El Reino de las Sombras (Serie Kat Drummond 17) 16. Chapter 16 #3
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16. Chapter 16 #3

—Pues volvéis a estar de suerte. Las fuerzas de Thor y Odín se concentran en Malta.

Los griegos y los escandinavos están preparando una ofensiva contra los Imperios Romanos de la Impiedad.

Será pronto. De hecho, transportábamos munición como parte de las labores de abastecimiento.

Después de esta carga, nos marcharemos. El Mediterráneo está a punto de estallar.

Aunque no será tan malo como el Báltico, tenedlo presente.

La verdadera lucha se libra en torno a Hamburgo y Lübeck.

Negó con la cabeza. Gidget hizo lo mismo.

Ironfoot alzó la vista y estaba a punto de añadir algo cuando vio a Brett sentado con incomodidad, con su nuevo Winchester sobre el regazo.

—¿Eso es...? —articuló. Extendió las manos, indicándole a Brett que le pasara el rifle. Mi novio vaciló, pero acabó entregándole el arma.

Ironfoot examinó el rifle con intensa fascinación, sin cerrar la boca en ningún momento.

—Que las olas me hagan añicos los sesos... Es precioso. Un diseño humano, pero... obra de manos enanas.

Pasó las manos por las runas grabadas en el costado.

—¿Sabes qué dicen? —preguntó Brett.

Ironfoot negó con la cabeza.

—Es una escritura antigua. Y no es Greyak’ta. Probablemente sea Kalak’ta. De los enanos de las montañas. Ellos son los herreros y artífices. Por lo general, nuestras runas contienen frases comunes, pero esto es antiguo. Demasiado antiguo.

Le devolvió el rifle.

—Espero que encuentres a alguien que conozca la lengua. Me gustaría saber cómo se fabricó un arma así. Puede que yo no sea un cabeza de piedra, pero siempre he admirado las habilidades de mis parientes.

Se levantó y yo hice lo mismo.

—La bebida no tardará en desaparecer de vuestros organismos, diría yo —dijo—. Y sospecho que necesitáis un descanso de verdad para aliviar vuestros males. Vuestras antiguas habitaciones están disponibles. Brett, espero huevos con beicon por la mañana.

—Sí, capitán —respondió él con una sonrisa, y después me miró.

Tenía esa expresión que venía a decir «tenemos que hablar». Pero más tarde.

Se marchó acompañando a Gidget e Ironfoot. Candace ya había desaparecido.

Tenía el cuerpo cansado. Y la mente aún más. Pero no iba a poder dormir. Todavía no.

No me adentré más en el barco. En lugar de eso, salí y encontré a Candace contemplando el mar desde la popa, mirando la negrura de tinta apenas iluminada por una noche estrellada.

Sentí acidez en el estómago. Aprensión ante la mera idea de acercarme a mi hermana de alma. Ni siquiera después de Edeni había llegado a sentir verdadero miedo de ella.

Hasta ese momento.

Pero no podía dejar las cosas así. Yo me precipitaba hacia aquello que temía. No huía. Y no rechazaba a aquellos a quienes amaba. Y seguía amando a Candace.

—Tenemos que hablar de lo que ha pasado —dije con severidad, deteniéndome a su espalda. Candace no se volvió para mirarme.

No respondió.

—¿Candace? —pregunté con vacilación.

—¿Sabías...? —preguntó ella, casi como si soñara—. ¿Que dicen que las constelaciones pueden predecir el futuro?

—No te tenía por una aficionada a la astrología —dije.

—No lo soy. Pero, en esta era de magia, quizá las estrellas sí encierren algo. Alguna clase de significado.

—¿Como una profecía?

Se volvió, mostrándome su perfil. Era joven. Muy joven. Y muy pequeña. No tenía rostro de asesina.

—Si pudiera ver mi futuro en las estrellas, ¿cambiaría algo? —preguntó.

—Si el futuro estuviera escrito, nada podría cambiarlo —dije, apoyándome en la barandilla junto a ella y esperando que esta vez ningún cocodrilo asomara su horrible cabeza.

—El destino es paradójico, ¿verdad? —aventuró.

Gruñí, mostrando mi conformidad.

—Hagas lo que hagas, estás condenada. ¿Para qué hacer nada si todo es inevitable? Pues porque no lo es. El futuro no está escrito. Aún no ha sucedido. Nada es seguro.

—¿Ni siquiera la muerte?

Vacilé y después suspiré.

—Candace —dije con cuidado—. Lo que hiciste en la pirámide... no deberías haberlo hecho. Esa magia oscura te hace daño. Te cambia. Y cuanto más la utilices, más te transformarás de forma irreparable. Para peor.

—Te defendí —dijo simplemente.

—Tenía que haber otra manera.

—¿Y si no la había?

—Siempre hay otra manera.

Candace negó con la cabeza.

—No siempre, Kat. Esto no es un cuento de hadas donde los buenos siempre encuentran alguna solución fácil y luminosa. Tenemos que hacer sacrificios. Tenemos que hacer cosas de las que no nos sentimos orgullosos. Y, si utilizar la Oscuridad significa salvarte... que así sea.

—Pero...

Se volvió hacia mí y la sincera tristeza de su mirada me dejó muda.

—Kat... Esto no va a mejorar. Yo no voy a mejorar. Sin nuestro vínculo de alma, no hay nada que diluya el mal que ha anidado en mi interior. Nada puede salvarme. Así que me limito a esperar el momento. Y, durante ese tiempo, haré cuanto sea necesario para mantener con vida a quienes amo.

Noté cómo las lágrimas se acumulaban bajo mi parche y resbalaban por mi mejilla.

—¿Aunque eso signifique dejar que te consuma?

Candace asintió y después sonrió. Una sonrisa cargada de miedo, culpa y tristeza, pero también de aceptación.

—Este es mi sino, Kat. Amar. Y, si para amarte debo dejar que la oscuridad y la locura me consuman, que así sea. Haré cuanto sea necesario.