El secreto del dragón escondido DONDE ESCONDEN
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DONDE ESCONDEN

SU CORAZÓN

El siguiente fue un día peculiar: las calles estaban vacías.

La alcaldía presidida por Harper Murray había sido intervenida de la noche a la mañana por el gobierno federal.

Como consecuencia de los episodios de terrorismo de la noche anterior, se había decretado un estado de sitio con toque de queda.

La ciudad estaba deshabitada, la gente se amuchaba en sus casas y tanques del ejército patrullaban. No había medios de transporte público habilitados, y los que circulaban en sus automóviles eran detenidos para una pesada inspección.

En la cabeza de Coraje aún retumbaba el encuentro con su madre, aunque empezaba a dudar de si realmente era cierto, o si el hecho de saber que ella estaba con vida le había jugado una mala pasada. Necesitaba volver a ver a Drakar para averiguar por qué había decidido defenderla.

A pesar de la prohibición de circular libremente, Coraje se dirigió a la casa del profesor Londres Naranja evitando al máximo a Katia. Si lo que había escuchado era real, tendría que explicarle que su propia madre y su nuevo esposo estaban detrás del secuestro del Dr. Novik.

—Verschwinden —dijo tomando el paraguas en la biblioteca del Gramercy Park.

El profesor Londres Naranja derramó su café al ser sorprendido en la comodidad de su hogar, —demonios, va a matarme de un susto —se quejó levantando el periódico para que no se le manchara.

En primera plana aparecían las dos bestias fotografiadas durante el desfile. La nota explicaba que la policía de Nueva York las había seguido hasta las alcantarillas y las había emboscado. La nota no hacía mención sobre Drakar, Fat George, Ugly Toe ni la Señora Bottinghoward.

—No me fío de los tabloides —admitió el profesor.

—Lo sé, pero al menos se ha arrojado luz sobre el asesinato de Theresa Sowers, las heridas son idénticas a las que sufrieron las víctimas durante el desfile. El rostro del profesor se relajó y pude ver un dejo de alivio.

—Pobre Theresa, espero que no sigas insistiendo con esa tontería conspiratoria sobre brujería.

—Profesor —dijo Coraje, pero se detuvo, no era momento de confrontarlo.

—Si vino por el asunto del acertijo —agregó Londres Naranja mientras ordenaba la casa —creo que ya lo resolví. En el campo de batalla, donde esconden su corazón los Lenapes, el fin de las flores, el violeta amarillo, y las fuerzas oscuras que vigilan en la entrada del bosque —recitó de memoria.

Luego buscó un libro de su estantería, y trajo la colección completa de poemas de William Cullen Bryant.

—En el campo de batalla, el fin de las flores, el violeta amarillo, la entrada del bosque, son todos extractos de poemas de este escritor —señaló el profesor.

—¿Poemas? —preguntó desilusionado.

—Creo que es un mapa, es sencillo si dispones de toda la información.

Los Lenapes eran una tribu de aborígenes que habitaban Manhattan antes de la llegada de los primeros europeos.

Su origen era asiático, y se cree que migraron a Norte América hace unos 25.000 años.

Los Lenapes ocuparon Pensilvania, Nueva Jersey, Delaware y Nueva York.

Donde esconden su corazón los Lenapes es una metáfora, creo que significa el corazón de Manhattan.

William Cullen Bryant era un gran poeta y editor, fue el primero en escribir sobre la necesidad de tener un corazón verde que le diera vida a la ciudad.

Donde guardan los Lenapes su corazón ancestral, se refiere al corazón de la isla.

—Central Park —acertó Coraje.

—Sí, pero el Central Park es enorme —afirmó el profesor, —el violeta amarillo es un musgo poco común, aunque estoy seguro de haber visto alguno en el lado este del parque en otoño.

Se nutre de las flores para vivir, absorbiendo todos sus nutrientes hasta sofocarlas, y el fin de las flores anuncia su hora final —sugirió.

—Respecto a la entrada del bosque —pensó el profesor achinando sus ojos.

—La rambla —exclamó Coraje, —la entrada del bosque es la rambla; mi abuelo siempre me contaba que a mamá le encantaba llevarme allí, cuando era un niño. El diario que buscamos es posible que esté escondido en ese lugar.

—De ser así, y si no me equivoco, la entrada del bosque podría ser ni más ni menos que el famoso Arco de la Rambla —observó el profesor; —de lo que no tengo idea es de a qué se refiere con fuerzas oscuras la entrada del bosque han de velar —agregó.

—Brujas, profesor —le insinuó y Londres Naranja negó con la cabeza, el hombre todavía no estaba dispuesto a aceptar que había estado enamorado de una de ellas.

El reloj cucú en la pared dio las 11 de la mañana —gracias, profesor, verschwinden —dijo Coraje y desapareció con el paraguas.