El secreto del dragón escondido PRÓXIMA PARADA
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PRÓXIMA PARADA

HOHENZOLLERN

—¿Qué es lo que quiere? —preguntó Diciembre arreglándose las ropas.

El hombre misterioso dio un paso al frente, la luz de luna por la ventana les permitió verlo bien.

Extremadamente alto y delgado, vestía botas de cuero, pantalones ajustados, camisa y un chaleco.

De su cinturón colgaba un enorme cuchillo.

Se acercó caminando lentamente mientras silbaba bajo.

Avanzaba moviendo los hombros y la cabeza, como si estuviera bailando en cámara lenta.

—Dile a tu sirviente que no haga lo que está por hacer —advirtió sin mirar hacia atrás; Diciembre le partió una silla por la espalda que se rompió en pedazos, sin hacerle un rasguño.

—Son tan predecibles —se quejó sacudiéndose las ropas.

El intruso continuó caminando suavemente; mientras Coraje pensaba qué maniobra evasiva podría improvisar.

—Mi nombre es Samuel Vharis, pero mis amigos me llaman Sam, tienes la misma mirada que tu padre, encantado de conocerte —agregó y extendió su mano amablemente. Coraje dudó, luego extendió su mano para comprobar que su cuerpo estaba frío como cadáver.

—¡Ya, viejo! —se quejó sin mirar, mientras Diciembre se preparaba para golpearlo con una lámpara de pie.

—¿Cómo lo hace? —preguntó el joven Coraje sonriendo.

—Soy rápido —explicó.

—¿Qué busca, además de matarnos de un susto? —preguntó Diciembre resignado.

—¿Dónde quedó vuestra hospitalidad? —la familia Coraje siempre ha sido amable conmigo, —reclamó con una sonrisa filosa.

—No estamos acostumbrados a mostrar buenos modales ante los intrusos —replicó Diciembre.

—Benjhamin me advirtió sobre usted, hizo especial hincapié en algo, —dijo abriendo sus amarillas pupilas tratando de recordar —no te comas al mayordomo, ¿O cómete al mayordomo? —dudó pensativo y luego rió al ver la cara de espanto de Diciembre.

—Supe que Hugo pasó a mejor vida, lo lamento —agregó el extraño.

—¿Conocías a mi abuelo? — preguntó Coraje haciendo cálculos matemáticos sobre su edad, parecía un hombre de apenas treinta años, ¿Cómo era posible que hubiera conocido a Hugo y se mantuviera tan joven?

—Con permiso —dijo Diciembre y pasó a la cocina dejándolos a solas, se escucharon algunos ruidos, cacerolas que se golpeaban, y un gracioso grito. Al cabo de unos minutos, Diciembre apareció en la sala con un collar de ajo colgando de su cuello y una cruz.

—Suficiente, buen hombre —soltó Vharis entre risas, —jamás me comería un viejo mayordomo, además, cené antes de llegar a Nueva York, no volveré a sentir hambre hasta dentro de cien días.

—¿Qué es lo que quiere? —preguntó Diciembre desesperado.

—Un poco de cortesía no estaría mal, además, toqué su puerta dos veces y nadie contestó, escuchen atentamente, será mejor que hagamos esto rápido, tengo que volver a mi hotel antes de que me atrape el día, ¿Salvo que quieran tener a un vampiro durmiendo en vuestra casa?

—¡Vampiro! —gritó asustado el mayordomo y volvió a colgarse el collar de ajo alrededor de su cuello —¿Desea una taza de té? —le ofreció nervioso.

—Tranquilos, no muerdo —rió Vharis —una taza de té no estaría mal.

A los pocos minutos Diciembre volvió con tres tazas de té gris en una bandeja y las apoyó sobre la mesa del comedor. Vharis hizo un corte en uno de sus dedos dejando caer unas gotas de sangre dentro de la taza.

—Entonces, señor Vharis, trae novedades sobre Sir Benjhamin —lo interrogó el mayordomo, mientras que Coraje no dejaba de inspeccionarlo fascinado. Algo le había leído Katia acerca de los sangre-frías en la biblioteca de su padre, pero conocer a uno en persona no era algo que tuviera planeado.

—Dos cosas me trajeron a Nueva York, pero antes de entrar en detalles, díganme si es verdad lo que dicen sobre el padre del muchacho. ¿Es cierto que murió en Wilspurg?

—¡No! —exclamó Diciembre, —solamente está malherido, Sir Jules Le Blanc cuida de él, en Hohenzollern —explicó y luego se arrepintió de haber revelado semejante dato.

—Veo que es bueno para guardar secretos —se burló Vharis.

—Aunque no lo parezca, Diciembre es bastante bueno para esconder secretos —agregó Coraje con tono sarcástico.

—¿Cómo te llevas con el paraguas? —preguntó Vharis, pero Coraje se negó a contestar.

—Son pésimos para engañar, por su silencio intuyo que es verdad, que el paraguas está aquí; de todos modos no tienen que preocuparse, su secreto está a salvo conmigo, ¿Qué novedades de tu madre, niño? —preguntó.

—Señor Vharis, son más de las doce de la noche, mañana es el último día del semestre, el joven Coraje tiene que levantarse temprano —protestó el mayordomo.

—Momento —comentó Vharis poniéndose de pie, levantó su cogote y olfateó algo —huele a pelirroja —dijo y sus ojos amarillentos brillaron.

Con un para nada agraciado salto hacia atrás, Coraje tomó la espada de la armadura que decoraba el living, y se plantó de pie frente a Vharis dispuesto a todo —Ni lo pienses —lo amenazó frunciendo el rostro.

El sangre-fría mostró sus colmillos y sus pelos se erizaron. En un abrir y cerrar de ojos, Vharis le quitó la espada, la colocó nuevamente en la armadura donde estaba y puso sobre la mano de Coraje una taza de té. Luego el sangre fría se sentó en la mesa.

Cuando Coraje abrió los ojos, se sintió ridículo, —te lo advierto —dijo listo para atacar, pero ya no tenía a nadie enfrente.

—No huelo miedo en ti, muchacho, en Hohenzollern estarán encantados de conocerte.

—¿De qué está hablando? —preguntó Diciembre comiéndose los guantes.

—Lo voy a decir una vez más, mi nombre es Samuel Vharis, y soy su guía, mañana a medianoche partiremos; próxima parada: Hohenzollern.

Coraje miró a su fiel mayordomo a los ojos —Esta vez no aceptaré un no, voy a fugarme con el sangre fría sin importar lo que prohíbas.

EL SECRETO DEL DRAGÓN ESCONDIDO

SEGUNDO ACTO

[ EL INFORTUNADO VIAJE A HOHENZOLLERN ]