EPÍLOGO El mirador de los quejigos
EPÍLOGO
El mirador de los quejigos
La ola de frío había dado paso a una calma luminosa y cristalina.
Desde el mirador del cañón del Ebro, cerca de Pesquera, las aguas del río corrían con un verde esmeralda profundo entre las paredes colosales de roca caliza blanca, limpias de la turbidez de la riada.
Los quejigos del páramo brillaban cubiertos por una fina capa de escarcha matutina bajo un cielo azul cobalto sin una sola nube.
El Mégane de la Policía Judicial estaba aparcado junto al murete de piedra seca.
Marina y Analía estaban sentadas en el banco de madera del mirador, con sendas tazas humeantes de café de un termo y los abrigos desabrochados bajo la tibieza del sol de mediodía.
Marina metió la mano en el bolsillo interior de su chaquetón y sacó el viejo cuaderno de tapas de hule negro de su padre, el cabo Santiago Roldán.
Lo abrió por la última página en blanco y se lo tendió a Analía junto con un bolígrafo Bic azul.
—¿Qué es esto, Marina? —preguntó Analía, acariciando el cuero desgastado del cuaderno con los dedos.
—Es el cuaderno de campo de mi padre —respondió Marina con voz suave, mirando hacia el fondo del cañón donde las águilas leonadas planeaban sobre las corrientes térmicas—.
En este valle, la ley escrita no siempre llega a tiempo a las curvas solitarias de la carretera.
Mi padre decía que los silencios de la piedra se combaten con la verdad anotada en papel y con la lealtad entre compañeros que no se venden por nada del mundo.
Analía leyó la última nota que Santiago Roldán escribió en 2005 sobre las sombras del aserradero y la soberbia de los caciques del río. Se le humedecieron los ojos, conmovida por el peso de la memoria que Marina estaba compartiendo con ella.
—Escribe tú el cierre de este caso, Analía —le pidió Marina con una sonrisa cálida—. Te lo has ganado con creces.
Analía cogió el bolígrafo, apoyó el cuaderno sobre sus rodillas y escribió con su caligrafía recta, clara y elegante:
20 de diciembre de 2026. Caso Valeria Santos cerrado y esclarecido.
Los relieves de San Salvador de Oña han vuelto a su sitio y la verdad ha salido del fondo de la sima.
Nota para los que vengan detrás: En los cañones del norte de Burgos, la caliza guarda los crímenes y la niebla oculta las culpas.
Pero mientras haya guardias e inspectoras dispuestas a meterse en el barro sin pedir permiso a los amos del valle, la justicia siempre terminará abriéndose paso.
Firmado: Agente Analía Cañizares & Inspectora Marina Roldán.
Analía cerró el cuaderno y se lo devolvió a Marina con una mirada de complicidad infinita.
Las dos investigadoras apuraron el café en silencio, contemplando el Ebro correr hacia el mar, sabiendo que el invierno en Las Merindades sería largo y duro, pero que ninguna sombra del páramo volvería a enfrentarse a ellas por separado.
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