El secreto bajo el hielo 21
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E l correo era del veintiocho de octubre y Maja lo había leído hasta el punto tres.

Lo supo porque el punto tres era el último que recordaba: un error en la exportación de listados a formato de hoja de cálculo, resuelto.

Los puntos cuatro a veinte estaban en la misma pantalla, debajo, y no le sonaban de nada.

Se acordaba de la tarde: el veintiocho de octubre, un martes, con la sala de patronato ocupada por una reunión de presupuesto y la presentación del catorce de enero a once semanas.

Se acordaba de haber contestado «gracias, seguimos» y de haber cerrado el correo para abrir otro.

Fredrik, el gestor de cuenta de Nordcase, un hombre de treinta y tantos que hablaba siempre como si leyera de un guion aprobado, se lo había reenviado a las diez de la mañana, junto con lo que ella le había pedido la semana anterior: el mapa de permisos de la plataforma, «tal como está hoy», en un archivo de tres páginas con nombres de grupos, nombres de carpetas y nombres de módulos, y unas siglas que Maja no entendía del todo.

En el cuerpo del correo Fredrik decía, con la cortesía de quien ya ha hablado con su jefe, que adjuntaba también «para su comodidad» el listado de incidencias de la migración de octubre y el documento de excepción firmado en su día, «por si le ayuda a situar la configuración actual».

Maja leyó el listado entero esa vez.

Punto ocho: «Herencia de permisos en carpetas restringidas. La carpeta PB_LIbrO_ESCANEADO hereda por defecto el grupo de permisos MIGRACION_COORD. Se recomienda revisar antes de la puesta en producción». Estado: pendiente. Responsable: cliente.

Punto once: «Módulo de casos. Las tablas del expediente codificado (PB_EXP) se han migrado al módulo general de casos como datos seudonimizados, según especificación del cliente. Visibles para el rol RESP_AREA». Estado: cerrado.

Punto diecisiete: «Registro de auditoría interno. Pendiente de activación a petición del cliente». Estado: aplazado.

Y detrás del listado, el documento de excepción.

Una página con el membrete de Nordcase y el de la fundación.

«Excepción de seguridad para la puesta en producción».

Tres líneas: la revisión de permisos heredados y la activación del registro de auditoría se aplazaban hasta el quince de febrero de 2026, a petición del cliente, para no comprometer el calendario de presentación de la plataforma.

Fecha: veintiocho de octubre. Firma: Maja Nyberg, directora.

Era su firma. La reconocía como había reconocido el sello de la llave: sin necesidad de acercarse.

Se quedó mirando la página el tiempo que tarda una impresora en calentarse.

Luego la imprimió, porque necesitaba tenerla en la mano, y la impresora tardó eso mismo.

Luego volvió al mapa de permisos y buscó, con el dedo sobre la pantalla, la carpeta.

PB_LIbrO_ESCANEADO. Grupo: MIGRACION_COORD.

Tres miembros. No aparecían nombres, solo identificadores de usuario, tres cadenas de letras y números que Maja no sabía traducir.

Buscó el módulo de casos. PB_EXP. Rol: RESP_AREA. Cinco miembros, cinco cadenas.

Cerró el mapa. Abrió el listado otra vez, por el punto ocho, y lo leyó dos veces más, como si la tercera fuera a decir otra cosa.

Recordaba la decisión, no la firma. Recordaba a Britt en junio diciendo que se jubilaba en febrero, y ella misma pensando que el libro no podía irse con Britt, que había que escanearlo, guardarlo en un sitio que no fuera una cabeza; recordaba haber escrito «carpeta restringida, solo dirección y gestora» en la especificación, y haber nombrado a Tomas coordinador porque era el que mejor entendía a la gente del proveedor y el que menos se perdía en una lista de veinte puntos.

Recordaba la presentación del catorce de enero como una fecha en la que todo tenía que estar en pie: la plataforma, la campaña, los financiadores en el lago, el acto.

Recordaba haber pensado que aquello podía esperar a febrero porque no había nada que revisar que no fuera papel de proveedor.

Lo que no recordaba era haber leído el punto ocho. Y no lo había leído, porque estaba en la pantalla con la misma letra que los otros diecinueve, y ella había contestado «gracias, seguimos» al punto tres.

