El secreto del dragón escondido FLASHBACK
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FLASHBACK

La cabeza de Coraje era un desastre, en tan solo media mañana había descubierto que su madre no estaba muerta y que tenía la capacidad de transportarse de un lugar a otro con un paraguas.

Aún no había terminado de almorzar cuando llamaron a la puerta por tercera vez en el día.

Sus amigos, los Gemelos Doble Chuck, Sussie South Hampton, Bullie Rocks y Katia aguardaban para que los acompañara al partido de Baseball entre los Yankees y los Gigantes por las eliminatorias de la serie mundial.

—Diles que estoy enfermo —le ordenó a Diciembre.

—Coraje estará encantado de ir con ustedes —dijo el mayordomo, empujándolo hacia afuera.

Los diarios pronosticaban una tarde de lluvia y más de 30,000 espectadores en el estadio del equipo local.

El adinerado padre de Sussie South Hampton había conseguido entradas para ver el partido.

Las ubicaciones eran excelentes, estaban prácticamente sobre el césped, nada mal para un deporte tan divertido para jugar, pero aburrido para ver.

El entrenador de los Yankees se mostraba inquieto y hablaba con sus jugadores.

Comenzó a lloviznar y ambos equipos fueron a cambiar sus calzados, a excepción de Ryan Watson, el jardinero de los Gigantes, quien se quedó sentado en las gradas con la mirada perdida.

Ryan Watson se había convertido en el jardinero-atrapador estrella de su equipo en la última temporada.

El estadio estaba colmado de caras alegres, salvo por un puñado de fanáticos de los Boston Red Sox, que insultaban a Babe Ruth, por haber dejado a su equipo durante la temporada anterior, para incorporarse a los Yankees.

Albert y Charlie, conocidos como los gemelos Doble-Chuck, llevaban camisetas idénticas, lo que hacía técnicamente imposible diferenciarlos. Sussie se pintó los labios, y le dio un beso a Albert en la mejilla, dejando la marca del labial grabada en su cachete.

—Ahora podemos distinguirlos.

El partido era lento y aburrido hasta que Babe Ruth conectó uno de los suyos, un terrible home-run.

La pelota iba directo a la tribuna, y el estadio se estaba volviendo loco.

Sin embargo, Ryan Watson, el jardinero de los Gigantes de Nueva York, dio un salto fantástico y con la punta de los dedos logró atrapar la pelota antes de que saliera del campo de juego.

Se había elevado casi dos metros en el aire.

—¡Out! —gritó el referí. Así los Gigantes retomaron la posición, y pasaron al entretiempo con ventaja en el tanteador. Los gemelos, Sussie y Bullie Rocks aprovecharon para ir por burritos.

—¿Estás bien? Parece como si hubieras visto un fantasma —le preguntó Katia rozando su mano, —no has abierto la boca desde que llegamos —agregó.

—Coraje —agregó Katia, pero la mente del muchacho estaba en otro lugar.

Se había transportado mentalmente 10 años para atrás.

El recuerdo se remontaba a su niñez, si no le fallaba la memoria, estaba volando una cometa con su madre en el Gramercy Park, cuando quedó enredada en un árbol.

Su madre había dado un increíble salto para bajar la cometa, demasiado parecido al que Ryan Watson había resuelto en el campo de baseball evitando el home run de Babe Ruth.