Capítulo 4 — Lo que decía el programa #2
—Vine a recoger cosas del Aurora.
Olivia miró la bolsa con los soportes.
—Todavía tienen el despacho cerrado.
—Sí.
—Rocío me avisó. Vine por unas piezas de cartón, pero pueden esperar.
Desde fuera se veía el cartel del ciclo con el nombre de su padre. Olivia siguió la dirección de la mirada de Clara.
—Él no quería hacerlo —dijo.
—Eso parece.
—Antes le habría gustado. La gente cree que, porque hacía algo con gusto hace diez años, tiene que querer hacerlo siempre.
Clara volvió hacia ella. Olivia había dado voz a una idea que Clara acababa de escuchar en boca de Rocío, pero no había sonado igual.
—¿Te lo dijo?
—Varias veces. También decía que podía irse de viaje sin planear nada. A cada uno le respondía lo que quería oír.
—Aquella noche le vi mostrar las entradas. Parecía saber qué sesión quería ver.
—Eso sí lo sabía. Llevaba días hablando de sus butacas.
Olivia se agachó para enderezar la tarjeta que sostenía el ramo. No tocó las flores.
—El problema venía después. Una película, vale. Un viaje de varias semanas, sin hablarlo conmigo hasta el último momento...
Se levantó. Clara recordó lo que le había dicho en el vestíbulo del cine: que su padre estaba tomando decisiones sin pensarlas.
—¿Le ayudabas a organizar sus cosas?
—Desde que murió mi madre nos hemos ayudado mutuamente. Si tenía una cita o necesitaba arreglar algo, me llamaba. Yo también lo llamaba a él. Cuando empezó a hablar de irse, quiso que todo eso dejara de existir de un día para otro.
Había dolor en su voz. Clara no dudó de él. Tampoco sabía si Silvano había dicho que dejaría de llamarla o si Olivia había oído eso al enterarse de la duración del viaje.
—Podría habértelo contado antes —dijo.
—Podría haber hecho muchas cosas antes.
Olivia miró hacia la calle por donde algunos vecinos pasaban sin detenerse. Uno la saludó con un movimiento de cabeza y ella respondió.
—Leonor ya había decidido con él dónde irían. Yo me enteré cuando estaba hecho. Luego me dijo que no exagerara, que unas semanas no cambiaban nada.
Clara pensó en el programa impreso sin la frase que Silvano había pedido conservar. Dentro y fuera del cine, cada persona parecía haber tomado una parte de lo que él decía y haber elegido cuánto caso hacerle.
—¿Conocías a Leonor? —preguntó.
—Sabía que salían juntos. Mi padre me habló de ella.
—Aquella noche no se sentaron juntos.
Olivia apartó la vista de la fachada.
—Discutieron antes de entrar. Él pensaba presentarla durante el intervalo. Si ella se enfadó, no me sorprende.
—¿Te lo dijo Silvano?
—No con esas palabras. Los vi salir del despacho. Después habló conmigo de otra cosa.
Clara recordó a los tres en el corredor: Leonor con el programa doblado, Silvano siguiéndola, Olivia esperando a que pasaran. No había oído aquella conversación. Olivia sí había estado cerca, aunque tampoco parecía que Leonor quisiera hablar delante de ella.
—¿De qué hablasteis? —preguntó Clara.
—De lo que llevábamos hablando toda la semana.
Olivia miró su reloj.
—Tengo que irme. La policía sabe cómo localizarme si necesita algo.
Se despidió y se alejó sin entrar en el cine.
Clara permaneció frente al cartel. Había esperado encontrar a una hija dispuesta a afirmar que Leonor había influido en su padre.
Olivia lo había insinuado, pero también había reconocido que Silvano llevaba días hablando de las entradas y que a ella le disgustaba otro plan, uno más largo que una noche.
En el Aurora, Pilar había servido la comida del mediodía. Clara dejó los soportes donde correspondían y fue a lavarse las manos.
—Has tardado —dijo Pilar cuando regresó.
—Rocío y Fabián han discutido sobre una salida de él durante los cortos. Rocío también cambió una frase del programa. Va a contárselo a Aranda.
Pilar miró hacia la mesa de los clientes antes de responder.
—Entonces hablaremos cuando se vayan.
Clara asintió. No quería que una conversación a medias saliera del local convertida en otra certeza. Ayudó con los platos. Migas dormía en la caja detrás de la barra, protegido del paso. Cada vez que alguien movía una silla, abría los ojos y comprobaba que no fuera la suya.
El servicio terminó sin que Clara volviera a pensar en el cine durante casi veinte minutos.
Le sorprendió advertirlo. Al cerrar la cuenta de la última mesa, vio a través del ventanal a Leonor Sádaba en la acera.
Caminaba despacio, con un pequeño bolso colgado del hombro.
Se detuvo frente al café al reconocer a Clara.
