7 · Bajo la protección #2
El cuarto del cuartel destinado a su trabajo dispone de una mesa larga y una cama estrecha.
La ventana no cierra por abajo; han puesto un trozo de madera para impedir que golpee.
Carlos hace dejar el cajón junto a la cama, lo abre y tantea el envoltorio sin sacar el bronce.
La franela está seca. Vuelve a poner la ropa encima.
Al abrir el neceser encuentra roto el espejo de afeitar.
Una grieta lo cruza de esquina a esquina; cuando intenta levantarlo por el marco, uno de los fragmentos se hunde y le deja entre los dedos una astilla diminuta.
Carlos la saca con la uña, envuelve los pedazos en el papel del jabón y se los entrega al asistente para que los tire.
Conserva el marco vacío un momento, buscando un uso que no encuentra, y acaba dándoselo también.
Después despliega el cartel sobre la mesa, recoge con una hoja limpia el polvo que suelta el pliegue y coloca a su lado el formulario.
En la pared, detrás de ambos, el agua ha dibujado una línea desigual hasta la altura de su rodilla.
II. Gobierno General de Filipinas. Proclama de Basilio Augustín y Dávila. Manila, 23 de abril de 1898. Cartel conservado; extracto unido a su cubierta.
El gobernador comunica la ruptura con los Estados Unidos y presenta la amenaza americana como peligro para el conjunto de los habitantes del archipiélago.
Convoca a la defensa bajo España y reúne, en una misma apelación, el territorio, la religión y las familias.
Anuncia que la lucha será breve y reclama confianza en la victoria, unidad y obediencia a las autoridades.
El impreso atribuye a los adversarios un propósito de dominación y contrapone a este la continuidad de los vínculos con España.
La advertencia se dirige también a quienes pudieran considerar ventajosa la llegada de la fuerza americana.
No distingue entre los destinatarios que recibirán armas y los que deberán contribuir de otra forma a la defensa.
El cartel conservado tiene un doblez que atraviesa varias líneas de la parte inferior.
La firma impresa y el lugar permanecen legibles.
La tinta del frente se ha trasladado en parte al reverso de la mitad opuesta.
Los ejemplares destinados a los puestos fueron apartados de este y remitidos con la orden de distribución.
Anotación de la cubierta: ejemplar recogido entre los papeles de abril; incorporado a la carpeta de comunicaciones.
Falta el recibo de los que debían fijarse fuera de los cuarteles.
Pregúntese al encargado si fueron entregados y si necesita otros para sustituir los que se hayan perdido con la lluvia.
Sello de archivo en la cubierta, sin impresión sobre el texto del cartel.
III. Eastern Extension. Formulario particular de telegrama. Manila, 3 de mayo de 1898. No cursado.
Destino: Madrid.
Destinataria: Concepción.
Continúo bien. No varíes casa hasta recibir carta.
Avísame recibo de la última cantidad y salud del niño.
Escribiré por primer correo disponible.
Carlos.
Casilla de expedición: Expedido .
Al margen, a lápiz: 10 h 20.
Devuelto al interesado. Servicio del cable interrumpido.
Sello de la oficina sobre la casilla inferior.
Hoja añadida a la carpeta: desde el corte del cable del día dos, el mensaje no puede expedirse por esta vía.
Para su transmisión desde Hong Kong será necesario hacerlo llegar allí.
No se asigna en esta oficina salida de vapor ni fecha de recepción.
El impreso se devuelve para que el interesado pueda sustituir el texto o enviarlo por otro conducto.
IV. Cavite Viejo, 12 de junio de 1898. Extracto de una copia del acta de proclamación de independencia, recibido después de esa fecha.
El documento declara la independencia de las islas y la ruptura de su obediencia a la Corona española.
Expone agravios del gobierno anterior y atribuye al nuevo poder capacidad para decidir sus relaciones con otras naciones.
La redacción se presenta por Ambrosio Rianzares Bautista.
La copia incorpora el reconocimiento de la autoridad de Aguinaldo y explica los elementos de la bandera mostrada en el acto.
En la cláusula relativa a los Estados Unidos se conserva la fórmula:
«bajo la protección de la Potente y Humanitaria Nación Norte Americana».
No acompaña a esta copia otro instrumento otorgado por el país nombrado.
