1 · Acuse de recibo #3
Diga a mi padre que estoy bueno. No he dado contestación todavía a quienes me ofrecen acompañarme esta noche.
Me parece que vendrán de todos modos y tendré que buscar otras sillas, pues no quisiera recibirlos de pie.
Si tarda la próxima carta, no lo atribuya a enfermedad.
Escribiré en cuanto tenga algo que resolver con usted.
Su hijo,
Alejandro.
Secretaría del Gobierno Superior Civil de Filipinas
Salida núm. 139. Expedición
Sr. Comandante:
De orden del Excmo. Sr. Gobernador y Capitán General participo a V.
S. que, efectuada en el día de hoy la salida de las primeras fuerzas destinadas a la expedición, con los transportes y embarcaciones dispuestos al efecto, se servirá remitir a esta Secretaría relación de los auxilios facilitados para el embarque, expresando por separado los efectos entregados a cada buque y acompañando los recibos que obren en su poder, a fin de que puedan confrontarse con las relaciones de cargo antes de dar por concluida esta parte del servicio; debiendo incluirse en la remisión las diferencias que se hubieren observado entre lo pedido y lo suministrado, aunque fueren de escasa entidad, para evitar que recaiga sobre los encargados de la recepción responsabilidad por cantidades que no hayan tenido a su disposición y puedan subsanarse oportunamente los asientos que lo requieran.
Dios guarde a V. S. muchos años.
Cavite, 20 de agosto de 1858.
El secretario.—[Rúbrica.]
Sr. Comandante de Marina de Cavite.
Cavite, 20 de agosto de 1858, por la tarde
Mi querida madre:
Acuso recibo de su carta de 20 de junio, que no he podido contestar hasta hoy.
He visto la cuenta del luto y la dejo separada de los gastos ordinarios.
El envío que preparo habrá de cubrirla, aunque no llegará antes que esta carta; no dé por recibida una cantidad por el solo hecho de que yo haya empezado a disponerla.
Puede mostrar estas líneas si le piden una fecha que todavía no estoy en condiciones de asegurar.
He venido a Cavite por trabajo. Esta mañana copié el oficio relativo a la salida de las primeras fuerzas de la expedición, y antes de concluir tenía delante, por una ventana, el movimiento de los barcos cuyos nombres figuraban en la relación que acababa de copiar.
El vapor Elcano estaba con las falúas Dolores y Soledad.
Desde mi sitio podía distinguir el agua que se movía junto al costado del vapor y la gente ocupada en pasar de una embarcación a otra; a los que iban detrás de una vela solo se los veía por partes, una mano, la cabeza, un pie que tanteaba antes de encontrar apoyo.
Yo debía atender al papel y tuve que volver al principio de una línea.
No he embarcado con ellos. Se lo aclaro porque en el correo de Madrid, al contarse unas cosas después de otras, un hombre puede acabar destinado donde no lo han mandado.
Mi trabajo de hoy termina en la copia y en las comprobaciones que la acompañan.
Después he entregado los pliegos y he aguardado a que los recibieran.
Mi nombre no era necesario al pie, y he tenido tiempo de comer mientras discutían a quién correspondía recoger otro ejemplar.
El lugar desde donde escribo da a un patio con una cuerda tendida para secar paños.
Bajo la ventana se han reunido unos bultos que aún no han retirado; dejan entre sí una franja de suelo mojado donde se refleja un trozo de pared, y un muchacho ha pasado dos veces por allí llevando una jarra.
Las tablas cercanas al agua conservan barro entre las juntas, aunque las hayan barrido, y cada vez que alguien vuelve de la orilla entra un olor que me hace apartar el papel del alféizar, como si también pudiera mancharse con él.
No encuentro aquí una superficie que permanezca enteramente seca.
Me he sentado sobre la levita doblada para evitar que una marca de la silla pase al pantalón.
Me preguntaba usted qué puede haber tan urgente en copiar una comunicación.
Hoy puedo responderle con una cifra que estaba escrita dos veces y no era la misma en ambos lugares.
Para averiguar cuál debía conservarse no bastaba preguntar a quien había llevado el borrador; hubo que buscar la relación y contar de nuevo.
El barco no esperaba esa suma para moverse, pero la cuenta habría continuado viaje hasta una mesa en la que nadie tendría delante ni los hombres ni la relación.
La copia ha salido con la cifra corregida y he guardado el borrador hasta recibir orden de devolverlo.
