El secreto del dragón escondido REENCUENTRO
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REENCUENTRO

—Llegas tarde —dijo sin darse vuelta.

Parado junto a la entrada de una de las terrazas de Hohenzollern, con el torso semi-desnudo, los pies destruidos, la cara sucia y un morral colgado del hombro, que aferraba a su cuerpo como un tesoro, estaba Coraje, su hijo.

Sir Benjhamin se acercó lentamente. Su mirada era intensa, sus ojos brillantes decían cosas que con sus palabras no lograba expresar. Se respiraba un aire de hostilidad entre los dos.

—El viaje a Hohenzollern puede ser áspero —agregó y le extendió la mano como si fuera un hombre de negocios—. ¿Dónde estabas?

—Tal vez las preguntas debería hacerlas yo —contestó el muchacho sin bajar la mirada.

—Tienes suerte de que el Capitán Murdon te encontrara, dudo que sobrevivieras mucho más allá afuera.

—Hace más de diez años que sobrevivo —replicó.

—Con un mayordomo que te ata los zapatos y una fortuna lo suficientemente grande como para hacer todo mal durante siete vidas; eso no es sobrevivir —dijo su padre.

Mirando a su padre frente a frente, tomó conciencia de que en poco tiempo lo superaría en altura. Coraje cerró uno de sus puños e intentó golpearlo en la cara. Sir Benjhamin lo esquivó y lo abrazó por detrás.

—Estás débil.

—Eres un imbécil —fue todo lo que pudo decir tratando de zafarse.

—Lo siento, Pollito.

—¿Qué padre, en su sano juicio, deja a un niño de seis años con su mayordomo y nunca más regresa?

—Debí haberme quedado en lugar de salir a buscarla. Pensé que si lograba traerla de regreso, podría hacerte feliz.

—¿Por qué nunca me contaste que mamá estaba viva?

—¿Cómo explicarle a un niño de seis años que su madre es una bruja? Ella no tiene la culpa. Tuvimos que simular el entierro, la hubieran matado.

—A ella también la odio.