Capítulo 8 — Lo que no explicaba una entrada #2
Clara asintió. Mientras Pilar preparaba un plato, dejó el bolso bajo la barra y llevó a Migas hasta su caja. El gato volvió a la silla en cuanto ella se alejó.
Pilar no preguntó qué habían encontrado. Clara había prometido a Aranda no convertir un resultado de la investigación en noticia de sobremesa. Podía contar a Pilar que había sido difícil, pero no necesitaba pedirle que cargara con detalles que aún no correspondía difundir.
—Hay algo importante —dijo—. Todavía tienen que hablar con Olivia.
Pilar colocó el plato delante de ella.
—Entonces habla con ella Aranda.
Clara comió. Desde su mesa podía ver el lugar donde Olivia se había sentado con la infusión, tan cerca de la ventana que la luz había dejado una franja sobre el borde de su taza.
No sabía si aquella conversación había ocurrido antes o después de que la policía recibiera el resultado del examen.
No cambiaba lo que Olivia había dicho sobre el despacho.
Ramiro llegó a recoger la reserva de comida. Vio que Clara no había terminado y se dirigió a Pilar. Le pidió que comprobara el número de raciones; Pilar le mostró la hoja y ambos descubrieron que habían contado lo mismo de maneras distintas.
—Así no tendremos que rehacerla —dijo Ramiro.
—Eso espero —respondió ella.
Clara escuchó el intercambio desde la mesa. Resultaba extraño que algo pudiera seguir funcionando con tan poca dificultad mientras Aranda preparaba una nueva conversación con Olivia. También resultaba necesario.
A media tarde, Fabián entró en el Aurora. Venía del cine, donde había dejado a Rocío hablando con una persona interesada en la programación. Pidió agua, vio a Clara y se acercó sin sentarse.
—Me han vuelto a preguntar por la puerta del despacho —dijo.
—¿Has cambiado algo de lo que contaste?
—No. Les he dicho lo que vi y lo que no vi.
—Es lo que necesitaban.
Fabián miró hacia la calle.
—Cuando subí a la cabina pensé que Olivia y su padre tardarían dos minutos. Llevaban días discutiendo. Yo había salido para hacer una llamada que no debería haber hecho durante la proyección. Estaba ocupado en esconder eso.
—No podías saber lo que ocurriría después.
—Podía haber contado la verdad aquella noche.
Clara no le quitó esa responsabilidad. Su demora había permitido que la conversación anterior entre Silvano y Leonor ocupara más espacio del que merecía. También había acabado por corregirla ante la policía, aunque hacerlo lo dejara mal con Rocío.
—Se lo contaste —dijo—. Ahora deja que comprueben el resto.
Fabián bebió el agua. Antes de marcharse miró la caja de Migas.
—Silvano habría dicho que el fondo se va a romper.
—Olivia dijo lo mismo.
El comentario quedó entre ellos. Era una observación corriente de dos personas que habían conocido al mismo hombre. Fabián dejó el vaso en la barra y salió.
Clara pensó en llamar a Leonor y dejó el teléfono sobre la barra. Aranda tendría que hablar con ella. Clara no quería darle una noticia a medias después de tantos días respondiendo a sospechas ajenas.
Al anochecer, Rocío pasó por el Aurora. Fabián le había dicho que tomaría algo allí, pero ya había regresado al cine.
Rocío se quedó unos minutos y preguntó por el horario del día siguiente.
Quería abrir el vestíbulo para que quien lo deseara pudiera entrar a dejar una nota sobre Silvano sin quedarse en la calle.
—No tienes que hacerlo mañana —dijo Pilar.
—Lo sé. Tampoco quiero que la puerta siga cerrada solo porque no sé qué otra cosa hacer.
Clara pensó en el programa de prueba y en el cartel del ciclo. Rocío aún tenía decisiones concretas por delante, algunas pequeñas y otras no. Aquella puerta podía abrirse sin que Silvano volviera a ser presentado como alguien disponible para futuras sesiones.
—Confirma que puedes abrirlo al público —dijo Clara.
—Lo haré. He aprendido a no imprimir primero.
Rocío sonrió con cansancio. Se despidió y fue a buscar a Fabián.
El teléfono sonó cuando Pilar estaba cerrando la caja registradora. Clara lo atendió. Aranda se identificó y le preguntó si podía hablar con tranquilidad. Ella salió al pequeño espacio junto al ventanal.
—Olivia ha sido detenida —dijo.
Clara se apoyó en el marco.
—¿Ha hablado?
—Ha respondido a algunas preguntas y ha mantenido otras versiones. La medida se basa en las pruebas reunidas. No voy a darte detalles de su declaración por teléfono.
—Entiendo.
Desde la barra le llegaba el sonido de Pilar colocando monedas en sus compartimentos. Clara quiso hacer más preguntas, pero Aranda acababa de decirle que no podía darle esos detalles por teléfono.
—Gracias por avisarme —dijo.
—Has sido cuidadosa al contar lo que viste, Clara. Eso ha ayudado.
Ella miró la calle y la esquina por la que se llegaba al cine.
—Había momentos en que deseaba haber visto más.
—Lo que no viste también estaba claro en tus declaraciones.
Se despidieron. Clara guardó el móvil y volvió a la barra. Pilar levantó la cabeza.
—Era Aranda.
—¿Ya habló con Olivia?
—Sí. La han detenido.
Pilar dejó la caja registradora abierta. No pareció buscar una frase que hiciera de aquello una buena noticia.
—Silvano la quería mucho —dijo.
—Ella también lo quería.
—Lo sé.
Cerraron el café juntas. Pilar retiró la servilleta que Migas había dejado bajo la silla. Clara apagó la luz de la barra y comprobó que el gato tuviera agua. Ninguna propuso ir al cine ni llamar a Rocío. Aranda se ocuparía de comunicar lo que correspondiera a quienes debían saberlo.
Antes de salir, Clara miró la caja donde Migas se había instalado otra vez. Una esquina empezaba a ceder, tal como Olivia y Fabián habían previsto. El gato seguía dentro sin prestar atención al cartón.
En La Esquina Alta, el control 4B había servido para dirigir las miradas hacia Leonor.
Durante varios días, Clara también había mirado allí, intentando explicar una butaca vacía.
Las tijeras, la entrada negada al despacho y la frase sobre el papel exigían mirar a Olivia.
La policía había actuado con esas pruebas, sin esperar que ella decidiera contar lo ocurrido.
Clara bajó la persiana del Aurora. La investigación señalaba a Olivia y ella tendría que responder por lo ocurrido. Saberlo no hacía más sencillo pensar en Silvano.