El reflejo de Oriente. El espejo Makyo 6 · Méritos y servicios
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6 · Méritos y servicios

Pedimento

Muy poderosos señores:

El capitán Hernán de Silva, vecino de esta ciudad, de edad de cuarenta y un años poco más o menos, digo que ha diecisiete años que pasé a estas islas con el socorro del año de mil y seiscientos y nueve, y desde entonces he servido a Su Majestad en las ocasiones de guerra y guarda de esta plaza que se han ofrecido, con mi persona, armas y hacienda, sin haberme ausentado de ellas para los reinos de España ni de Nueva España.

Y porque pretendo acudir ante Su Majestad y su Real Consejo de las Indias para que se me haga merced de una encomienda vaca o del entretenimiento que fuere servido, y conviene a mi derecho que mis servicios se averigüen estando vivos y presentes los que los vieron, a vuestra alteza suplico mande recibir información por el interrogatorio que presento.

Recibida, se me den dos traslados autorizados para remitirlos en la nao que este año ha de salir, juntamente con los demás papeles de mi pretensión.

No pido por esta vía liquidación de los alcances que tengo hechos a mi compañía, sobre los cuales guardo mi derecho, sino que conste haber suplido la necesidad cuando el socorro no alcanzaba.

Tampoco pido se califique por servicio la hacienda que he aventurado en el trato de Nueva España, sino el socorro que de ella resultó a personas necesitadas y a esta ciudad.

Es justicia que pido. Hernán de Silva.

Auto

En Manila, a dieciocho días del mes de mayo de mil y seiscientos y veinte y seis años, presentado este pedimento ante los señores presidente y oidores de la Real Audiencia, mandaron que se recibiesen los testigos que por el dicho capitán fuesen presentados, con citación del fiscal de Su Majestad, y diesen razón de sus dichos.

Hecha la información, se traiga para proveer sobre la entrega de los traslados, sin perjuicio del derecho de la Real Hacienda ni de otro tercero.

Así lo proveyeron y rubricaron. Ante mí, Francisco de Aranda.

En diecinueve del dicho mes hice saber este auto al fiscal de Su Majestad. Doy fe. Aranda.

Interrogatorio

Por las preguntas siguientes sean examinados los testigos que se presentaren por parte del capitán Hernán de Silva:

Primera. Si conocen al dicho capitán, de dónde es natural, qué edad tiene y desde qué tiempo le conocen; y si le han tratado en esta ciudad y fuera de ella.

Declaren asimismo su edad, parentesco, amistad, enemistad o interés en la merced que pretende, y si de él han recibido o esperan dádiva por declarar.

Segunda. Si saben que vino de soldado en el socorro de mil y seiscientos y nueve y ha continuado en estas islas, sirviendo las plazas y puestos que se le han encargado, hasta alcanzar el de capitán de infantería; y si en las ausencias que hubiere hecho de Manila fue a cosas del servicio real. Digan lo que vieron y en qué tiempo.

Tercera. Si saben que sirvió en la armada que salió al mando de don Juan Ronquillo del Castillo contra el enemigo holandés el año de mil y seiscientos y diecisiete; en qué nao iba, qué puesto tuvo y cómo acudió a él antes y durante la batalla de Playa Honda; y qué diligencia particular le vieron hacer para que las armas y municiones estuviesen apercibidas.

Cuarta. Si saben que, vuelta la dicha armada, atendió a la gente de su cargo, hizo llevar a los heridos donde pudiesen curarlos y dio cuenta de las armas y pertrechos que quedaron; y si se le vio apropiarse de cosa perteneciente a la presa o a los soldados muertos.

Digan lo que saben, sin referir por visto lo que hubieren oído.

Quinta. Si saben que, durante los siete meses que el enemigo tuvo tomadas las entradas de la bahía, desde octubre de mil y seiscientos y dieciocho hasta mayo del siguiente año, hizo las guardias de muralla y galeras que le tocaron, y socorrió a su compañía con dinero suyo por falta de paga; y cuánto tiempo suplió y cómo lo saben.

Sexta. Si saben que el dicho capitán tuvo siempre su compañía pronta para las muestras y guardias, sin poner en las listas hombres ausentes por presentes, y que, faltando vestido y calzado a algunos soldados, los hizo proveer sin dejar por esto desguarnecido su puesto.

Digan qué parte les consta y de qué años.

Séptima. Si saben que compró boletas a viudas de soldados y a la santa Misericordia, a los precios corrientes, dando por ellas dinero de contado, con el cual se remediaron necesidades; y que cargó conforme a ellas en las naos de Nueva España.

Digan los años y partidas de que tengan noticia y si asistieron a las pagas.

Octava. Si saben que ha ayudado con limosnas a la iglesia del pueblo de los japones y a otras obras pías; y que hizo aderezar a su costa dos pedreros para servicio de esta plaza, sin llevar de la Real Caja el gasto de su aderezo. Digan cuánto vieron dar y a quién, si lo saben.

