Capítulo 6 — Fuera de la cabina #3
—Me ayudó a entender qué había supuesto sin comprobarlo.
Ella aceptó la respuesta con una inclinación de cabeza y probó el café.
El nombre de Leonor siguió apareciendo durante la tarde. Un cliente quería saber si la policía la había descartado; otro aseguraba que el control junto al cuerpo no podía haber llegado solo. Clara se limitó a pedirles que esperaran noticias de la investigación. Ninguno quedó satisfecho.
Cuando Leonor entró, Pilar acababa de decirle a un hombre que podía hablar del tiempo o de las películas, pero que ella no iba a servir café acompañado de una acusación. El hombre se volvió hacia la puerta y calló.
Leonor lo vio. Pidió un café solo y ocupó una mesa libre. No parecía necesitar que Clara acudiera a defenderla.
—He vuelto a hablar con Aranda —dijo cuando Clara le llevó la taza—. Me preguntó en qué momentos recordaba haber visto la pantalla y quién estaba cerca.
—También ha hablado con Ramiro y Amparo.
—Los vi allí. No sé si se fijaron en mí.
—Recuerdan tu abrigo.
Leonor miró la prenda doblada sobre la silla.
—Ha trabajado más que yo en esta investigación.
Clara sonrió, pero la expresión de Leonor cambió enseguida.
—Pensé en volver a la cuarta fila durante el segundo corto —dijo—. No lo hice. Estaba esperando a que Silvano volviera a su sitio.
Clara se sentó solo cuando Leonor le indicó la silla.
—Salió durante el primero. Fabián lo vio después en el despacho, hablando.
Leonor dejó la taza a medio camino.
—¿Vivo?
—Sí. Ya se lo ha contado a la policía. No conozco todos los detalles.
Leonor bajó la taza sin beber. Había contado su discusión tantas veces que a Clara le pareció verla buscar sitio para aquel recuerdo nuevo: Silvano de pie junto a una mesa, preguntando por un micrófono.
—Le había prometido que hablaríamos al salir —dijo—. Lo último que le dije fue que no me sentaría donde él había decidido por los dos.
—Habíais discutido sobre algo real.
—Lo sé. No quiero convertirlo en una frase hermosa solo porque ya no puedo corregirla.
Clara no respondió. Desde la barra, Pilar atendía a otro cliente. Migas se había dormido con una pata fuera de la caja, ajeno al abrigo verde y a las miradas que algunos seguían dirigiéndole a Leonor.
—No necesito que me digas que soy inocente —añadió ella—. Ya he contado lo que hice. Quiero que averigüen qué le ocurrió cuando salió de aquella sala.
—Eso están haciendo.
Leonor bebió por fin el café. Permaneció unos minutos más, lo pagó y salió sin apresurarse. El hombre que había callado a su llegada esperó a que se cerrara la puerta para pedir la cuenta.
Al anochecer, Clara cerró la caja registradora y salió un momento al vestíbulo del Portal 7. La jardinera central proyectaba una sombra irregular sobre el suelo. Amparo y Ramiro se habían marchado; Pilar ordenaba el café antes de bajar la persiana. Clara podía oírla desde allí.
Había intentado recordar la noche del cine muchas veces.
En una de esas versiones, Olivia regresaba del corredor porque había dejado sus herramientas en alguna mesa.
En otra, había acompañado al padre hasta el despacho, hablado con él y salido mientras él seguía vivo.
La versión de Fabián eliminaba una parte de la duda: la había visto entrar allí después de hablar con Silvano.
Todavía no decía cuándo salió ni qué había hecho dentro.
Clara llamó a Aranda. No esperó a tener una conclusión para justificar la llamada.
—He repasado lo que vi cuando volví de los aseos —dijo—. Olivia dejó el estuche bajo los programas. No vi que se detuviera en la taquilla. Tampoco podía verla desde el baño.
—Lo has declarado así.
—Quería estar segura de no haber convertido el regreso en una ruta completa.
—No lo has hecho.
Clara miró la puerta interior del Aurora. Pilar apagó la luz del fondo y dejó encendida la de la barra.
—La entrada en el despacho la vio Fabián. El regreso por el corredor lo vi yo. Entre las dos cosas nadie siguió a Olivia todo el tiempo.
—Exactamente.
—Ella dijo que había hablado con su padre antes de la proyección.
—Y mantiene que no entró en el despacho durante los cortos.
Aranda guardó silencio. Clara miró hacia el interior del café, donde Pilar estaba poniéndose el abrigo.
—Los materiales siguen examinándose —dijo después—. Cuando tenga un resultado que cambie lo que sabemos, lo pondremos junto a los testimonios. No antes.
Clara se despidió. Regresó al café y ayudó a Pilar a guardar las últimas tazas. No volvieron a hablar del caso mientras trabajaban.
Al terminar, vio el abrigo de Pilar colgado junto a la puerta y recordó el de Leonor doblado sobre una butaca que no le correspondía.
Habían dedicado días a averiguar por qué la mujer de la 4B había elegido el fondo de la sala.
Ahora sabían algo más cercano a la muerte de Silvano: después de que ella entrara en la sala, él habló con Fabián y recibió a Olivia en el despacho.
Olivia había negado esa entrada. Clara ya no necesitaba imaginar el interior de la habitación para saber que aquella negativa tenía que explicarse.