Al pie del documento de excepción, en letra más pequeña, venía un extracto de las condiciones del contrato de servicio a las que la excepción se acogía: seis cláusulas breves.

Disponibilidad. Soporte. Tiempos de respuesta.

Copias de recuperación, conservadas noventa días.

Cifrado. Cancelación. Maja las leyó como se lee la letra pequeña cuando lo importante ya está arriba: una vez, sin detenerse, y pasó a otra cosa.

Buscó en sus enviados el correo de junio.

Lo encontró: «Especificación para la migración del Protocolo Blanco», cuatro párrafos, escritos por ella un domingo.

El segundo párrafo decía que el libro se escanearía a una carpeta restringida «con acceso exclusivo de la dirección y de la gestora del protocolo».

El tercero decía que los expedientes codificados «no contienen datos identificativos y pueden tratarse como el resto de casos».

Lo había escrito ella. Las dos frases. La segunda era verdad; la tercera también, mientras la carpeta y los expedientes estuvieran en habitaciones distintas.

Ella misma había pedido que no lo estuvieran, sin saber que lo pedía, en el punto en que dejó de leer.

Cogió el teléfono y llamó a Fredrik.

—Necesito que me traduzca tres cadenas —dijo—. Los tres miembros del grupo de la carpeta restringida. Y los cinco del rol de área.

—Se lo mando por escrito ahora mismo.

—No. Mañana. Quiero verlo delante de una pizarra con las personas que llevaron la migración por nuestra parte. —Miró la firma otra vez—. ¿Ese grupo lo creó Nordcase o la fundación?

—Es un grupo de proyecto. Lo creamos nosotros al arrancar, con las personas que su coordinador nos indicó como interlocutores. La herencia de la carpeta fue un valor por defecto de la plataforma; por eso lo apuntamos en el listado. Le pedimos revisarlo.

—Y yo firmé que no lo revisaran hasta febrero.

Fredrik no dijo nada.

—Mándeme las traducciones mañana a las nueve. Y una cosa más: quiero que conste en su sistema, con fecha de hoy, que la fundación ha pedido esta información en el marco de una investigación abierta.

—Consta.

Colgó.

Llamó a Ingrid.

—Firmé una excepción de seguridad el veintiocho de octubre —dijo—. Aplazando la revisión de permisos hasta el quince de febrero. La carpeta del libro escaneado heredó un grupo. Lo tengo por escrito, con mi firma.

Ingrid tardó en contestar.

—No lo mandes a nadie hasta que yo lo lea. Ni a la fiscal ni a Vikander. Tráemelo.

—Lo voy a mandar mañana por la noche. Con lo que salga de una pizarra.

—Maja.

—Lo voy a mandar mañana por la noche, Ingrid. Con tu revisión o sin ella. Preferiría con ella.

—Entonces lo leo esta tarde.

Se levantó, fue hasta la puerta del despacho, la abrió y miró el pasillo.

Estaba vacío; era martes y las dos y media.

Bajó la escalera hasta la planta de familias y se detuvo delante del despacho de Tomas, que tenía la puerta entornada y la luz encendida.

Tomas estaba al teléfono, de espaldas, con el cuaderno abierto.

Maja no entró. Volvió a subir, se sentó, y escribió dos mensajes.

A Tomas: «Mañana a las siete de la tarde, en la sala pequeña. Necesito que traigas todo lo de la migración: correos, listados, tus notas. Todo».

A Britt: «Mañana a las siete de la tarde, en la sede. Necesito que estés. Es sobre el sistema, no sobre ti. Te pago el vuelo».

Tomas contestó en un minuto: «Allí estaré». Britt tardó veinte: «Cojo el de las tres». Y, un minuto después, otro mensaje de Britt: «No le digas a tu madre que voy». Maja no contestó a ese.

Maja dejó el móvil sobre la mesa, al lado del portátil, donde la excepción seguía abierta con su firma abajo, y se quedó mirando las dos cosas.

Una semana antes había creído que buscaba a alguien: un nombre, una persona dentro de la casa que había cruzado dos listas y había mandado tres folios.

Seguía buscándolo. Pero ahora sabía por dónde había entrado esa persona, si era una persona, y sabía quién había dejado la puerta sin revisar para que la plataforma luciera en un lago el catorce de enero, y esa persona tenía su nombre y su letra, y no era ninguna de las tres cadenas de números que Fredrik iba a traducirle por la mañana.