El muerto que compró dos entradas Capítulo 2 — La butaca vacía #3
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Capítulo 2 — La butaca vacía #3

La respuesta se refería a su responsabilidad, pensó Clara, aunque no supo si también a sus movimientos. Aranda pareció advertir la diferencia. Le pidió que se quedara disponible para una declaración más detallada. Fabián miró hacia Rocío y aceptó.

Uno de los agentes llamó aparte a la mujer del abrigo verde. Ella dijo que había venido a ver la sesión y que había llegado sola. Clara la oyó desde la mesa del café. La mujer no buscó a nadie con la mirada al responder. Guardó el programa en el bolso y esperó la siguiente pregunta.

—¿Conocía a Silvano Cárdeno? —preguntó el agente.

La mujer tardó lo suficiente para que Clara reparara en la pausa.

—Lo conocía del cine —dijo.

El agente anotó la respuesta y continuó.

Clara se volvió hacia Pilar. No podía deducir una relación de una vacilación, sobre todo cuando media sala había tratado a Silvano como si fuera de la familia y apenas sabía qué hacía una vez cerraban las puertas del cine.

La mujer había entrado sola. Lo demás, por el momento, pertenecía a las preguntas de la policía.

Cuando el último espectador salió, el vestíbulo quedó demasiado iluminado.

Sobre el mostrador permanecían la taza olvidada y la caja de controles.

La película que debía empezar después del intervalo no había llegado a proyectarse.

Rocío retiró de la puerta un cartel que invitaba al público a regresar a sus asientos en diez minutos. Lo sostuvo sin encontrar dónde dejarlo.

—Ponlo con los otros —dijo Fabián.

—No voy a ordenar carteles ahora.

—No te lo estaba pidiendo para ahora.

Rocío lo apoyó contra la pared. Ambos se quedaron mirando la frase impresa, y Clara comprendió que no discutían por el cartel.

Aranda pidió a Olivia que le describiera cuándo había hablado por última vez con su padre.

Ella se levantó y fue con él hasta un extremo del vestíbulo, lejos de la puerta del despacho.

Clara no podía oír bien, pero reconoció el modo en que Olivia había corregido a Silvano antes de la recepción: frases firmes que intentaban poner cada cosa en su sitio.

Cuando volvió, Olivia encontró a Clara junto a la mesa del café.

—Mi padre no tendría que haber venido —dijo.

—Quería ver la sesión.

—Últimamente quería hacer cosas sin pensarlas. Esta tarde me habló de irse unas semanas. Como si pudiera dejarlo todo preparado en un día.

—Había comprado las entradas hace días —respondió Clara.

Olivia miró la taquilla.

—No me refería a las entradas.

Pareció arrepentirse de haber dicho tanto. Recogió la correa del bolso, que se había deslizado por su hombro.

—Siempre sabía lo que necesitaba un cine antes de que se lo pidieran —continuó—. Pero cuando se trataba de él, había que estar pendiente.

Clara no sabía cuánto de aquello era cierto.

Había conocido esa noche a un hombre capaz de detectar la pata desigual de una mesa y de molestar a su sucesor con un consejo innecesario.

También lo había visto mostrar dos entradas con el gusto de quien espera algo.

Ninguno de esos recuerdos le permitía explicar la vida de Olivia con su padre.

—Lo siento —dijo.

Olivia asintió. No había pedido una opinión.

Pilar regresó de hablar con Rocío.

—He dejado nuestras cosas donde acordamos. Las recogeremos mañana.

—Gracias —respondió Clara.

—También han apartado una entrada, por lo que he entendido. ¿Era de Silvano?

—No lo sabemos —dijo Clara—. Han separado una parte pequeña.

Olivia, que seguía junto a ellas, levantó la cabeza.

—¿La que estaba debajo de la mesa?

—Sí —respondió Clara.

La pregunta se perdió enseguida entre otras.

Rocío necesitaba saber si debía cerrar la puerta exterior; un agente quería anotar el teléfono de Pilar; Amparo buscaba un pañuelo limpio para Olivia, aunque esta ya tenía uno.

Clara dio sus datos y volvió a explicar dónde había visto a Silvano durante la recepción.

Cuando quiso mirar de nuevo a Olivia, ella estaba sentada al lado de Rocío.

Aranda se acercó a la mesa del café.

—Por esta noche ya tengo lo que recuerdas. Si aparece algún detalle, llámame. No hace falta que decidas ahora si es importante.

Clara pensó en el estuche, en el abrigo verde, en Silvano levantándose de la fila cuatro. Lo había contado todo. O creía haberlo hecho.

—La entrada —dijo—. ¿Sabéis quién la usó?

—Sabemos que la 4B pasó por la taquilla. Todavía estamos estableciendo quién la llevaba y cómo llegó su control al despacho.

No prometió que la respuesta sería sencilla. Clara tampoco la esperaba.

Pilar tomó su chaqueta. Ramiro salió con Amparo, que insistía en que podía caminar sola y, al mismo tiempo, aceptaba que él la acompañara hasta la esquina. Fabián permaneció con Rocío para cerrar el cine cuando se lo permitieran. Olivia no volvió a acercarse al corredor.

En la calle, Clara miró por última vez la fachada de La Esquina Alta.

La luz del cartel seguía encendida. Pensó en la 4A vacía desde que Silvano se había levantado y en la 4B, vacía desde el principio.

Habían vendido las dos; una persona había entrado con cada entrada.

Esa noche, nadie se había sentado a su lado.