De la relación de asistentes y suscriptores se trasladan aquí, en extracto parcial, los siguientes nombres:
Segundo Arellano. Tiburcio del Rosario. Sergio Matias. Agapito Zialcita. Flaviano Alonso. Mariano Legaspi.
Los nombres restantes no se han trasladado a esta hoja.
La copia recibida continúa después del último que antecede.
En varios apellidos se distinguen correcciones y letras repasadas.
Se pide otra copia de la relación completa, pues se ha reclamado traslado de ella para una oficina que carece de ejemplar.
El pliego remitido no conserva las rúbricas originales, sino su enumeración por otra mano. Se archiva este extracto con la cubierta de quien entregó el pliego. El sello de recepción pertenece a esta cubierta y no al acta.
Nota de remisión: el portador aguarda el recibí y debe volver con el ejemplar prestado. Se le entregará copia del extracto al despacharlo. No dispone de alojamiento donde pasar la noche.
En la última semana de julio, la orden de servicio llega cuando Carlos todavía debe poner una tira de papel bajo la pata corta de la mesa.
La lee de pie, con el cajón de campaña abierto a su espalda.
Se le agrega al despacho del Estado Mayor de la zona sur para reunir los estados de los puestos y preparar las comunicaciones que elevará a la jefatura.
La comisión conserva su dependencia del general jefe del Estado Mayor.
El empleo escrito junto a su nombre es el que ya tiene: teniente coronel.
El escribiente pregunta dónde ha de registrar la nueva dirección para que los pliegos no sigan subiendo a Cabildo.
Carlos se la dicta y le pide una copia de los estados disponibles.
Quiere recorrer los puestos antes de que anochezca.
Al salir, se detiene a introducir el sobre de Concepción en el cajón de la mesa. Lo deja encima del telegrama devuelto; después vuelve a buscar el papel donde figura la hora propuesta para recoger correspondencia. Lo dobla en cuatro y lo guarda en el bolsillo del reloj.
Hay soldados que llevan tanto rato esperando junto al portal que han encontrado cómo sentarse sin quitarse el correaje.
Se levantan al verlo. Uno sacude una bota, coloca el pie en tierra con cuidado y ocupa su sitio sin que se lo ordenen.
Carlos mira por dónde se va y comprende que no podrá conservar seco el pantalón.
El oficial que ha venido a acompañarlo señala primero los apoyos firmes y solo después el camino.
Hacia Singalong, la superficie que desde una ventana parecía una extensión continua se deshace en terrenos de resistencia distinta.
Hay fajas de suelo alto donde crece hierba menuda y se puede adelantar el paso; a dos varas, entre las raíces, el agua guarda una película oscura que cede bajo la bota sin revelar cuánto queda debajo.
Los surcos abiertos para evacuar una parcela han inundado el borde de otra.
En algunos lugares no basta encontrar un paso para un hombre: hay que imaginarlo cargado, con otro detrás, obligado a detenerse donde no dispone de espacio para cambiar de pie.
Carlos vuelve varias veces la cabeza. La ruta de regreso ha empezado a parecerle menos segura que a la ida.
Los blocaos no se ofrecen juntos. Uno aparece al final de un tramo despejado, apoyado sobre una tierra que sus ocupantes han pisado hasta hacerla brillar; de otro solo se distingue una pared entre las plantas y el movimiento de un hombre que ha salido a mirar.
Bajo los aleros cuelgan prendas puestas a secar demasiado cerca unas de otras.
Un tubo vierte agua sobre una lata abollada.
El ruido obliga a acercar la cara para entender una respuesta.
En el interior, el aire retiene un olor espeso de tela mojada y aceite, aunque de una abertura a otra corre una franja fresca en la que los hombres han dejado el sitio libre para poder dormir.
Carlos encuentra una cuchara metida en una grieta de la pared, fuera del alcance de los pies.
Cerca hay un cordel del que cuelgan cuatro paquetes a distinta altura; el más bajo roza una superficie ennegrecida y su dueño lo recoge antes de que el visitante tenga que agacharse.
Para entrar dos personas hace falta que salga una.
Carlos espera a que el soldado termine de enrollar su manta, y entonces comprende por qué han dejado algunas cajas fuera, bajo una cubierta que no basta para protegerlas del agua lateral.