El secreto de la caliza (Marina Roldán 2) CAPÍTULO 18 La restitución de la memoria y la justicia
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CAPÍTULO 18 La restitución de la memoria y la justicia

La restitución de la memoria y la justicia

C uatro días después, el salón de plenos de la Audiencia Provincial de Burgos amaneció bajo un sol raso de invierno que disolvía la cencellada de los balcones del paseo del Espolón.

El juez de guardia decretó el auto de prisión provisional comunicada y sin fianza para Rodrigo de Velasco por los delitos de homicidio con alevosía, detención ilegal agravada, atentado contra agente de la autoridad con arma de fuego y expolio continuado de patrimonio nacional histórico-artístico.

Para Doña Mencía de Velasco , la magistrada decretó prisión eludible bajo fianza de medio millón de euros, retirada cautelar del pasaporte, prohibición de salida del territorio nacional y embargo preventivo de todas las cuentas bancarias de la Fundación de Amigos de Oña, imputada formalmente como inductora del expolio e instigadora de la detención ilegal de Valeria Santos.

En la sala contigua del Instituto de Medicina Legal, los restos de la joven arqueóloga fueron entregados a su madre y a su hermana menor en un féretro de madera clara cubierto de flores blancas.

Gracias al rescate del diario de campo intacto por parte de Analía Cañizares y a la recuperación de los cuatro relieves románicos originales custodiados ya en el Museo de Burgos, el nombre de Valeria Santos quedaba completamente limpio de toda sospecha de fuga o cobardía: la Universidad de Burgos anunció la creación de una cátedra extraordinaria de arqueología medieval en su memoria.

A las dos de la tarde, en el patio del cuartel de la Comandancia de Burgos, el subteniente Castro descorchó una botella de vino tinto de la Ribera del Duero y sirvió tres vasos chatos de cristal sobre una mesa de camping plegable.

—Por el caso más limpio y más cabrón que he visto cerrar en esta provincia en treinta años —brindó Castro, levantando su vaso hacia Marina y Analía—. Y por la pareja de investigadoras más peligrosa de toda Castilla la Vieja.

Las tres copas chocaron con un tintineo limpio.

—Has estado enorme, Analía —dijo Castro, dándole un pellizco de afecto en la manga a la joven agente—. En la comandancia ya están diciendo los capitanes que vas para inspectora jefa en menos de dos convocatorias.

Analía sonrió con modestia, saboreando el vino espeso.

—Con tener de jefa a Marina Roldán y seguir aprendiendo a pisar el barro del cañón, me doy por satisfecha, subteniente. En los despachos de Madrid hay demasiada moqueta y muy poco aire limpio.

Marina contempló a su compañera en silencio, conmovida por la sencillez y la verdad que desprendía la joven policía. Hacía mucho tiempo que no se sentía en paz con su profesión.

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