EL NIÑO DEL
brAZO DE HIERRO
—El trabajo está hecho —dijo la estrige con ojos culposos.
—No me mires así, nunca lo entenderías —suspiró Doris Bottinghoward, Secretaria del Club de las Cien de Nueva York.
—¿Asesinar a un niño?
—No es un niño cualquiera, es el niño que podría provocar que todos los clubes caigan.
—Es solo un niño.
—Nuestra matriarca lo vio en un sueño, el niño del brazo de hierro podría ser él, si el hijo de Ana Wilson encuentra el Diario de Maddam Thenesis, todo el sistema colapsaría.
—Había otro muchacho, tuve que envenenar a ambos, no sabía que se trataba del sobrino de Rosie Rocks.
—¿Puedes ser tan idiota? Si Rosie Rocks se entera de que lo envenenamos, estamos perdidas.
—No tiene por qué saberlo, además, el veneno es indetectable, tardará meses en hacer efecto, el muy glotón se comió dos, será el primero en morir —dijo la estrige bebiendo el té, luego sintió que el aire comenzaba a faltarle.
—Lo lamento, no pueden quedar cabos sueltos —dijo Doris apoyando la taza de té antes de que la anciana cayera muerta al suelo y se desintegrara como la arena en el viento.