Capítulo 7 — Debajo de la mesa #2
Se despidió. Clara la vio pasar junto a la jardinera sin volver a tocar la flor.
Permaneció unos segundos frente a la mesa que Olivia había ocupado.
La conversación le había dado una imagen más amplia de la relación entre padre e hija.
No había cambiado el trayecto que Fabián describió ni el que ella misma vio desde el corredor del cine.
Pilar salió de la terraza con una bandeja.
—No voy a preguntarte qué ha dicho —dijo.
—Ha hablado de Silvano. También ha repetido que no entró en el despacho durante la proyección.
Pilar apoyó la bandeja detrás de la barra.
—Entonces sí has acabado diciéndomelo.
—Es la parte que afecta a lo que declaré. El resto era suyo.
Migas salió de la caja y una solapa vencida cayó junto al paquete cerrado de servilletas. Pilar la recogió.
—Esta vez no voy a arreglársela —anunció.
El gato encontró la otra caja que llevaba días junto a la pared. Clara la apartó del paso con el pie y volvió al trabajo.
Por la tarde se cruzó con Leonor en la pequeña plaza cercana al cine. Estaba sentada en un banco con una bolsa de la compra a sus pies. Había comprado pan y fruta. Le hizo un gesto a Clara para que se acercara.
—He visto a Olivia entrar en el Aurora —dijo.
—Tomó una infusión.
—Antes habría llamado a Silvano para saber si estaba bien.
Leonor dejó espacio a su lado. Clara se sentó. A diferencia de la primera vez que hablaron, ninguna tenía que averiguar qué relación había tenido la otra con el hombre muerto.
—Olivia me dijo que llevaba años ayudándole con las cosas de casa —dijo Clara.
—Es verdad. Silvano me hablaba de ella con orgullo. Decía que podía reparar un libro tan bien que el dueño volvía a leerlo en vez de guardarlo por miedo a estropearlo.
—Ella también le quería.
—No lo he dudado.
Leonor cogió la bolsa antes de que resbalara del banco.
—Cuando me contó que iba a hablarle del viaje, le pregunté qué cambiaría en casa durante esas semanas. Había organizado lo necesario. No era un hombre que saliera por la puerta dejando a su hija una lista imposible.
—A Olivia le pareció que tomasteis la decisión sin ella.
—La tomamos sin ella —dijo Leonor—. Eso no significa que quisiéramos ocultársela. Silvano quería contárselo él mismo. Pensaba que al principio le dolería y que después podrían hablar.
Clara recordó a Olivia diciendo que llevaba años ocupándose de las citas y las cuentas.
—Quizá Silvano tardó en explicarle qué quería cambiar —dijo.
Leonor asintió.
—Podría haber conversado mejor con las dos —dijo—. A mí también intentó anunciarme delante de todo un cine. Podía ser muy considerado y, al minuto siguiente, decidir por ti lo que sería una alegría.
—Te enfadaste.
—Mucho. Al sentarme al fondo pensé que había conseguido hacérselo entender. No sabía qué otras conversaciones le quedaban pendientes.
Clara miró hacia La Esquina Alta. Desde la plaza no se veía el despacho, solo la esquina del cartel luminoso.
—No sabemos qué hablaron Olivia y él durante los cortos.
—No. Aranda me ha preguntado si vi a Silvano después de dejar el despacho. Le he dicho lo mismo que a ti: vi moverse a alguien en su fila, pero no lo distinguí bien. Sé por ti que se sentó allí.
Leonor había dejado de tocar la correa de la bolsa. Saber que Fabián habló con Silvano después no le había devuelto la conversación que esperaba tener con él a la salida.
—La gente sigue preguntándome si me habría ido de viaje sin avisar a nadie —dijo—. Si habría dejado todo aquí. Han convertido unas semanas fuera en una fuga.
—¿Qué les respondes?
—A quienes tienen que saberlo, la verdad. A los demás, cada vez menos.
Se levantó con la bolsa. Clara la acompañó hasta la salida de la plaza.
