El reflejo de Oriente. El espejo Makyo Desalación #3
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Desalación #3

Después busca sus zapatos. El suelo le enfría la planta de los pies al rodear la mesa; en el lugar donde estuvo tendida queda una depresión que Gabriel alisa al levantarse.

Hélène lo ve y siente una resistencia breve, difícil de explicar, a que la habitación recupere tan deprisa su disposición de trabajo.

Ella también recoge los vasos. Los lleva hasta la puerta del patio y los deja donde él le indica, agradecida por una instrucción doméstica que no pretende resolver nada más.

Regresa al cuadernillo. Numera el conjunto, comprueba que ninguno haya quedado en el recipiente y envuelve las piezas por separado antes de reunirlas en la caja.

Usa el papel fino que les han vendido como papel de arroz, retira una hoja rota y vuelve a empezar el envoltorio de un cuenco sin dar por suficiente que el borde quede cubierto a medias.

El que estuvo sobre su espalda recibe el mismo número de lote y una referencia que permite distinguirlo de los otros cinco.

No cambia su descripción. La segunda copia necesita que repase una cifra porque el carbón ha impreso apenas el extremo del tres.

18. A set of six blue and white bowls. Qianlong period, circa 1760. Attributed. Diameters 13.8–14.4 cm.

Recovered from the sea, Philippines. Two with small rim chips; traces of marine encrustation. No. 18c: rim intact.

Estimate: £12–15.

Mira la primera página antes de guardar el cuadernillo.

Tiene lugar, fecha y la indicación de que se trata de una relación provisional.

No lleva su nombre. Gabriel había dejado ese espacio libre para añadir el del vendedor; ella no lo había discutido porque el encargo no incluía una portada y porque necesitaban terminar antes de que saliera el correo.

Ahora, al pasar los dedos sobre el margen superior, advierte cuánto ha contribuido a esa ausencia por no querer interrumpir una conversación favorable.

Puede reclamar el pago de la comisión con una facilidad que no encuentra para pedir que se reconozca el trabajo de otra manera.

Escribe su nombre en la hoja de liquidación. La firma no pasará al catálogo. Se dice que podrá hablarlo cuando preparen la siguiente relación, y reconoce en la promesa el mismo aplazamiento que acaba de aceptar. No por eso borra lo firmado. Dobla su copia y la guarda en la cartera.

Antes de irse comprueba la hora. Gabriel le ofrece el coche; ella prefiere que le busquen uno, y él acepta sin preguntar dónde debe llevarla.

Esa discreción, que hace unas horas le habría parecido suficiente, le resulta ahora incompleta: quiere conservar la decisión sobre su salida, pero no quiere que la facilidad con que él la deja partir signifique que ya ha encontrado una manera de no pensar en lo que ocurrirá al otro lado de la puerta.

Le dice que volverá el jueves por la mañana.

Gabriel consulta un papel antes de contestar.

Tiene una entrega en el puerto. Hélène propone la tarde y se descubre aliviada cuando él acepta, menos por la cita que por haber tenido que acordarla.

Gabriel continúa trabajando con las cubas durante diciembre.

Algunas partidas salen después de seis semanas; otras requieren catorce y comprobaciones adicionales que irritan al comprador, sobre todo cuando la aguja vuelve a separarse de la lectura del agua nueva después de un cambio que él había dado por definitivo.

No escribe una duración general en las instrucciones.

En una ficha queda anulada una fecha de salida.

Debajo, el trabajador que ha repetido la medida añade el día y sus iniciales.

Hélène regresa a la casa y al almacén. Hay tardes en que trabajan sin besarse y otras en que el acuerdo sobre un precio queda pendiente hasta el día siguiente.

Una vez Gabriel confunde esa demora con una concesión y le dice a un cliente que ella aceptará revisar la comisión.

Hélène lo corrige delante del hombre. Después, cuando se quedan solos, él empieza a explicar que habría compensado la diferencia; ella le pide que no decida por su cuenta qué trabajo puede regalar.

Gabriel retira la oferta por escrito. Durante varios días teme que no vuelva.

Hélène aparece a la hora convenida con las correcciones de un catálogo y le pregunta dónde ha puesto la factura que necesita.

La continuidad le exige algo que no había previsto al desearla.

No basta con estar disponible las tardes en que ella puede ir.

Tiene que admitir un desacuerdo que no acabe en despedida, no tomar por promesa lo que solo fue una noche y no convertir cada cuidado en una deuda que después pueda presentar.

Algunas veces consigue hacerlo sin pensarlo.

Otras se sorprende ensayando una generosidad que espera ver agradecida y la reduce a la petición concreta: un coche que no se encargará sin preguntarle, una copia que debe preparar antes del jueves, una pieza que no puede vender todavía.

También encuentra alegría. Le gusta que Hélène vuelva a una discusión interrumpida y recuerde el punto donde él había dejado de escucharla; le gusta poder reconocer ese momento y pedirle que repita, sin perder por ello toda la tarde.

En enero manda el espejo a Hong Kong. La recomendación le ha llegado de una casa que trabaja con objetos de metal y conoce a un conservador; Gabriel escribe que debe hacerse únicamente una limpieza superficial, sin abrasión ni pulido, y que cualquier intervención distinta necesitará una consulta previa.

Adjunta vistas del objeto, no una explicación de lo que aparece en la pared.

Al preparar el envío vacila ante esa omisión, pero acaba dando instrucciones más precisas sobre el embalaje que sobre su motivo para conservar la superficie.

No ha contado a Hélène de dónde viene su interés.

Cuando ella pregunta qué lleva la caja, responde que un espejo que necesita revisar.

La pieza vuelve en febrero. El informe distingue la suciedad retirada de la película antigua sobre la que no se ha intervenido; no propone hacer brillar el metal y registra que no se ha desmontado la guarnición.

Gabriel compara las fotografías del envío con el objeto, comprueba el cierre y lleva otra vez la silla al patio.

Tiene que esperar a la mañana siguiente para repetir la prueba.

A la hora en que entra el sol, apoya el espejo entre los dos libros de cuentas y busca la posición que anotó en abril.

Sobre la cal aparece la misma figura débil.

Cambia un poco la distancia, vuelve al lugar anterior y se agacha para mirar si el papel que sirve de cuña se ha doblado.

La claridad no mejora. Dentro, en la mesa, la factura de Hong Kong incluye transporte, examen y limpieza; Gabriel conserva los tres conceptos al pasar el gasto a su libro y guarda el informe con la copia de sus instrucciones.