El muerto que compró dos entradas Capítulo 8 — Lo que no explicaba una entrada
82%

Capítulo 8 — Lo que no explicaba una entrada

Lo que no explicaba una entrada

Aranda llamó al Café Aurora antes de que abrieran al público.

Pilar estaba llenando los recipientes de azúcar. Clara sostuvo el teléfono junto a la ventana, desde donde veía la calle todavía tranquila.

—Necesito que vengas a declarar una vez más —dijo el inspector—. Sobre las herramientas de Olivia. Puedes hacerlo cuando termine vuestro turno de mañana.

—Las vi antes de la sesión y vi el estuche después. Eso ya te lo conté.

—Sí. Quiero precisar quién tuvo las tijeras en la mano mientras estuviste preparando el café.

Clara miró hacia Pilar. La noche del cine le parecía a veces una sucesión de objetos extraordinariamente nítidos, separados por espacios donde no había prestado atención.

—Puedo ir al mediodía.

—Te esperamos entonces.

Pilar dejó de llenar el azúcar cuando Clara colgó.

—¿Tienes que salir?

—Después del turno. Quiere preguntarme por las tijeras de Olivia.

—Las grandes. Las usó para los carteles.

—Eso recuerdo. Quiere saber quién más las tocó.

Pilar cerró el recipiente.

—Yo no. Olivia las llevaba cuando llegamos. Luego guardó el estuche.

Clara le pidió que no añadiera nada para ayudarla a recordar.

Pilar aceptó sin molestarse. Durante la mañana trabajaron como de costumbre.

Un cliente derramó azúcar sobre la mesa, Migas intentó investigar los granos y Clara lo apartó antes de limpiar.

Una mujer pidió llevarse dos cafés para un establecimiento cercano y quiso saber si habría otra sesión especial en La Esquina Alta.

Pilar respondió que el cine decidiría cuándo anunciar su programación.

No hablaron del asesinato delante de los clientes.

Clara agradeció poder servir un café sin convertir cada movimiento de la mano en una prueba.

Aun así, al limpiar la mesa de trabajo recordó a Olivia cerrando las tijeras, guardándolas entre una regla y varios rollos de cinta.

Silvano había estado cerca. Había sostenido una bandeja para Clara y discutido con Fabián.

¿Había tocado también el estuche? Clara no lo recordaba. Tendría que decir exactamente eso.

Cuando salió, Pilar ya había organizado el servicio del resto de la tarde.

—Hay comida para los dos turnos y Ramiro vendrá a recoger una reserva —dijo—. No necesitas volver a tiempo para recibirlo.

—Volveré cuando termine.

—Eso sí puedes hacer.

Clara caminó hasta la comisaría. En el trayecto repasó lo que sabía sin intentar llenar los huecos.

Antes de abrir el cine, Olivia había cortado cartón y guardado las tijeras.

Durante los cortos, Fabián la vio entrar en el despacho con el estuche.

Clara la vio regresar por el corredor y colocarlo bajo unos programas.

La policía lo recogió aquella misma noche.

Entre la preparación y el hallazgo hubo muchos minutos que ella no había presenciado.

Aranda la recibió en una sala sencilla. Otro agente tomó nota de la declaración. El inspector comenzó por la mesa auxiliar y pidió a Clara que describiera el estuche, su posición y el momento en que había visto a Olivia guardarlo. Después volvió a los preparativos.

—Cuando llegaste, ¿las tijeras estaban en la mano de Olivia?

—Sí. Llevaba también tiras de cartón. Su padre le pidió que dejara lo que llevaba antes de seguir.

—¿Viste cortar con ellas?

—Más tarde. Ajustó un soporte de cartón junto a la taquilla.

—¿Alguien se las pidió prestadas?

—No delante de mí.

—¿Silvano las tocó?

Clara pensó en él saliendo del despacho, sujetando la bandeja del café y mostrando las entradas. Había entrado y salido de su campo de visión muchas veces.

—No lo vi tocarlas. No puedo afirmar que no lo hiciera cuando yo estaba sirviendo.

El agente anotó su respuesta. Aranda no la repitió con otras palabras para volverla más útil.

—Cuando Rocío encontró a Silvano, al final del bloque de cortos, ¿Olivia llegó a atenderlo?

—No. Los sanitarios estaban en el despacho. Ella quiso entrar al saber que era su padre, pero Fabián le explicó que debían dejar libre el corredor. Después tampoco la dejaste pasar tú.

—¿La viste acercarse a la puerta antes de que llegáramos?

—Estaba en el vestíbulo. No la vi entrar.

La pregunta le produjo una incomodidad que no venía de dudar de la respuesta.

Olivia había recibido la noticia a unos pasos del despacho y había esperado donde le dijeron que esperara.

Aquello había sido terrible para ella. También establecía que, hasta donde Clara había visto, no tocó el cuerpo después de la muerte.

Aranda preguntó por el estuche una última vez.

—¿Lo abriste, lo cambiaste de sitio o viste que alguien lo hiciera antes de que lo recogiéramos?

—No. Cuando regresé de los aseos, Olivia lo dejó bajo los programas. Después atendimos a Silvano y llegaron los agentes. No estuve mirando la mesa todo el tiempo.

