin sabe algo.
—El Consejo quiere enviar a Sulhat detrás del Duke Perro —dijo Le Blanc—. Si esos dos se cruzan, uno de los dos no volverá con vida; debes partir esta misma noche.
—Odio Inglaterra —se quejó Drakar.
—No creo que seas el único detrás de los pasos del Duke Perro, hordas de wiccas deben estar rastreando su paradero; cuando lo encuentres, si es que lo haces, quiero que lo hagas recapacitar y que devuelva el documento que robó antes de que desate una guerra,
el Diario de Maddam Thenesis debe ser traído a Hohenzollern.
—Pasar por París para negociar el cogote del mayordomo de los Coraje y de la niña, solo va a demorarme.
—Lo sé, por eso quiero que salgas cuanto antes.
—Si el Duke Perro no está en su fortaleza, ¿qué sentido tiene que viaje a Gran Bretaña? —preguntó Drakar—. Podría estar en cualquier lado.
—Alguna pista tuvo que haber dejado, nadie puede desaparecer de la faz de la tierra sin dejar rastro —exclamó Le Blanc y luego bajó la voz.
—¿Podría estar muerto? —sugirió Drakar.
—Es posible.
—¿Qué hacemos con Sir Benjhamin? —preguntó Drakar—. No puedo llegar hasta la fortaleza del Duke Perro sin él.
—¿O el pequeño? —sugirió Le Blanc.
—No creo que su padre lo apruebe —dudó Drakar.
—Benjhamin no está en condiciones de viajar a Gran Bretaña, además tiene prohibido usar el paraguas —dijo Le Blanc.
—¿Y piensas meter a su hijo sin su consentimiento? —preguntó Drakar.
—Mathilda dice que sucederá naturalmente —sonrió Le Blanc.
—Cuando su padre se entere, va a matarte.
—Sir Benjhamin tiene otros planes.
—¿Cómo sabré cuándo el muchacho haya llegado a Gran Bretaña?
—Te lo haremos saber. El niño llegará por el norte, desde Edimburgo; Lord Bogart tiene dos de las llaves para entrar en la fortaleza del Duke Perro.
—¿Y la tercera llave?
—Esa déjamela a mí —sonrió Le Blanc.
Con estas últimas palabras, concluye el segundo acto de esta odisea, en la que nuestro Ulises aún tiene mucho por transitar. El misterio del Duke Perro debe ser descubierto y el joven Coraje será nuestro protagonista principal.
—¿Y el secreto del dragón escondido? —me preguntó mi mujer al pasar, mientras le leía el manuscrito a mis hijos en la cama.
—De eso aún no puedo hablar. A dormir, gusanos. Eso fue todo por hoy.
EL SECRETO DEL DRAGÓN ESCONDIDO
TERCER ACTO
[ EL MISTERIO DEL
DUQUE PERRO ]