EL JUICIO
Más de 10 años antes
El juicio a Ana Wilson fue controversial. Se reunieron en una construcción clandestina, todas estaban encapuchadas, con largas túnicas negras, menos la acusada, quien llevaba una túnica violeta. Una mujer bajó del estrado, y descubriendo una sonrisa diabólica tomó la palabra.
—Ana Wilson, alias Nelly Bly, se la acusa de máxima traición, no solo al Club de Nueva York del cual forma parte, sino también al Club de Edimburgo, con el que su misión fue pactada, así como también frente a todos los Covens de oriente a occidente. ¿Entiende la gravedad del caso?
Ella apenas levantó la mirada, sabía que cualquier cosa que dijera sería utilizada en su contra. La fiscal la había pillado y hablar solo pondría en peligro a Sir Benjhamin y a su pequeño hijo.
—Su señoría —continuó la mujer, —asumiendo que ya hemos interrogado a la acusada, quien se niega a abrir la boca, llamo al estrado para testificar a Kathleen Bulgen, alias Dafne, miembro reconocida del Club de las Leonas de Edimburgo y pariente directa de Wilson.
Una mujer se acercó al tribunal y retiró su capucha, su rostro irradiaba luz, perfección y astucia. La belleza y el parecido con Ana Wilson eran notables.
—Hermana —dijo la fiscal—, cuéntenos cuál es su relación con la acusada.
—Mis únicas hermanas son mis leonas —respondió con autoridad incomodando a la parte acusadora. Dafne era una destacada wicca en el continente europeo, su edad era desconocida, pero se presumía que en aquel entonces ya superaba los 350 años.
—¿Es cierto que usted recomendó a Ana Wilson? como miembro del Club de Nueva York, a fin de que se infiltrara en la familia de los Coraje con el objetivo último de comprobar la existencia del Diario de Maddam Thenesis.
—Es cierto, mi sobrina fue entrenada personalmente por wiccas expertas en el engaño, fue traída a Nueva York para convertirse en miembro del Club de las 100 de vuestro honorable coven.
Su misión era enamorar al hijo de Hugo Coraje, mientras investigaba la existencia del Diario de Maddam Thenesis.
Sin embargo, la acusan de la misma misión que ustedes aprobaron y encomendaron en un acuerdo con nuestro Coven de Edimburgo. Este tribunal es una vergüenza.
Dafne fue abucheada y la corte tuvo que ordenar silencio.
—Su sobrina tuvo un hijo con el enemigo.
—Necesario para ganar la confianza de la familia.
—Ana Wilson encontró el Diario de Maddam Thenesis, tenemos una carta escrita por ella, de su puño y letra —dijo acercando al tribunal una carpeta.
Asimismo —agregó mirando al jurado, sabemos que pidió asilo en Hohenzollern a la funesta esposa de Sir Jules le Blanc, Mathilda la conversa, pueden revisar la correspondencia ustedes mismas, planea entregarle el Diario a ella.
—Podría ser parte de su plan para conquistar la confianza de nuestros enemigos. A fin de cuentas fue eso lo que se le encomendó.
—Compraron pasajes a Europa, y hasta el Duke Perro ha sido visto entrando a la mansión del Gramercy, mientras tanto, ella todo lo niega. Ha mentido sistemáticamente a quien regentea sus actividades, ¿No es así, Doris?
Doris Bottinghoward, flamante miembro del Club de las 100 de Nueva York, y recientemente nombrada Secretaria General, asintió con la cabeza. Ella y Dafne eran buenas amigas. De hecho, había sido gracias a ese contacto que se había definido la aceptación de Ana Wilson en un Club Americano.
—Ana se niega a cooperar, y miente en sus informes trimestrales, prácticamente cortó comunicaciones con nuestro Coven, —declaró Doris Bottinghoward y agregó —hace más de dos años se ausenta a casi todas las citaciones.
—Más precisamente —dijo la fiscal tomando una carta de la carpeta frente al estrado, —citando textualmente a vuestra sobrina… los covens deben desaparecer, el liquen debe dejar de producirse, debemos salir de la clandestinidad y mostrar nuestro rostro al mundo.
—Ana jamás diría eso —protestó Dafne.
—Venga, lea usted misma. ¿Acaso niega que es su puño y letra?; su sobrina es una traidora, una hereje, y merece la pena máxima, —dijo la fiscal y mirando al tribunal agregó — demandamos su cabeza y la de su hijo.
—Un momento —la interrumpió una mujer cercana al estrado, se quitó la capucha, su melena corta y negra le daba un garbo difícil de igualar.
Una amistad literaria la unía a Ana Wilson, alias Nelly Bly, y algo en su interior le decía que la vida de sus propios hijos podría llegar a entrelazarse algún día; —me gustaría saber qué opina la matriarca de nuestro preciado coven sobre todo este asunto.
—¿Cómo te atreves a molestarla? —replicó la fiscal, —con razón te llaman Black Jane.
Acostumbrada a ese tipo de bajezas, la mujer de pelo corto se volvió a colocar su capucha, su trabajo estaba terminado, Hugo Coraje ahora le debía un favor.
—Se comportan como un puñado de niñas, —dijo una voz proveniente del fondo de la sala, se puso de pie y avanzó hacia el estrado con lenta elegancia.
Era una figura de alta estatura y tenía al igual que las demás, su cabeza cubierta con una capucha.
Se trataba de la máxima referente del coven, socia cofundadora del Club de las 100 de Nueva York, y conocedora de las prácticas más antiguas.
Su edad, se presumía en más de 400 años, aunque parecía una adulta de apenas 35.
—Reina madre —dijo la acusadora agachando los hombros.
—Solo llámame Lady Moody, —dijo con falsa humildad; —he revisado las pruebas personalmente, permítame felicitarla, como fiscal ha hecho un excelente trabajo.
La acusadora infló su pecho y miró a su alrededor para saborear su momento de gloria.
—Así es —reforzó la fiscal —y hay más… creemos que Wilson intenta dar un golpe, su cabeza debe rodar.
—Los hombres usan palas kaiser, pero nosotras no somos iguales a ellos.
Si bien concuerdo con el veredicto, y entiendo que la pena es la que establece nuestro estatuto —agregó la matriarca —creo que la ejecución podría ser perjudicial para nuestro coven; no queremos entrar en guerra con el Club de Edimburgo, —finalizó mirando a Dafne.
Otra mujer en el estrado la interrumpió —¿Acaso no daríamos señal de debilidad si la dejamos vivir?
—Es una pregunta difícil de responder, reconozco que Ana Wilson es una mujer peligrosa, sin embargo, lo mismo decían de mí; prosigamos a ver qué tiene nuestra flamante abogada, Bella Abzug, que decir.
Una mujer se acercó al estrado y tomó la palabra con seguridad, sus conocimientos en derecho superaban a cualquiera en la sala, alzando su voz dijo —Wilson debe morir, pero no de la manera que la fiscal propone, será enterrada en el Bronx, mas sus restos no yacerán allí.
Su memoria será borrada y será enviada a un país nórdico, bajo la custodia de Lord Morlocke con quien sostenemos negocios muy importantes.
—Ana rechazó a Lord Morlocke hace 10 años, mi sobrina preferiría estar muerta a vivir con él, los Coraje no van a permitirlo —exclamó Dafne.
—De hecho, mi querida Dafne, han sido ellos quienes propusieron el acuerdo, ¿cierto, Jennie?