—¿Dónde estaba mientras llamabas a emergencias?

—El estuche, en el vestíbulo. Yo estaba en el despacho con Rocío y luego salí para despejar la entrada. Cuando volví, seguía bajo los programas.

—Bien.

El agente terminó de leerle lo que había anotado. Clara corrigió una frase: había visto a Olivia volver del corredor, no salir del despacho. Firmó cuando el texto reflejó la diferencia.

Aranda esperó a que el agente se marchara para hablarle de los resultados.

—Hemos examinado las tijeras del estuche —dijo—. Hay sangre de Silvano en ellas. La lesión que le causó la muerte es compatible con ese objeto.

Clara miró la carpeta cerrada sobre la mesa. Durante días había pensado en aquellas tijeras como una posibilidad que no debía adelantar al examen. Ahora la posibilidad tenía un peso que sus recuerdos, por sí solos, no podían darle.

—No recuerdo haber visto sangre en ellas durante los preparativos —dijo Clara.

—No lo añadas ahora como una certeza. Las viste en uso normal y no advertiste ninguna herida ni un incidente con Silvano. Eso es lo que has declarado.

—¿Y si él se hizo un corte antes?

—Hemos considerado esa posibilidad. El resultado no nos dice por sí solo cuándo llegó la sangre a las tijeras. Tampoco basta con que pertenezcan a Olivia. Por eso estamos examinando quién las llevó y qué contacto tuvo con Silvano.

Clara miró sus manos sobre la mesa. Había corregido una frase antes de firmar y acababa de estar a punto de añadir otra certeza que no tenía. Aranda esperó a que continuara.

—Rocío lo atendió —dijo—. Ella sí estuvo junto a él después.

—No manejó el estuche. Ni ella ni los sanitarios. Eso también se ha comprobado.

—Fabián pudo acercarse a la mesa del vestíbulo.

—El estuche estuvo en un lugar accesible —respondió Aranda—.

Pero Rocío confirma que Fabián permaneció con ella en la cabina desde que subió hasta que fue a buscar a Silvano.

Después lo sitúan en el corredor y en la entrada, ayudando a despejar el paso.

Hemos revisado también los movimientos de Rocío y los de quienes intervinieron en el socorro.

No hemos encontrado indicios de que ninguno manipulara esas herramientas.

Aranda abrió la carpeta. No le mostró imágenes. Consultó una página y volvió a cerrarla.

—Silvano estaba vivo cuando Fabián habló con él.

Fabián vio entrar a Olivia en el despacho llevando el estuche.

Ella niega esa entrada. Tú la viste regresar por el corredor con él.

Después describió un detalle del papel hallado bajo la mesa que no hemos podido relacionar con información recibida tras el descubrimiento.

La sangre de Silvano está en las tijeras que guardaba.

Clara repasó la secuencia: Olivia entrando con el estuche, Olivia de vuelta por el corredor, Olivia negando la visita y preguntando por un papel cuya posición nadie le había explicado. Hasta entonces las tijeras habían sido una posibilidad. El resultado del examen las vinculaba ahora a Silvano.

—¿Habéis establecido quién sacó el control de la caja? —preguntó.

—Aún no tenemos una persona que viera cogerlo. Sí tenemos la entrada de Leonor separada por Rocío, la parte grande que conservó y la pequeña encontrada donde no debía estar. El desplazamiento del control forma parte del mismo período que estamos reconstruyendo.

—Podría haberlo cogido otra persona.

—Hemos investigado esa posibilidad. El conocimiento de la posición del papel, junto con los movimientos de Olivia, apunta a ella. El acceso a la caja estaba abierto a más personas; por eso lo hemos cotejado con el resto de las pruebas.

Aranda parecía cansado. Clara comprendió que la cautela no disminuía lo que acababa de contarle. Era la forma de hacer que el resultado resistiera una explicación alternativa.

—Olivia me habló de su padre ayer —dijo—. Llevaba años ayudándole. Estaba dolida porque él quería viajar sin que ella decidiera cómo organizarlo.

—Eso explica un conflicto. No determina lo que hizo.

—Lo sé.

Había querido a Silvano. Clara no dudaba de ello.

Recordaba a Olivia describiendo los programas que él guardaba con fechas escritas detrás y el modo en que entraba en su taller con papeles que nadie le había pedido llevar.

También recordaba que, al hablar del viaje, Olivia había convertido una decisión de su padre en algo que debía pasar por ella para ser válido.

Ninguna de esas escenas borraba las tijeras.

—Vamos a pedirle que responda a los elementos que hemos reunido —dijo Aranda—. El procedimiento lo llevaremos nosotros. Te pido que reserves estos resultados hasta que hayamos hablado con ella. Tú has terminado aquí por hoy.

Clara se levantó. En la puerta se volvió.

—Si no admite nada...

—La investigación no depende de que lo haga.

El inspector sostuvo la mirada sin añadir una promesa sobre el resultado. Clara regresó al Aurora andando más despacio de lo habitual.

En el café, Pilar estaba contando las tazas limpias. Migas ocupaba la silla que había dejado libre un cliente y mantenía una pata sobre una servilleta caída.

—Has vuelto antes que Ramiro —dijo Pilar.

—Le dije a Aranda lo que recordaba.

—¿Quieres comer?