VERSCHWINDEN
La casa en el número 16, ubicada sobre la calle 20, en el exclusivo barrio del Gramercy Park en Manhattan estaba en silencio. Diciembre acababa de salir, su perfume a lavanda aún permanecía en el aire.
De pronto, Coraje escuchó un ruido proveniente de la biblioteca, donde el mayordomo había guardado el inconfundible paraguas que había llegado esa mañana. El muchacho se acercó a la puerta; antes de entrar sintió un revoloteo en la habitación.
Abrió la puerta envalentonado y se encontró con un cuervo negro que sobrevolaba en círculos sobre la biblioteca.
Le llamó la atención que la ventana estuviera cerrada.
Lejos estaba de comprender que no se trataba de un cuervo, sino de una bruja.
Optó por abrir la ventana y el ave salió confundida.
Luego el cuervo se posó sobre la chimenea de un vecino y se quedó mirando.
Coraje volvió la mirada al paraguas. Diciembre lo había dejado dentro de una vitrina de cristal. A pesar de los años el artefacto parecía nuevo.
Para ser solamente un paraguas parecía bastante peculiar, en lugar de un mango de madera, tenía una pezuña de reptil desde donde sujetarlo.
Evidentemente, era un objeto confeccionado a mano; tras observarlo en detalle, notó que la tela era rugosa, como si estuviera hecha con piel de un dragón y que tenía inscripciones sobre la pezuña, grabadas en metal precioso.
Pasó los dedos sobre él y se le erizó la piel. Luego lo tomó con las dos manos y lo levantó en el aire como si fuera una espada. Tenía ganas de abrirlo, pero no deseaba atraer más mala suerte a la casa del Gramercy Park donde vivía.
Observó que debajo de la pezuña que hacía las veces de mango había una diminuta palabra con la leyenda verschwinden borroneada. Sin saber por qué, Coraje pensó en la tumba de su madre antes de pronunciarla.
—Verschwinden —susurró, y simplemente desapareció.