—Silvano eligió aquella sesión —añadió Leonor—. Eligió los asientos y tuvo la mala idea de querer presentarme. Me habría gustado poder reprochárselo otra vez. No quiero que ahora digan que ni siquiera era capaz de escoger una película sin que alguien decidiera por él.
Clara vio que ajustaba el peso de la compra de una mano a la otra antes de seguir caminando.
No había pedido a Clara que defendiera su relación ni que corrigiera cada conversación del barrio.
Le había contado algo sobre la capacidad de Silvano para querer a varias personas y, aun así, pedirles cosas incompatibles.
Aranda llamó cuando Clara regresaba al Portal 7. Ella se detuvo bajo la sombra de la entrada para escucharlo.
—He comprobado la conversación de la primera noche —dijo él—. Pilar recuerda la misma frase que tú. He hablado con Rocío y con las personas que entraron en el despacho.
—¿Rocío vio el papel?
—Lo vio cuando se arrodilló junto a Silvano. Dice que no mencionó su posición a Olivia. Los sanitarios se ocuparon de él y salieron por el corredor; ninguno recuerda haber descrito el papel en el vestíbulo. Los agentes tampoco comunicaron ese detalle a los presentes.
—Puede haber algo que nadie recuerde.
—Puede. Por eso una frase no sustituye el resto de la investigación. Pero no hemos encontrado una conversación en la que Olivia pudiera haberla oído.
Clara miró la jardinera. La flor que Olivia había colocado sobre el borde ya no estaba. Alguien la habría recogido, o el viento la habría llevado al suelo de nuevo.
—Ella me ha dicho hoy que no entró en el despacho durante los cortos.
—Nos ha dicho lo mismo.
—Fabián sostiene que la vio entrar.
—Sí. Hemos tomado de nuevo sus declaraciones por separado. Ninguno ha cambiado esa parte.
Desde la calle llegó el ruido de una motocicleta. Clara esperó a que pasara antes de continuar.
—Yo vi a Olivia volver con el estuche —dijo—. No vi lo que hizo en la taquilla.
—Lo tengo presente.
—¿Han terminado de examinarlo?
—Aún no tengo un resultado cerrado que pueda utilizar. En cuanto lo tenga, lo pondré junto a los movimientos y a los testimonios.
Clara oyó a Pilar mover una silla dentro del café. No necesitaba que el inspector le prometiera una conclusión para aquella tarde.
—Si recuerdo algo más de aquella conversación, te llamaré —dijo.
—Y has hecho bien. Ahora sabemos que Olivia describió un detalle del despacho que no hemos podido relacionar con ninguna información recibida después del hallazgo. Es una razón para examinar con más cuidado su versión de la noche.
Se despidieron. Clara entró en el Aurora. Pilar estaba terminando de recoger las mesas y había dejado dos tazas limpias sobre la barra, aunque ninguna de las dos había pedido café.
—¿Qué te ha dicho? —preguntó.
—Ha comprobado si alguien pudo contarle a Olivia dónde estaba la entrada. No ha encontrado a nadie que se lo dijera.
Pilar miró hacia el ventanal.
—Entonces debió de verlo.
—Es lo que parece. Aranda aún tiene que reunirlo con lo demás.
Pilar no discutió la cautela. Puso una de las tazas en su sitio y dejó la otra para Clara, por si la quería. Luego fue a bajar la persiana.
Clara permaneció unos momentos junto a la barra.
La noche del cine, el pequeño papel bajo la mesa le había parecido un objeto perdido en una habitación donde nada más importaba tanto como Silvano.
Olivia lo había nombrado antes de poder entrar a verlo después de la muerte.
Ahora también negaba haber entrado cuando él seguía vivo, pese a que Fabián la situaba en la puerta.
Las dos afirmaciones no podían sostenerse fácilmente a la vez. Clara aún no sabía todo lo que había ocurrido en el despacho. Sabía qué parte de aquella historia debía resistir la siguiente comprobación.