UBICUO
Nos habíamos quedado en la escena en la que Coraje desaparece usando el paraguas de su padre, lo que no saben es a dónde fue.
Bien, el lugar es un tanto tenebroso, el muchacho apareció frente a la bóveda donde supuestamente estaba el cuerpo de su madre.
Las flores que había dejado unos días atrás ya empezaban a marchitarse.
Intentó entrar, pero la puerta de la bóveda tenía candado.
—Verschwinden —susurró otra vez y volvió a desaparecer. Apareció nuevamente en la sala de la biblioteca de su padre. Estaba transpirado, su respiración iba a cuatrocientos mil.
—¡Wow! —dijo anonadado, —eso fue… sensacional.
—En realidad, fue alemán —lo corrigió Diciembre mientras lo miraba cruzado de brazos bajo el marco de la puerta. El mayordomo no parecía sorprendido, él había visto a Sir Benjhamin aparecer y desaparecer cientos de veces en su biblioteca.
—¡Es mágico! —exclamó.
—Personalmente, no creo en la magia —contestó el mayordomo.
Coraje se imaginó entrando a la clase de historia a cargo del profesor Londres Naranja y saliendo a tomar una malteada al segundo siguiente. ¿Qué cara pondrían los gemelos Doble-Chuck cuando lo supieran?
Todavía mantenía el paraguas en alto, pero su cuerpo se tambaleaba intentando mantener el equilibrio. El paraguas se tornaba cada vez más pesado, como si una fuerza lo empujara hacia abajo. El objeto cayó al suelo y sonó como un yunque. Nada podía borrarle la sonrisa de la cara al muchacho.
—El término correcto es ubicuo —le explicó el mayordomo y agregó —ubicuo es aquel que tiene la habilidad de estar en más de un lugar a la vez.
Es complejo de explicar, ¿no? Tranquilos, para eso está este aprendiz de narrador: a pesar de que el mayordomo no podía verlo, Coraje nunca se había ido por completo de la biblioteca.
Su cuerpo estaba allá afuera, pero su espíritu se había quedado en la biblioteca.
Su mente, mientras tanto, actuaba como nexo entre ambos.
—Es peligroso, —agregó el mayordomo —si algo llegara a ocurrir en el medio, podrías quebrar el hilo y quedar desdoblado.
—¿Desdoblado? —preguntó Coraje.
—Loco-cucú, chiflado de remate —se rió el mayordomo, —también podrías perder una extremidad.
—¿Cómo es posible? —preguntó frunciendo la nariz.
—El paraguas hace que sea ubicuo, tú eres solo un niño. De todos modos deberías estar orgulloso, tu tío James jamás logró hacerlo. Tu padre, en cambio, podía llevar gente consigo —explicó Diciembre, y se calló; ya había revelado suficiente.