LOS ZAPATOS
DE DOROTHY CLUTTER
La casa de Rosie Rocks estaba repleta de estatuillas de todos los tamaños, ceniceros que jamás habían sido utilizados, libros, broches, duendes y animalitos.
Era una mujer hermosa, y forrada en dinero. Si bien era ciega, podía desenvolverse con normalidad. A pesar de su aspecto amable y solidario, Rosie Rocks escondía un pequeño y oscuro secreto; era la miembro número 64 del Club de las Cien de Nueva York. Una bruja con todas las letras.
Coraje aún no lo sabía, pero en unos meses se las tendría que ver cara a cara con ella, para dar explicaciones sobre la muerte de Bullie Rocks.
Sonó el timbre, ella se puso de pie como un resorte. Caminó hasta la puerta; no parecía ciega, si no fuera por los ojos blancos agua celeste.
—¿Dorothy? —preguntó acercando su nariz a la puerta.
—No, soy Timotheo Coraje —vengo a ver a William.
—Buenos días —dijo abriendo la puerta con una gran sonrisa fingida. Ella aborrecía a los Coraje, en especial a Sir Benjhamin.
—Williaaaaam —gritó la tía Rosie.
—Ya vooooy —se escuchó desde el otro lado de la casa.
—¿Qué traes en esa caja, muchacho? —preguntó intrigada abriendo sus fosas nasales. Coraje se preguntó cómo podía saber que era una caja, si la mujer era ciega.
—Un hámster —mintió.
—Huele a cuero —dijo Rosie Rocks.
—Es para que lo mastique —volvió a mentir.
—Qué ingenioso, por un segundo el aroma me hizo acordar a una vieja amiga, llamada Dorothy ¿Así que un hámster? ¡Qué simpático! ¿Puedo tocarlo?
—Podría morderla.
Esa mañana Coraje había tomado unos zapatos del armario de su madre. El muchacho tenía una sospecha y Bullie Rocks era ideal para ayudarlo a resolverla.
—Williaaaaaaaam —volvió a gritar su tía—se pasa horas en el baño.
—Hola —los saludó Bullie Rocks.
—Es hora de que comiences a afeitarte mejor esa barba, Willy, a las muchachas no les gusta que las pinchen, imagino que un niño tan guapo como mi Willy debe tener una lista de pretendientes, ¿Cierto?
—Por supuesto, señorita Rocks, la fila más larga de la escuela.
—Si alguna muchacha llegara a lastimar a mi Willy se las tendrá que ver conmigo —sonrió y le dio un billete de un dólar a su sobrino —pórtense bien y tengan cuidado con ese hámster —agregó.
—¿Trajiste un hámster? —le preguntó Bullie Rocks cuando llegaron a la esquina.
—Son los zapatos de los que te hablé.
—No pienso meterme eso en los pies, Coraje —se burló Bullie Rocks —son horribles.
—Cuando veas lo que son capaces de hacer, vas a rogar que te los preste.