El reflejo de Oriente. El espejo Makyo Repatriación sanitaria #3
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Repatriación sanitaria #3

El empleado lee la línea con él. Tiene una mancha de tinta en el costado del índice y una corbata que se ha quitado del cuello para anudarla a la barandilla de su silla.

Busca entre las hojas el certificado que debería explicar el siguiente.

En la relación preparada para el traslado, otro empleado ha copiado el resultado de Saigón junto a la palabra «verification».

Gabriel señala esa palabra, después la recomendación de que vuelvan a examinarlo.

—¿Lo han hecho otra vez?

—Este es el que viene certificado —responde el hombre, poniendo un dedo sobre el papel francés.

—El otro también.

El empleado sigue su dedo hasta la hoja de San Lázaro.

Comprueba las dos fechas y aparta la relación para consultar la discordancia.

Gabriel lo ve salir con los papeles. Al regresar dice que la consulta se ha añadido al expediente, pero el resultado extranjero continúa siendo el que figura como comprobado para el traslado.

No le dice que sea justo ni que el médico de San Lázaro se equivoque; habla de una anotación que él no ha hecho y que no le permiten modificar.

Gabriel mira la tinta de su índice, ahora apoyado sobre el borde limpio de la mesa, y tarda en responder.

Había imaginado que, si lograba explicarse con suficiente calma, alguien repararía en la contradicción y bastaría con que la viera.

La han visto. Tiene delante a un hombre que ha salido de su silla para preguntarle a otro y ha regresado con la misma carpeta; puede insultarlo, puede arrojar las hojas, puede obligar a que entren dos celadores y lo devuelvan a la cama, y por primera vez siente el deseo de hacer cualquiera de esas cosas, de causar siquiera una dificultad que necesite su presencia para ser resuelta.

Se queda sentado. A través de la ventana oye rodar un carro y se pregunta cuánto va a odiarse después por seguir sentado, porque en las noches de la sala siempre acaba encontrando la frase que debería haber dicho y nunca consigue recordar el cansancio que le impidió decirla.

Cuando sale, el hombre vuelve a mirar las dos fechas.

La semana siguiente le devuelven la ropa lavada, doblada con pliegues ajenos.

Él guarda el cuaderno dentro de la camisa de siempre y comprueba la moneda en el bolsillo.

Se despide de la enfermera deseándole noticias de su hermano.

Ella responde con una frase que no entiende del todo y le mete en la bolsa un trozo de jabón envuelto en papel.

Manila, 2 October 1953.

ORDER FOR TRANSFER AND SEGREGATION.

LÊ Gabriel, also known as NAVARRO. Bacteriological verification: POSITIVE, French certificate of 16 June 1953.

Transfer and segregation at the Culion Leper Colony, under Sections 1058–1059 of the Revised Administrative Code, as amended by Republic Act No. 753.

Foreign medical certificate and San Lazaro report to accompany the patient. Admission to be reported to the office of the Director of Hospitals.

Personal effects: to be checked on delivery.

Desde el guardacostas, cuando entra en la bahía, Gabriel distingue primero el pueblo.

Las casas ascienden en grupos desiguales, separadas por huecos de vegetación; una galería sostiene ropa clara, el humo sale de un tejado bajo y más arriba se levanta la iglesia, de una piedra pálida que la humedad oscurece hacia el suelo.

Bajo ella, el espesor de unos muros viejos interrumpe la pendiente.

Gabriel sigue con los ojos el camino que enlaza el muelle y las casas, calcula dónde habrá que sostener la bolsa con ambas manos y dónde podrá descansar sin obstaculizar el paso.

No había imaginado árboles plantados tan cerca de las ventanas ni niños cruzando una calle.

Alguien ensaya con un instrumento de viento; una nota se repite, encuentra otras, se deshace en el ruido del motor antes de que pueda reconocer una marcha.

Le dicen que es la banda de los pacientes. Más cerca de tierra vuelve a oírla, incompleta y aplicada, mientras preparan el desembarco. Un hombre recoge un cabo; Gabriel avanza por costumbre para ayudar y se detiene porque ya hay otro ocupando su sitio. Espera a que le indiquen bajar.

Tras la verja hay una mesa donde reciben los papeles.

El empleado abre el registro individual, le pregunta qué familia tiene en Filipinas, por la ciudad donde nació, por la última casa en que vivió.

Gabriel responde y ve cómo la punta de la pluma se aleja de él; tiene que reconstruir al revés las letras, distinguir el espacio del apellido y el de una nacionalidad que esta vez queda escrita como filipina, por el padre.

En el lugar del contacto familiar anotan que es marinero y que se desconoce su paradero.

El empleado le da el número 6178, repasa la hoja clínica y escribe una observación sobre el antebrazo izquierdo. A su lado, otro hombre abre la bolsa.

Salen las camisas, los pantalones y el cuaderno negro con la esquina manchada de aceite.

Gabriel mantiene una mano sobre el borde de la mesa para que no caiga nada.

El hombre palpa los bolsillos de la ropa, encuentra el jabón y lo deja junto a ella; Gabriel saca del suyo la moneda de aluminio y la pone al lado del cuaderno.

El escribiente vuelve a la orden, baja hasta el inventario de efectos y, sin darle la vuelta a la pieza, añade: «one aluminum coin».