El muerto que compró dos entradas Capítulo 6 — Fuera de la cabina
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Capítulo 6 — Fuera de la cabina

Fuera de la cabina

Fabián llegó al Café Aurora cuando Pilar estaba retirando las tazas del desayuno.

Entró, miró la mesa del fondo y eligió una junto a la pared. No llevaba el abrigo que había usado en el cine, pero sí la misma expresión con que había recogido los cables después de que encontraran a Silvano: parecía dispuesto a realizar una tarea concreta y no saber por dónde empezar.

—Un café solo —pidió.

Pilar se lo sirvió. Fabián dejó el dinero junto al plato antes de probarlo.

—Clara, he hablado esta mañana con Aranda.

Ella estaba colocando vasos limpios detrás de la barra. Terminó la fila y se acercó.

—¿Has aclarado lo de la cabina?

—Sí. Debí hacerlo la primera noche.

Pilar miró a Clara, cogió la bandeja vacía y fue a atender otra mesa. Fabián sostuvo la taza sin beber. No parecía haber ido al Aurora para conseguir que alguien le perdonara la tardanza. Clara se sentó frente a él.

—Bajé durante los cortos —dijo—. Poco después de que empezaran.

—Rocío te vio volver.

—Rocío subió cuando yo ya estaba otra vez en la cabina. No sabe dónde estuve antes.

Había respondido con tanta exactitud que Clara pensó en las preguntas que debía de haberle hecho Aranda.

—¿Saliste del cine?

—Hasta la puerta de la calle. Necesitaba hablar por teléfono sin tener a todo el mundo alrededor.

—¿Sobre qué?

Fabián miró la barra. Pilar estaba explicando a un cliente que una tostada sin tomate seguiría siendo una tostada, aunque él hubiera cambiado de opinión tres veces.

—Me han ofrecido trabajo en otra ciudad —dijo al fin—. En un cine más grande. La persona que lleva la programación me había llamado antes y yo tenía que devolverle la llamada. Vi un momento para hacerlo cuando ya estaban proyectándose los cortos.

—Podías haberlo hecho al terminar.

—Eso habría sido lo razonable.

Dejó la taza sobre el plato.

—No esperaba que tardáramos tanto en hablar. Tampoco que ocurriera nada en esos minutos. El programa seguía en marcha y pensé que podía salir un momento.

Clara recordó cómo Fabián había esquivado las preguntas de Rocío. Lo había visto incómodo entonces; ahora empezaba a entender por qué. Aún faltaba saber qué había hecho durante su salida.

—¿Por qué dijiste que estuviste arriba? —preguntó.

—Porque acababan de encontrar a Silvano y no quería explicar delante de Rocío que había estado negociando mi salida mientras ella preparaba un intervalo. Cuando Aranda me preguntó, dije que tenía la proyección a mi cargo. Después dejé que entendiera lo que más me convenía.

—Rocío acabaría enterándose del trabajo de todas formas.

—Por mí. No porque un policía tuviera que preguntarle si notó que faltaba.

Clara recordó su conversación en el cine: Fabián había discutido sobre el programa con Rocío y ella había advertido que lo vio regresar a la cabina. Él ya sabía que su primera versión no resistiría muchas preguntas. Había dejado pasar dos días más antes de decirlo.

—¿Le has contado lo mismo a Aranda?

—Todo. También con quién hablé. Él se encargará de comprobarlo.

Bebió por fin un poco de café. Clara aguardó. La llamada explicaba su salida; no explicaba que hubiera ido al Aurora a hablar con ella.

—Vi a Silvano cuando volvía —dijo Fabián.

—¿En el vestíbulo?

—En el despacho. La puerta estaba abierta. Él estaba de pie, junto a la mesa, mirando unos papeles.

Clara apoyó las manos sobre la mesa.

—¿Hablaste con él?

—Sí. Me preguntó si Rocío llevaría el micrófono durante el intervalo. Le dije que ella se ocupaba de eso y que faltaba bastante para que tuviera que hablar. Se rio y dijo que había salido de la sala para resolver un asunto, no para preparar su presentación.

—Entonces estaba bien cuando pasaste.

—Estaba vivo y hablando conmigo. Eso es lo que puedo decir.

Clara recordó a Leonor saliendo del despacho antes de que empezara la proyección. Su discusión con Silvano había terminado bastante antes de aquel encuentro con Fabián.

—¿Viste a alguien más? —preguntó.

Fabián pasó el pulgar por el borde del plato.

—Olivia venía por el corredor. Llevaba el estuche.

Clara no dijo nada.

—Esperó a que yo terminara de hablar con él. Le preguntó si podían hacerlo dentro. Silvano se apartó y ella entró. Cuando subí la escalera, la puerta seguía abierta. No me quedé mirando.

La misma escalera que Clara había visto desde el vestíbulo. Fabián podía haber llegado a la cabina sin regresar allí. Rocío lo encontró arriba poco después.

—La primera noche dijiste a Aranda que habías estado arriba durante los cortos —recordó Clara.

—Sí. Y cuando me preguntó si había sido todo el tiempo, me escudé en que llevaba la proyección.

—También dejaste fuera a Olivia.

—Al principio pensé que había hablado con su padre y que después él salió. Encontraron el cuerpo más tarde. No sabía cuándo lo habían matado.

