El reflejo de Oriente. El espejo Makyo Parámetros fundamentales #3
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Parámetros fundamentales #3

Bajo el nácar se ve una extensión irregular, zonas claras entre otras más grises. Elena busca las cuatro prolongaciones que había creído distinguir en su cartulina. Una parece estar; al acercarse, la pierde entre dos densidades. Pilar cambia de toma.

—Podría corresponder a un relieve subyacente. Aquí se suman materiales y espesores. No estás viendo una superficie desnuda.

Elena le pide volver a la primera. Hay algo cerrado dentro del contorno redondo, una forma que no coincide con las placas de nácar. Con ese archivo no puede dibujarla. Tampoco quiere abrir el reverso para comprobarlo.

Sobre la mesa está el informe de ocho páginas, dos de ellas ocupadas en parte por espectros. Elena reconoce la curva en la que el analista amplió el mercurio. Al pie de las tablas hay notas que precisan lo que se ha medido; más abajo, dos firmas. Busca primero el apartado de interpretación.

INFORME DE ANÁLISIS LAB-2026-017. Extracto.

Solicitante: Museo de América. Referencia: SILVA- ESP-0001.

FRX: ánodo de rodio, 40 kV, 30 µA; 60 s por punto; colimador de 3 mm. Nueve puntos: cinco en la cara, dos en metal expuesto del borde posterior, uno en el bisel y uno en el mango. Sin desmontaje.

Cuantificación por parámetros fundamentales, con comprobación mediante materiales de referencia. Resultados superficiales y semicuantitativos. Bisel: Ag aparente 91,7 ± 1,5 % en peso. Mango: Au aparente superior al 95 %. Estas medidas no determinan la composición del espesor completo.

Cara: cobre y estaño; presencia de mercurio confirmada en los cinco puntos. Compatible con un acabado que contenga mercurio; no permite establecer el lugar ni la fecha de aplicación.

Este informe no constituye certificado de autenticidad ni de datación.

Pasa hasta la tabla del bisel. Escribe en el cuaderno «plata» y, debajo, el nombre del ensayador con una interrogación.

En otra línea pone «cara: mercurio». No sabe si entre esas dos líneas hay un taller, un viaje o dos siglos.

Había dejado poco espacio; vuelve la página y empieza otra vez, más abajo.

Elena guarda el informe antes de sentarse.

Pilar ya ha hecho las pruebas de limpieza.

Va a retirar depósitos que se han distinguido de la superficie histórica, en áreas pequeñas, con registro antes y después.

Si aparece algo que no sabe separar, se detendrá.

Se lo explica a Elena señalando las fotografías, y Elena firma la conformidad con ese alcance.

Bajo el microscopio, el hisopo humedecido en etanol recorre una zona de prueba y gira sobre sí mismo. Pilar lo mira antes de desecharlo. Hay herramientas ordenadas en una bandeja, entre ellas un lápiz de fibra de vidrio que no usa sobre la cara. Elena pregunta por él.

—Aquí me llevaría lo que estamos intentando estudiar.

El trabajo continúa por áreas. Una alarma breve en el teléfono obliga a Pilar a atender una llamada; cubre el puesto antes de salir.

Elena se queda sentada. Mira las muestras de color que conservan los hisopos y la fotografía anterior a la intervención.

El gris de la cara ha cambiado poco. Solo cuando Pilar regresa y compara una zona aún velada con otra tratada, Elena distingue la diferencia: la segunda devuelve una luz más recogida, sin adquirir brillo de objeto nuevo.

Pilar deja sin tocar una franja. La documenta. El polvo del cerquillo sigue bajo vigilancia; la limpieza de hoy no resuelve esa parte del trabajo.

—¿Hasta ahí? —pregunta Elena.

—Por hoy.

La conservadora coloca de nuevo la pieza en el soporte y enciende la lámpara articulada.

Es una halógena de filamento pequeño, sin difusor delante.

Empieza con la luz baja, casi de lado, para examinar la zona tratada.

Elena alcanza a ver las rayas que la iluminación frontal ocultaba.

Tiene la tentación de buscar su propia cara y no encuentra el ángulo.

Pilar ha traído un panel blanco. Quiere comprobar las fotografías del doce de febrero en unas condiciones que puedan dejar anotadas.

Sitúa la lámpara a ochenta centímetros y hace medir a Elena la distancia al panel.

Otros ochenta. Después gira el brazo para que la luz llegue menos tendida y busca el retorno.

Elena conserva la cinta abierta, apartada de la trayectoria. Mira el disco mientras la mancha se mueve sobre la bata de Pilar y alcanza el blanco. Espera que la otra mujer diga dónde poner la escala.

Pilar no dice nada durante unos segundos.

—Elena.

Elena mira el panel.

La mancha ocupa cerca de cuarenta centímetros.

Tiene un límite blando, más extendido hacia un lado.

Dentro hay trazos oscuros junto a otros claros, una forma erguida atravesada por algo que se ramifica.

No puede decidir dónde acaba un cuerpo y empieza lo que lo rodea.

Cuando Pilar corrige apenas la inclinación, una línea se enciende por un borde y se apaga por el otro.

Elena empieza a recoger la cinta. El resorte tira de ella y la frena con el pulgar para que no golpee el soporte.

Pilar sigue mirando el panel.

—Esto hay que medirlo en Serrano ciento veintiuno.