No he oído bien todas las despedidas. Una mujer hablaba desde tierra y el ruido impedía saber a quién; vi que un soldado se volvió, pero había otros detrás de él.
Después continuaron pasando cosas y perdí de vista a los dos.
Quise averiguar si se había retirado y ya estaban ocupados en otra tarea.
Me acuerdo ahora, al escribirle, porque usted dice que Carlos vuelve la cabeza cuando llaman desde una puerta.
No hay motivo para reunir ambas noticias, salvo que me han venido juntas.
No mande todavía la ropa que propone. Llevo la necesaria y podré reponer lo que falte sin aumentarle a usted el trabajo. Conserve la camisa azul del niño, si ya le ha quedado pequeña. Esa sí quisiera verla cuando vuelva.
La abraza su hijo,
Alejandro.
Manila, 7 de diciembre de 1858
Mi querida madre:
Acuso recibo de su carta de 7 de octubre.
He leído dos veces lo que cuenta de Carlos y del ruido que hace con la cuchara contra la mesa, porque al principio no podía figurármelo sentado allí.
Supongo que recibiré noticias de su cumpleaños con el próximo correo; no hacen falta novedades mayores que esa para que yo lo lea con gusto.
En cuanto al retrato, no necesito que lo vistan de una manera particular: preferiría reconocer la ropa que lleva en casa y que no lo incomoden para mostrar a otros que está cuidado.
Hace pocos días llegó el gobernador de Hong Kong, sir John Bowring, a bordo de la fragata inglesa Magicienne.
En la Secretaría hemos tenido que preparar disposiciones para su recepción y sus visitas.
Una lista de personas ocupa poco mientras conserva solo los nombres; crece en cuanto se añade dónde han de colocarse, quién los recibe y de qué puerta debe entrar cada uno.
He copiado el orden para el banquete y otra hoja para las salidas.
La segunda volvió con una enmienda porque dos compromisos estaban señalados a la misma hora, cosa que nadie había notado mientras figuraban en papeles separados.
Le traslado una parte de la minuta para que vea a qué se reduce una mañana de trabajo:
«Visitas. Se avisará con anticipación a quienes hayan de recibir al señor Gobernador de Hong Kong.
Paseo: se confirmará el recorrido y la hora antes de disponer los coches.
Banquete: la colocación se sujetará a la relación de precedencias, quedando pendiente el número de acompañantes.
Los cambios se comunicarán a la Secretaría para su traslado a los interesados».
Al margen hay un «Conforme», de otra mano. Yo había dejado sitio para las horas y lo conservan en blanco. No se crea por ello que olvidaremos avisar: antes de llenar los huecos habrá que saber cuánto desea quedarse en cada lugar una persona a la que todavía estamos preguntando adónde quiere ir.
El día de la recepción pude ver parte de la llegada desde el río.
Las embarcaciones se detenían y avanzaban para dejar paso, de modo que un hombre parecía muy próximo y al momento quedaba detrás de una barca que atravesaba la vista; sobre las cabezas se distinguían sombrillas, una manga levantada para hacer una señal y el borde claro de una escalera donde aguardaban quienes no tenían que remar.
La ropa de los que llegaban conservaba pliegues que aquí durarán poco.
Habían de presentarse en palacio, descansar, contestar saludos.
A mí me bastaba que la hoja puesta en limpio estuviera donde la habían pedido.
No sé si la leyeron entera; volvió doblada por un lugar que cortaba la relación en dos.
El visitante pregunta mucho. Eso nos obliga a buscar estados que no habríamos sacado esta semana y a solicitar noticias que deberán llegar mientras él siga interesado en ellas.
No me incomoda la tarea, aunque preferiría terminar una cuenta antes de abrir otra.
He dispuesto un montón aparte para estas comunicaciones.
Desde fuera parece que mi mesa está más despejada, porque he reunido en altura lo que antes se extendía por todo el tablero.
No me mande ropa. La que llega cerrada tanto tiempo trae un olor que tarda en salir, y aquí se pudre antes de que uno haya tenido ocasión de agradecerla.
Quisiera solamente el retrato del niño, cuando pueda hacerse sin molestias, y una noticia suya que no dependa de si yo he enviado dinero.
Dígame si duerme usted, si sale, si ha vuelto a ver a sus amigas.
No hace falta que convierta la respuesta en otra relación de gastos.
He escrito la dirección al dorso y quiero cerrar, pero el lacre sigue cediendo bajo el sello. Dejaré la carta sobre la mesa un poco más.
Su hijo, que la abraza,
Alejandro.