Novena. Si saben que tiene casa poblada en esta ciudad y vive con el trato correspondiente a su oficio; que fue casado con doña Juana de Ribera, de quien es viudo desde marzo de mil y seiscientos y veinte y tres, y tiene un hijo legítimo; y si por tal vecino, viudo y padre de familia es tenido y comúnmente reputado.

Décima. Si saben que ha satisfecho los conciertos y obligaciones que ha tomado, sin dejar de pagar a los que con él han contratado, y que en las diferencias sobre cuentas ha acudido a la justicia y cumplido lo mandado.

Digan los negocios particulares que conocen y no solamente la fama que de ellos haya.

Undécima. Ítem, si saben que desde el año de mil y seiscientos y veinte y tres, y después de venido el señor don Fernando de Silva, el dicho capitán ha continuado sirviendo y acudido a las órdenes que se le han dado, aunque se hayan suspendido pretensiones suyas, sin que por ello dejase de asistir a su compañía.

Duodécima. Si por lo que de los dichos servicios les consta tienen al capitán por persona a quien Su Majestad pueda hacer merced, y si lo que han declarado es público y notorio o lo saben por vista particular; y declaren cualquier cosa que al crédito de sus dichos convenga.

Hernán de Silva.

Primer testigo

En veinte de mayo del dicho año, en las casas reales, fue presentado el alférez Cristóbal Gómez de Sequeira. Recibiósele juramento por Dios y una cruz, y prometió decir verdad. Fue preguntado apartadamente y dijo lo siguiente.

A la primera, que conoce al capitán de catorce años a esta parte y le tiene por natural de Badajoz; su edad no sabe más de la que él mismo refiere.

Este testigo es de cuarenta y tres años, no es su pariente y ha servido debajo de su mando.

Le tiene amistad de trato. No ha recibido cosa por este dicho ni espera parte de la merced.

A la segunda, que cuando le conoció ya servía en estas islas, y después le vio soldado y oficial; de su venida en el socorro no fue testigo. Nunca le supo ausente para Nueva España.

A la tercera, que iba con él en la capitana San Salvador, a cargo ambos de gente de infantería, y al dicho capitán le tocó el puesto del alcázar.

Antes de darse la batalla advirtió que la munición dispuesta para aquel puesto iba corrida a la banda.

Mandó deshacer aquella estiba, apartar los envases de la tabla húmeda y asentarlos sobre los durmientes, bien trincados.

Y porque un cabo no alcanzaba, él mismo lo deshizo y volvió a pasar por debajo, mientras este testigo tenía firme el primer envase.

Hízolo sin encender luz, que todavía la había del día.

Después entró agua por aquella parte y la pólvora no se mojó.

Este testigo recibió de ella durante la pelea y hallóla seca.

Del daño que con ella se hizo al enemigo no puede dar cuenta separada del que hicieron los demás.

A la cuarta, que vio conducir dos heridos por mandado del capitán y entregar sus armas. No vio el reparto de la presa ni puede responder por lo que pasó en otros puestos.

A la quinta, que hizo con él guardias de tierra y embarcó por su orden en galeras; no sabe el número de todas. Recibió dinero cuando la Caja no pagaba, pero no tuvo a su cargo la cuenta de la compañía.

A la sexta, que las veces que pasó muestra halló al capitán presente y la gente que se nombraba acudía. Una vez se detuvo la lista por faltar un soldado, y se le puso por ausente hasta que llegó. De las otras muestras no responde.

A la séptima y octava, que lo ha oído, salvo una limosna que le vio entregar a un religioso; no supo su cantidad.

A la novena, que visitó la casa viviendo doña Juana, y después la supo difunta. Conoce al hijo que el capitán tiene y por legítimo es tenido.

A la décima, que han tenido cuentas entre sí y están fenecidas. A la undécima, que le ha visto acudir a las órdenes después de la venida del señor don Fernando, como antes acudía. A la duodécima, que le tiene por merecedor de merced por lo que ha declarado, y esto es la verdad.

Leído su dicho, se afirmó y ratificó en él, y firmólo. Cristóbal Gómez de Sequeira. Ante mí, Aranda.

Segundo testigo

En veintidós del dicho mes compareció Francisco de Villalobos, soldado que fue y al presente vecino de Manila.

Juró según derecho y declaró que es de cuarenta y ocho años; conoce al capitán desde su venida en el socorro, pues entraron en la misma muestra.

No es su deudo. Le ha llevado cuentas y recibido salario por ello, pero no depende de la merced que pide ni se le ha prometido paga por testificar.

A la segunda pregunta, que le conoció recién llegado, con plaza de soldado, y desde entonces le ha visto servir en diferentes puestos.

No estuvo con él todos los años ni afirma lo que en ellos hizo.

Que el nombre con que entró en la muestra era Hernando de Silva, y es la misma persona a quien ahora se llama Hernán.