14 · Relación de bajas #2
En cumplimiento de la orden recibida para dar cuenta de las incidencias de la mañana de hoy, tengo el honor de remitir a V.
E. la relación formada con las noticias recibidas en este puesto y las observaciones hechas desde el mismo.
Quedan pendientes de comprobación las cantidades que no han podido confrontarse con los estados de los cuerpos, por haberse recibido algunos avisos de palabra durante el movimiento de retirada.
A las nueve y media se oyó romper el fuego a la escuadra enemiga sobre el fortín de San Antonio Abad y las trincheras próximas a la costa.
Desde este puesto se distinguieron varios buques haciendo fuego, sin que la lluvia y el humo permitiesen mantener observación constante de todos ellos.
A las diez y treinta y dos cesó el fuego naval que desde aquí se percibía, continuando por intervalos el de fusilería.
Las fuerzas que se presentaron procedentes de la primera línea manifestaron haber recibido instrucciones para replegarse por escalones, conservando el enlace con los puestos contiguos.
Se les facilitó el paso, separando para su asistencia a los heridos y haciendo continuar a los demás hacia los puntos señalados.
No ha podido fijarse con seguridad, por los avisos recibidos, la hora en que salió la última fracción del fortín; tampoco se ha recibido todavía relación particular del estado en que quedaron sus piezas.
A las diez se observó un nuevo efecto del fuego sobre la parte del fuerte visible desde la ventana de este puesto.
Se consignó la hora en el libro de servicio, sin que pudiera determinarse la procedencia del disparo.
Los avisos llegados después dieron noticia de movimientos por la playa y Calle Real, y de otros hacia Pasay y Singalong.
Estos últimos se transmitieron con expresión de su procedencia, por no haber presenciado el hecho el portador que los condujo.
A las diez y treinta y dos se vio enarbolada en la torre del convento de Malate la bandera convenida para comunicar a la Plaza la ruptura de la línea.
Se anotó la señal, continuando este puesto a la espera de instrucciones.
En aviso recibido después de retirarse este despacho se comunicó haber sido izada bandera blanca en la batería del Pastel, sin expresión de la hora en que fue observada.
Con motivo del incendio de una casa de Calle Real se destacaron dos hombres para auxiliar a una mujer que no podía salir por su pie.
Regresaron trayéndola sobre una tabla, acompañada de una vecina, y fue recibida bajo el corredor.
Uno de los portadores presentaba quemadura en un brazo.
Se dispuso que fuese reconocido. La intervención no ocasionó interrupción en el recibo y curso de los avisos.
El convento quedó sin novedad particular de que se diese conocimiento a este puesto después de las once.
El que suscribe permaneció en la habitación destinada al despacho de comunicaciones desde las diez y treinta y dos hasta las trece, recibiendo los partes de la línea y disponiendo su remisión a la superioridad.
A dicha hora se cerró la relación de avisos de la mañana, sin que hubiese sido preciso consignar otra ocurrencia en aquel recinto.
RELACIÓN PROVISIONAL DE BAJAS COMUNICADAS.
— De las fuerzas cuyos avisos han llegado a este puesto: muertos, un sargento y siete individuos de tropa; heridos graves, cuatro; leves, once; contusos, seis.
Estas cantidades no comprenden a los individuos que hayan sido conducidos directamente a otros puntos de asistencia.
Se reclaman los nombres y cuerpos para formar el estado nominal y evitar que un mismo herido figure en más de una relación.
No hay baja comunicada entre el personal del despacho.
De las fuerzas contrarias no puede formarse estado, por haber quedado fuera de nuestra observación una parte del terreno y haberse visto retirar hombres sin poder distinguir a los heridos de quienes los auxiliaban.
Las cantidades expresadas verbalmente por los portadores se reservan hasta que pueda comprobarse su fundamento.
Se acompañan los avisos escritos recibidos, por el orden de su presentación, y se hace presente que la relación precedente deberá completarse con los estados pendientes, sin alterar las horas asentadas en el libro de servicio.
Dios guarde a V. E. muchos años.
El teniente coronel, Carlos de Silva y Alcázar.
Excmo. Sr. General Jefe de Estado Mayor General del Ejército.
Basilia cambia otra vez el cesto de brazo.
La mujer que camina con ella tiene una señal roja donde el asa le ha apretado y quiere llevarlo entre las dos hasta la esquina.
Se detienen para pasar una vara por las ligaduras.
Cuando lo levantan, el peso deja de tirar hacia abajo y empieza a imponerles un paso común. Basilia debe acortar el suyo.
Han perdido tiempo en los desvíos. Cerca de la Luneta tuvieron que esperar a que atravesase un grupo, y después un hombre les indicó que no siguieran por donde pensaban; las cuatro fueron rodeando hacia el costado de la muralla, bajo una claridad que permitía distinguir las hierbas crecidas en lo alto de la piedra y volvía invisibles los rostros de quienes las miraban desde la sombra.
Ahora las otras dos van delante. Al llegar a cada esquina se vuelven para comprobar que no se han separado.
La ciudad ofrece sitios donde descansar y razones para no hacerlo.
Un escalón limpio ocupa toda la anchura de un portal; en una ventana han extendido una prenda sobre una vara que atraviesa la calle demasiado baja.
Al fondo de las puertas se ve gente poniendo las mismas cosas en sitios distintos.
Basilia mira una olla al lado de un baúl, una jaula cubierta, un niño que tira de la manga de una mujer sin lograr que esta se incline.
Le gustaría entrar en una de aquellas casas y preguntar si han visto a un hombre con una camisa de piña.
La pregunta sería tan grande que le contestarían antes de terminarla.
Su compañera tropieza. El cesto gira y ambas bajan a la vez los brazos para que no vuelque.
—Para —dice Basilia.
Lo apoyan. La mujer se quita una chinela, saca una piedrecita y examina la suela por dentro.
A Basilia le parece que va a llorar de rabia, por la manera de sacudir un calzado donde ya no queda nada.
Podría decirle que falta poco, pero no sabe cuánto les permitirán avanzar por el paso siguiente.
Espera. Después le ofrece el lado que pesa menos.
17:30
Han cruzado el puente después de aguardar con gente que también llevaba cosas.
Del otro lado, al separarse de quienes continúan hacia el interior, el río reaparece entre los almacenes y las cargas detenidas.
Van por su orilla norte. Basilia busca la dirección de San Nicolás, el camino que conoce hacia Ilaya, pero el peso obliga a detenerse otra vez antes de doblar.
Al otro lado del agua se alzan las defensas de Santiago.
Desde allí la muralla no tiene el color uniforme que guarda en el recuerdo: la parte baja es oscura, húmeda hasta una altura irregular, mientras arriba recibe una luz oblicua que descubre salientes, vegetación menuda y una juntura clara entre dos tramos.
Por encima sobresale un mástil. La tela que había estado alta empieza a bajar.
Basilia mira porque su compañera ha dejado de andar.