Copia certificada #3
Kavi comparte la pantalla desde San Luis.
Su cara se reduce a un recuadro lateral; se ha dejado las gafas un poco bajas y las sube cuando Elena se inclina hacia el ordenador.
Detrás tiene una pared clara y el borde de una cortina.
Nada permite calcular la profundidad de la habitación.
Ella recuerda, en cambio, el espacio entre las sillas del bar de Sevilla, el modo en que él había retirado su plato para que cupiera la carpeta.
—Hay una fecha imposible —dice.
—Hay afirmaciones que no pueden ser ciertas a la vez.
—Me refiero a la madre.
—Sí. Abril de veinticinco. Eso es lo que declara la copia.
Él mueve el cursor hasta la cláusula. Elena le cuenta que había pensado en un bautismo tardío. Kavi asiente. Deja la imagen de la pregunta novena al lado.
—Si aceptamos que se refieren al mismo capitán y a la misma Juana, al menos una afirmación está equivocada. La fecha, la filiación, la identidad. Aún no sabemos cuál.
Elena mira a Diego entre las dos fechas.
—En el papel no se ha quedado sin madre.
Kavi no responde enseguida. Ella vuelve a leer el nombre de Juana. En ninguna de aquellas líneas aparece otra mujer.
—¿Y el original?
—No lo he localizado. Esta es la única copia del asiento que tenemos identificada por ahora.
—Dentro de las pruebas de quien la necesitaba.
—Sí. No sé si quedan otros traslados.
Le enseña dónde ha conservado la referencia al libro y al folio. A la derecha figura la expectativa de encontrarlo, con su nombre y la fecha de hoy. No ha puesto destruido. Elena le pide que deje también la diligencia que remite a él; Kavi la abre debajo.
Luego pasan a las dos afirmaciones. En el modelo aparecen con sus fuentes y con la lectura que él propone. Elena intenta acercar una hasta la otra arrastrándola con el cursor. Nada se mueve. Kavi espera, divertido sin reírse, a que retire la mano.
—No estoy dentro de tu ordenador —dice ella.
—A veces parece que sí.
Él empieza a escribir una nota para que puedan releerla sin abrir todas las ventanas.
Pone dos creencias, una sobre lo que declara la copia, otra sobre lo que afirma la información de méritos.
Elena le pregunta quién cree eso. Kavi añade su nombre: es él quien sostiene que ha leído esas afirmaciones allí; no está atribuyendo sinceridad al escribano ni al capitán.
A continuación abre la inferencia, con la regla que utiliza y las identidades que todavía tendrán que comprobar.
—La información de méritos es anterior —dice Elena.
—Y la promovió Hernán. También tenía algo que pedir.
Él deja las dos fuentes a la misma altura. Ella acerca los pies a la pata de la silla; la madera está menos fría que el suelo.
Nota de trabajo · Kavi Chettiar · 9 de abril de 2026
Lectura A. La copia de 1739 atribuye a Diego nacimiento en abril de 1625 y filiación legítima de Hernán de Silva y Juana de Ribera, difunta. Fuente: traslado inserto en las pruebas de 1741.
Lectura B. La información de méritos sitúa la viudedad de Hernán en marzo de 1623; Villalobos declara haber asistido al entierro de Juana ese mes. Fuente: información despachada el 9 de junio de 1626.
Inferencia provisional. Si las identidades coinciden y las lecturas son correctas, las afirmaciones sobre nacimiento, maternidad y muerte no pueden mantenerse juntas. No se determina cuál es falsa. La procedencia de archivos distintos no hace independientes a los declarantes.
Pendiente: cotejo de lecturas, identidades, otros testimonios y posibles traslados del asiento. No localizado el libro citado; búsqueda abierta.
Elena le pide que vuelva al árbol. La línea entre los Silva aparece otra vez, entera. Le gustaría borrarla para poder mirar el resto. Kavi la conserva como una relación afirmada en ese documento; aparte queda la valoración de ambos, pendiente de prueba.
—¿Y si demostramos que es mentira?
—Seguirá constando que alguien lo presentó así.
Elena mira las cuatro esquinas del árbol. Ya no le parecen ocupadas de la misma manera.
Trabajan unos minutos más. Cuando Kavi deja de compartir la pantalla, su cara vuelve a llenar el recuadro y ella se endereza, como si acabara de abrirle la puerta. Él también tarda en hablar.
—¿Has cenado hoy?
—Mientras esperaba.
Elena señala el plato fuera de cámara. Kavi no le pide que lo muestre. Pregunta por las vitrinas y ella le cuenta una dificultad pequeña, sin importancia para el espejo. Al terminar espera a que él diga algo de su día. Hablan todavía diez minutos.
Después de colgar, la habitación parece haber aumentado en la parte que no alumbra la lámpara. Elena lleva el plato a la cocina y vuelve por el vaso. Al pasar junto al ordenador ve la nota, aún abierta. Copia el título del expediente y busca el correo de Marisa Otero.
Escribe que ha consultado unas pruebas de Santiago de 1741 y pregunta si puede solicitar una copia certificada de la partida inserta, y si un documento así podría tener efectos jurídicos hoy.
Añade que está cotejando los papeles con un investigador en Sevilla.
No adjunta las dos fechas ni explica qué efectos teme.
El mensaje le parece más claro después de quitar esas cosas.
En el asunto pone: Consulta sobre documento de familia.
Lo envía. Comprueba que esté en la carpeta de enviados y se levanta a cerrar el balcón. La hoja entra en su marco al segundo intento; esta vez el aire deja de moverse junto a sus tobillos.