Fabián se detuvo. Había una diferencia entre no saber el momento y permitir que todos creyeran que él no había visto a Silvano vivo en el despacho.

—Después entendí que ese encuentro podía importar —añadió—. Cuanto más tardaba en contarlo, peor sonaba. Anteayer Rocío me oyó responderte y me dijo que hablara con Aranda. Lo hice esta mañana.

—Ella no sabe qué te ofrecieron.

—Se lo contaré hoy.

Clara miró a Fabián. Su deseo de marcharse explicaba una vergüenza laboral. También había conocido a Silvano lo suficiente para saber cómo se tomaría la noticia.

—¿Se lo habías dicho a él?

—No. Era capaz de felicitarme y de explicar durante una hora todo lo que iba a encontrar mal en el otro cine.

Sonrió apenas.

—La primera vez que me dejó encargarme solo de una sesión, se quedó al fondo de la sala. Al terminar dijo que no había oído ningún fallo. Yo le di las gracias. Me contestó que, si lo hubiera habido, me habría enterado.

—Una forma particular de felicitar.

—Era la suya. Me enseñó cosas que sigo haciendo. También siguió enseñándomelas después de que ya las supiera.

Clara reconoció en aquel recuerdo el tono de la discusión sobre el volumen. Fabián quería a Silvano y, al mismo tiempo, estaba cansado de tener que demostrarle que conocía su trabajo.

—Quería ver los cortos sentado —dijo ella.

—Lo sabía. Cuando lo encontré en el despacho, pensé que estaba incumpliendo su propósito. No le pregunté por qué había salido.

Fabián terminó el café.

—No esperaba encontrármelo allí por última vez. Tampoco habría recordado la conversación con tanto detalle si no me la hubieran hecho contar varias veces. Las palabras sobre el micrófono, esas sí las recuerdo. Lo demás se lo he dicho a Aranda tal como lo vi.

Clara recordó la conversación sobre el sonido y el gesto de Fabián al dejar los cables. Habría querido que contara aquel encuentro desde la primera noche.

Pilar se acercó con la cuenta, vio que Fabián ya había pagado y retiró la taza.

—Rocío vendrá esta tarde a buscar el programa que dejó aquí —dijo.

Fabián asintió.

—Estaré en el cine.

Se levantó, dio las gracias por el café y salió. Clara lo observó cruzar la calle sin detenerse ante el escaparate donde a menudo había un cartel de La Esquina Alta. Por primera vez lo imaginó caminando hacia otro trabajo y no regresando al mismo edificio por obligación.

—Te ha contado lo de la oferta —dijo Pilar.

—Sí. Y algo más que ya ha declarado a la policía.

Pilar sostuvo la bandeja contra el costado.

—Entonces terminemos esta mesa antes de empezar a discutirlo.

Había tres clientes esperando. Clara volvió a la barra.

Durante un rato pesó café, calentó leche y buscó una cucharilla que estaba exactamente donde Pilar había dicho.

La conversación con Fabián no perdió importancia por tener que servir desayunos.

Al contrario: la secuencia de aquella noche dejó de ser una colección de gestos sueltos mientras ella hacía algo que conocía.

Leonor había salido del despacho antes de la proyección. Silvano se sentó en la 4A y se levantó durante los cortos. Fabián salió de la cabina, habló por teléfono, regresó y encontró a Silvano vivo. Luego vio entrar a Olivia.

Clara había visto a Olivia más tarde, de vuelta por el corredor con el estuche cerrado.

Entre esas dos observaciones estaban el despacho, la taquilla y un tiempo que ninguno de los dos había vigilado.

Cuando terminó la afluencia de la mañana, Aranda llamó al Aurora.

—Fabián ha pasado por aquí —dijo Clara antes de que él preguntara.

—Me dijo que quizá iría a verte. Quería explicarse con Rocío también.

—Me ha contado que vio a Silvano vivo y a Olivia entrar en el despacho.

—Eso declaró esta mañana.

—¿Has hablado con Rocío?

—Por separado. Confirmó que subió a la cabina cuando Fabián ya había vuelto. Permanecieron juntos hasta que ella bajó a buscar a Silvano. Rocío no puede responder por lo que él hizo antes de que ella subiera.

Clara apoyó el teléfono sobre el hombro para cerrar el cajón del azúcar.

—Entonces la llamada explica por qué bajó.

—Hemos comprobado con quién habló. No es un registro de todo lo que hizo desde que empezó el corto.

—Él tampoco lo presentó así.

—Ahora no.

Clara oyó pasar una hoja al otro lado de la línea. Aranda seguía trabajando con la primera versión de Fabián y con lo que había corregido aquella mañana.

—Yo estaba en la sala cuando Silvano salió —dijo—. No vi entrar a Olivia en el despacho. La vi regresar después por el corredor, cuando iba a los aseos.

—He revisado tus dos declaraciones. Son compatibles con lo que Fabián cuenta, pero ninguna nos dice qué ocurrió dentro.

—Él vio la puerta.

—La vio abierta cuando subía. No vigiló el despacho después.

Clara apartó del borde de la barra una taza que amenazaba con caer. El silencio de Aranda le dio tiempo para volver al corredor tal como lo recordaba.

—¿Se sabe algo del estuche? —preguntó ella.

—Se recogió la primera noche. Los materiales siguen examinándose.