—He hablado con Olivia —le dijo Clara cuando salió.
Leonor miró hacia la calle que llevaba al cine.
—¿Aquí?
—Delante del cine. Sabía que Silvano quería hacer un viaje contigo.
—Se lo había contado él.
—Dice que se enteró cuando ya lo teníais decidido.
Leonor se quedó en silencio. Desde la calle llegaba el ruido de una persiana que alguien bajaba a tirones.
—Teníamos la idea y habíamos elegido un recorrido —dijo al fin—. No era un impulso de esa mañana. Silvano quería pasar unas semanas fuera. Yo también. Cuando se lo contó a Olivia, ya había decidido que iría, aunque aún quedaban cosas por organizar.
—Ayer no me dijiste que estuviera tan avanzado.
—Ayer estaba intentando explicarte por qué me había sentado al fondo. El viaje era otra discusión.
—Ahora se ha unido a esta.
—Lo sé. Ya se lo he contado a Aranda.
Leonor pasó la mano por la correa del bolso. Clara reconoció el gesto de quien decide si añadir algo más.
—Silvano no me pidió que lo sacara de ninguna parte —dijo—. Hablaba de viajar antes de conocerme. Después empezamos a pensar en lugares a los que queríamos ir juntos. Le dije que primero hablara con su hija.
—Lo hizo.
—Y volvió muy enfadado. No porque ella le hubiera dicho que le echaría de menos. Le había explicado todo lo que no podría hacer sin que ella estuviera pendiente.
Clara pensó en Olivia diciendo que se ayudaban mutuamente. Podían haber vivido años así y no contar de la misma manera qué significaba para cada uno.
—También dijo que él llevaba mucho tiempo pidiéndole ayuda —respondió—. Quizá necesitaba saber cómo arreglaría esas cosas antes de irse.
—Podía preguntárselo. Yo también lo hice. Él me contó qué había resuelto y qué quedaba pendiente.
Leonor no intentó describir a Olivia como una enemiga. Hablaba de una conversación difícil entre un padre y una hija de la que solo conocía la parte que Silvano quiso contarle.
—¿Crees que fue por eso por lo que discutieron durante la sesión? —preguntó Clara.
—No los oí. Sé que Olivia quería que aplazara el viaje. Silvano me dijo que volverían a hablar cuando ambos estuvieran más tranquilos.
La frase dejó a Clara con una pregunta que no formuló.
La noche de la sesión, Silvano había salido de la sala cuando Olivia lo esperaba junto a la puerta.
Fabián había respondido de forma imprecisa sobre el tiempo que pasó en la cabina.
Rocío había cambiado una frase que Silvano quería conservar.
Leonor había discutido con él antes de la sesión y había dejado vacía la butaca comprada para ella.
Cada conflicto tenía un tamaño distinto. El hecho de que ahora estuvieran alrededor de una muerte no los convertía en una sola historia.
—No quiero pedirte que tomes partido entre nosotras —dijo Leonor.
—No podría hacerlo con lo que sé.
—Eso ya es más de lo que hace mucha gente.
Leonor se despidió. Clara volvió al interior del Aurora y encontró a Pilar junto a la barra, esperando sin fingir que no había visto la conversación.
—¿Café? —preguntó.
—Sí. Ahora me toca uno.
Pilar preparó dos tazas y llevó la suya hasta la mesa del fondo. Clara se sentó frente a ella. Desde allí veía la reproducción de Marea baja en Valleverde , la caja de Migas y, más allá del ventanal, la calle por la que Leonor había seguido su camino.
—Cuéntame solo lo que puedas contar —dijo Pilar.
Clara empezó por el programa. Explicó que Rocío había dejado fuera una frase para mantener abierto un futuro que Silvano no había aceptado.
Después habló de Fabián y de la salida de la cabina que no quería aclarar.
Por último, contó lo que Olivia y Leonor habían dicho sobre el viaje, sin repetir detalles que ninguna de las dos le había confiado para entretener al barrio.
Pilar escuchó hasta el final.
—Al principio creíamos que la pregunta era quién tenía la segunda entrada —dijo.
—Ahora sabemos quién la tenía.
—Y hay más gente que no ha contado algo.
Clara bebió un sorbo. El café estaba algo más caliente de lo que esperaba.
La entrada había llevado a Leonor hasta la sala.
El programa había permitido a Rocío prometer la presencia futura de Silvano sin escribir la frase que él le pidió.
Fabián había descrito una noche entera desde la cabina, aunque al menos una parte de ella transcurrió fuera.
Olivia hablaba de proteger a su padre; Silvano había dicho a varias personas que quería hacer cosas por su cuenta.
Clara dejó la taza sobre el plato. Ninguno de aquellos papeles ni de aquellas versiones contaba todavía lo ocurrido en el despacho. Para entenderlo, habría que dejar que cada persona explicara también aquello que había preferido callar.