El reflejo de Oriente. El espejo Makyo Lectura dudosa #3
74%

Lectura dudosa #3

Elena escucha el último renglón sin levantar los ojos.

La frase le parece más antigua que el papel que la conserva, pero no sabe por qué ni tiene derecho a ponerle una voz distinta de la que acaba de oír.

Kavi señala la llamada que separa la lectura de las letras devueltas por la cifra.

Ella comprueba la última palabra y le pide que vuelva al comienzo del párrafo.

Pasan después a la anotación superior. El año se lee mejor que el grupo final.

Bajo la luz oblicua, una de las cifras podría terminar en un trazo que ya no está; Elena cambia la posición de su cabeza y el resto no aparece.

No fotografían más cerca por el solo hecho de desearlo.

Kavi propone dejar la secuencia tal como está.

—¿Y si es el mismo Navarro? —pregunta ella.

—Seguimos teniendo dos fechas y una firma que no enlazan solas.

Elena recuerda el nombre Gabriel en la transcripción autorizada del archivo y el apellido en la imagen de 1975.

No consigue dejar de reunirlos con aquel año escrito en el margen, aunque sepa que la reunión ocurre en su cabeza.

Abre una nota nueva y atribuye la pregunta a ellos.

Le alivia no tener que expulsarla del trabajo para evitar que se convierta en respuesta.

Merlinda se acerca cuando están comparando las tachaduras.

—¿Ahora lo pueden leer?

Elena podría decir que sí y añadir después las excepciones. Le enseña, en cambio, la lectura de una línea y el lugar donde han dejado una pérdida. La dueña pide que amplíe la fotografía. Se inclina, busca con los ojos lo que falta y termina mirando el papel antiguo.

—Eso ya estaba así cuando mi abuela me lo enseñó.

Elena pregunta qué recuerda exactamente.

Merlinda señala el daño, no la frase. No puede dar una fecha; era joven, la casa era otra, la mesa estaba cerca de una ventana.

Elena lo anota como testimonio de ese recuerdo y le lee la anotación.

La mujer cambia una palabra: no dijo que su abuela le enseñara a leerlo, dijo que se lo mostró.

Elena corrige. Kavi espera mientras ella vuelve a leer la frase entera.

20 de junio · Kavi

Al terminar la tarde, Kavi tiene la muñeca dolorida en el lugar donde la apoya para escribir.

Han trabajado sobre una selección acordada de ocho folios, por ambas caras, además de la cuenta unida a la contratapa: dieciséis superficies interiores y un anexo.

No son todos los cuadernos. Algunas aperturas se han dejado sin avanzar; una zona del primero, donde el hilo reparado tira del papel, permanece fuera de la transcripción.

La relación de imágenes permite volver de cada pasaje a la superficie que lo sostiene.

Elena le dicta el último cotejo y él modifica una llamada.

Con ese cambio una nota ha dejado de ser lectura dudosa: conservaba la duda de la primera fotografía y no la lectura que ambos acaban de comprobar.

Recorren las marcas pendientes. Hay ciento cuarenta notas numeradas en el fichero, desde la primera observación sobre el orden de las caras hasta la última sobre el recuerdo de Merlinda.

Ciento veintitrés registran lugares, intervenciones, convenciones o fuentes de una propuesta; catorce conservan lectura dudosa y tres, ilegible.

Estas dos últimas clases están dentro de las ciento cuarenta, no se añaden después.

Kavi comprueba la cuenta y la deja escrita en la cabecera del conjunto seleccionado.

No la llama edición de los cuadernos. Elena ha propuesto transcripción parcial de trabajo y Merlinda ha pedido que debajo aparezcan las fechas de esas dos jornadas.

Kavi guarda el fichero, lo cierra y calcula su suma de comprobación.

La cadena que obtiene cabe en una línea si reduce la letra, pero prefiere dejarla partida en la hoja de control.

Identificará esa copia. No le dice quién escribió los cuadernos ni mejora las palabras que siguen sin poder leer.

Merlinda los llama desde la puerta. Quiere que le enseñen a abrir las imágenes y después el texto.

Kavi conecta el soporte que ella ha dispuesto, copia la selección y los documentos de trabajo y espera mientras Elena los abre desde allí.

La dueña elige una fotografía por su número, encuentra la línea correspondiente y vuelve a la imagen.

Lo hace otra vez, más despacio, sin que ninguno le señale dónde pulsar.

Sobre el permiso original completan el alcance efectivo, las dos fechas y la relación de archivos entregados. No autorizan difusión pública ni destinatarios nuevos. Merlinda firma la constancia de recepción y vuelve la hoja hacia Elena.

—Usted también.

Elena lee el espacio que han añadido, toma el bolígrafo y firma.

Kavi mira cómo levanta después la mano para no arrastrarla sobre la tinta reciente.

Merlinda comprueba los dos nombres, guarda el original y les permite hacer una nueva fotografía administrativa, separada de las páginas de los libros.

Los cuadernos vuelven a la lata. La mesa queda libre para la cena.