LICKENBRIDGE
Cuando Coraje regresó al Gramercy, le sorprendió ver un patrullero con el escudo de la policía de Nueva York detenido en la puerta de la casa.
—¿Qué tal el partido? —le preguntó Diciembre y luego murmuró —el detective Lickenbridge está haciendo preguntas sobre tus padres.
—Hace bien en regresar antes de que anochezca, jovencito, Manhattan está peligrosa.
—Podemos ir al grano de su visita —lo interrumpió el mayordomo.
—Claro, ha habido una serie de asesinatos que tienen al Alcalde Harper Murray incómodo. ¿Qué tipo de bestia podría dejar ese tipo de laceraciones en el cuerpo de una mujer? Tiene a la policía desconcertada.
—¿En qué podemos ayudar? —preguntó Diciembre con una sonrisa forzada.
—El nombre de Sir Benjhamin apareció entre las anotaciones de una de las víctimas —advirtió el detective.
—El señor Benjhamin está de viaje por Europa desde hace ya algunos años —dijo el mayordomo indignado.
—¿Tienen pruebas?
—¿Pruebas? Hay documentos que avalan su partida, todo está a nombre del muchacho.
—Una bonita manera de evadir al fisco. ¿Y la madre?
—Se supone que muerta —dijo Coraje interrumpiendo la conversación mientras Diciembre lo fusilaba con la mirada.
—Todos los bienes de la familia Coraje están declarados, si quiere puedo organizarle una entrevista con el contador —le ofreció el mayordomo.
—No será necesario, me gustaría echar un vistazo a la casa.
—¿Tiene una orden? —replicó el mayordomo.
—Si tuviera una orden no les estaría pidiendo permiso —contestó el detective —a propósito, les comenté que la última víctima es allegada al muchacho.
—¿Quién es? —preguntó Coraje espantado.
—Theresa Sowers, profesora de música en Old Tower School, tenía un amorío con otro profesor, un tal Londres Naranja, nuestro único sospechoso al momento.
Sowers era una profesora despistada, siempre envuelta en sus pensamientos y anotaciones; sus clases eran como una hora libre. Era una mujer joven, bella, esbelta, pero desaliñada.
—La señorita Sowers parecía obsesionada con encontrar un diario personal, el Diario de Maddam Thenesis. ¿Han oído de él?
—No —mintieron al unísono.
—Le haré una recorrida —dijo el mayordomo liberando la tensión.
Empezaron por la biblioteca, el paraguas estaba dentro de su vitrina. El detective se detuvo a mirarlo con curiosidad. Luego posó su mirada en los libros. Revisó los cajones del escritorio y pidió que lo llevaran a ver el resto de las habitaciones.
Luego de la pesquisa el detective se mostró listo para despedirse. Las cortinas de las casas vecinas se abrían para espiar. El Gramercy Park era un barrio donde la llegada de un patrullero no pasaba desapercibida.
—En unos días el Alcalde Harper Murray comunicará una importante noticia, un desfile de brujas, lo llamarán “Halloween”. El Alcalde quiere que los neoyorquinos podamos salir seguros a la calle a festejar, si llegan a saber algo, no duden en avisarme.
—Por supuesto —dijo Diciembre abriéndole.