El reflejo de Oriente. El espejo Makyo Parámetros fundamentales #2
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Parámetros fundamentales #2

Elena mira el reloj. Al volver a la pantalla, la línea ya no es una línea. Hay dos elevaciones grandes, otras más bajas. Debajo aparecen letras. Cobre. Estaño. El operador comprueba el ajuste, guarda la adquisición y cambia la posición del soporte para el segundo punto.

Pilar ha abierto la carpeta por una hoja en blanco. Elena pregunta si ya se puede saber cuánto estaño lleva.

—En la superficie que estamos viendo —contesta el analista—. No en todo el disco.

Elena escribe «superficie». Mientras espera el segundo minuto, mira el mapa de puntos. El quinto está cerca de la costra que ella fotografió; lo han desplazado lo justo para no medirla como si fuera metal sano.

En el tercer punto, el analista amplía una zona del espectro. Comprueba otra señal y vuelve al archivo anterior. No ha dicho nada, pero Pilar se acerca a la pantalla. Elena deja el lápiz.

—Mercurio —dice él.

—¿En este punto?

—También en los otros. Vamos a terminar la serie.

El cuarto tarda exactamente lo que los demás.

Elena ve caer un segundo, otro, y se obliga a anotar el número del archivo.

Cuando termina el quinto, el mercurio sigue allí.

No llena la pantalla ni forma el pico más alto.

Es una presencia pequeña que exige abrir una ventana distinta para distinguirla bien.

Las dos medidas del borde posterior dan otro reparto de señales.

El analista las guarda separadas. No las promedia con la cara.

Pilar explica que entre una superficie trabajada y otra protegida puede haber diferencias aunque pertenezcan a la misma pieza.

Elena pregunta por la profundidad a la que están mirando.

—No hay una profundidad única para todos los elementos. Aquí el acabado cuenta mucho.

Ha escrito estaño junto a mercurio. Al lado de estaño dibuja una flecha hacia la cara del espejo. La deja sin cerrar.

En el punto ocho crece la plata; en el nueve, el oro.

Más del noventa y cinco por ciento aparente, dice el analista, y repite que habla de superficie.

Un revestimiento puede ocultar lo que hay debajo.

Elena contempla el mango: durante años habría pasado a su lado pensando que era una pieza amarilla y gastada.

Ahora tiene que preguntar de nuevo qué significa amarillo.

Nueve minutos de adquisición. Pilar y el analista llevan casi una hora colocando, comprobando, anotando.

Elena había llegado con la esperanza de salir de allí con el lugar donde se hizo el espejo.

Tiene la composición de unas zonas delgadas, una fotografía llena de círculos y varias preguntas mejor delimitadas.

—Estaño y mercurio —dice—. ¿Un acabado por amalgama?

—Es una posibilidad que encaja con espejos orientales —responde Pilar—. Habrá que estudiar la capa.

Elena escribe debajo: «El acabado excluye Nueva España». Ha terminado la última palabra cuando la conservadora se inclina a recoger la fotografía.

—¿Excluye?

Elena le muestra las dos líneas.

—Si la plata es mexicana y la cara lleva…

—Puedes encontrar un objeto reparado lejos de donde se fabricó. Más de una vez. Eso todavía no sabemos separarlo.

Elena pasa una raya sobre el verbo. Le cuesta dejar la frase sin el golpe final con que acababa de escribirla. Añade «compatible con», y la frase se alarga hasta el margen. Después cruza también «Nueva España». Debajo empieza otra línea: «¿Cuándo se aplicó el acabado?».

Pilar examina el bisel antes de devolver la pieza a su apoyo. En el cincelado del león hay una depresión que al principio parece parte del pelo. La fotografía ampliada muestra una letra, tal vez dos. Cambia la luz. Aparecen otros trazos por debajo.

—Mira aquí.

Elena se acerca al monitor. Pilar sitúa una escala junto a la zona y hace varias tomas. La marca ocupa unos dos milímetros. Elena copia lo que distingue: una ge, una ele, una zeta. Entre las letras deja espacio. Luego, en la línea siguiente, las junta: GLZ.

—¿Las ves seguidas? —pregunta Pilar.

Elena vuelve a mirar. No están a la misma altura.

Esa noche busca con las tres letras. Las primeras respuestas no se parecen en nada al bisel.

Prueba con plata, México, ensayador. En una reproducción encuentra un óvalo con letras en dos pisos; la marca completa se lee GOSA sobre LEZ.

El nombre asociado es Diego González de la Cueva.

La publicación sitúa su cargo entre 1731 y 1778.

Elena copia las fechas, pero al pasar a otra pieza encuentra diferencias en el punzón: la caja, la abreviatura, la forma de terminar una letra.

Las tres que ha copiado no bastan para elegir entre las variantes.

Elena abre la imagen y la del laboratorio una al lado de la otra.

En la suya faltan partes. Gira la fotografía, la devuelve a su posición y deja de intentar hacer coincidir la zeta con una raya del cincel.

Hay una semejanza que merece enviarse. No es todavía un nombre para escribir sin interrogaciones. En el correo a Pilar adjunta las dos imágenes y la referencia de la publicación. La plata podría llevarla al México del siglo dieciocho. No le dice cuándo se puso alrededor de ese disco.

Su madre llama mientras sigue con las fotografías abiertas.

—¿Has cenado?

—Estoy terminando.

—Te he preguntado si has cenado.

Elena va a la cocina con el teléfono. Parte pan, abre una lata, vuelve a por un plato. Nuria le cuenta que han cambiado los turnos de una compañera y que por fin ha conseguido quedar con ella. Elena escucha mejor de pie, lejos de la pantalla.

—¿Y lo de tu abuelo?

—Está en un laboratorio.

—Ya. ¿Y tú?

Elena apoya el cuchillo en el plato. Le dice que han encontrado mercurio. Empieza a explicar la diferencia entre la cara y el metal de debajo, pero se oye acelerar y para.

—No sé aún de dónde viene, mamá.

—Pues cena mientras lo averiguas.

Come sin volver al ordenador. Cuando termina, el pan que dejó junto a la lata tiene una esquina dura. Envuelve lo que sobra y lava el plato antes de abrir otra vez el correo.

El diez de marzo la radiografía está en pantalla cuando Elena entra.

Han recurrido a un servicio industrial para obtener las tomas dentro de las fechas acordadas; Pilar ha coordinado el traslado autorizado y ha añadido la documentación al depósito.

La pieza volvió el día anterior. En la ficha consta cada salida, cada entrada, el nombre de quien la recibió.