Capítulo 1 — Dos entradas para esta noche #3
Apareció la primera imagen. Durante unos minutos, Clara consiguió prestar atención solo a lo que ocurría en la pantalla.
Luego Silvano se levantó. Procuró pasar sin molestar a la pareja de su fila y avanzó hacia la salida lateral.
Desde donde estaba, Clara vio a Olivia esperándolo junto a la puerta.
Intercambiaron unas palabras demasiado bajas para entenderlas y desaparecieron en el vestíbulo.
—Ya está —murmuró Amparo.
—No sabemos adónde va —respondió Clara.
—Por eso no he dicho nada más.
En la pantalla, alguien dejaba una maleta en el suelo. Clara volvió a mirar hacia delante.
El primer corto terminó y comenzó otro sin que encendieran las luces. Amparo aprobó el primero con un sonido breve que Ramiro interpretó como una petición de que se callara. Ella le aseguró que no había dicho una palabra. Clara, por una vez, no intervino.
A mitad del segundo corto necesitó ir a los aseos.
Esperó al cambio de una escena, se levantó procurando no tocar las rodillas de sus vecinos y salió al vestíbulo.
Allí aún había una taza olvidada sobre el mostrador del café.
Resistió el impulso de recogerla. Ya no estaba trabajando, y la taza no iba a moverse sola antes de que terminara la película.
En el corredor lateral había luz. Al fondo se distinguía la puerta del despacho, cerrada, y más cerca la entrada a los aseos. Clara avanzó unos pasos. Olivia venía en sentido contrario con el estuche en la mano. Lo llevaba cerrado contra el costado.
—¿Buscas a Rocío? —le preguntó Olivia.
—Los aseos.
—Aquí, a la izquierda.
Olivia se apartó para dejarla pasar. Parecía tener prisa por regresar al vestíbulo, aunque no tanta como para olvidarse de ser cortés.
Cuando Clara volvió, la vio junto a la mesa auxiliar, colocando el estuche debajo de unos programas.
La taza olvidada seguía en su sitio. Clara entró otra vez en la sala y encontró a Silvano todavía ausente.
La mujer del fondo seguía sentada; cambiaba de posición el abrigo sobre sus rodillas para dejar pasar a alguien de su fila.
Ramiro se inclinó hacia Clara.
—Te has perdido una conversación importante.
—¿En la película?
—La única que puedo contar.
Clara intentó seguir el resto del corto a partir de lo que veía. No le costó demasiado. Cerca de la puerta, una pareja se levantó para dejar pasar a un hombre con un niño. Un rato después oyó abrirse la puerta de nuevo, pero no se volvió.
Al acercarse el intervalo, la imagen desapareció y quedó en pantalla el nombre del siguiente corto. Amparo buscó su bolso a tientas.
—Si encienden las luces, voy a por agua.
—Todavía no ha terminado el bloque —dijo Ramiro.
—Puedo tener sed antes de que lo haga.
Clara miró hacia la fila cuatro. Silvano no había regresado.
La butaca 4A estaba vacía, igual que la de al lado.
Le extrañó verlo perderse precisamente la sesión en la que había querido ser espectador.
Tal vez Rocío necesitaba preguntarle algo antes de la breve conversación anunciada para el intervalo.
Tal vez Silvano había encontrado, pese a sus propósitos, una tarea que podía hacer mejor que nadie.
En la última escena del bloque, una franja de luz se abrió junto a la puerta lateral. Rocío se asomó, buscó a Silvano en la fila cuatro y volvió a salir. Clara la reconoció antes de que la puerta se cerrara.
Clara decidió salir antes de que se llenara el vestíbulo. Se levantó con cuidado y esperó a que Amparo retirara el bolso que le impedía pasar.
—Silvano sigue sin volver —murmuró Ramiro cuando ella pasó a su lado.
Al salir, Clara vio a Rocío entrar en el corredor con paso rápido.
Aún no había público en el vestíbulo. Sobre el mostrador seguía la taza vacía, y los programas que Olivia había ordenado se inclinaban hacia un lado.
Clara enderezó la pila sin darse cuenta.
Entonces oyó abrirse la puerta del despacho.
Rocío apareció en el corredor. Tenía una mano apoyada en el marco y miraba hacia el interior de la habitación. Al ver a Clara, intentó decir algo. Tuvo que empezar de nuevo.
—Llama a emergencias.
Clara sacó el móvil mientras avanzaba. Rocío no se apartó de la puerta. Desde la entrada del despacho se veía la mesa, una silla fuera de sitio y a Silvano en el suelo, junto a ella. Su chaqueta estaba abierta y una mancha oscura se extendía por la camisa. No se movía.
Clara dio la dirección del cine por teléfono. Respondió a las preguntas que pudo sin entrar en la habitación. Rocío, todavía junto al marco, dijo que había ido a buscarlo para el intervalo y que lo había encontrado así. Su voz le llegaba a Clara como si el corredor se hubiera alargado de pronto.
Debajo del borde de la mesa había un pequeño rectángulo de papel.
Clara lo vio al bajar la mirada para comprobar si Silvano respiraba. No pudo acercarse lo suficiente para saber qué decía. Permaneció en la puerta, escuchando las instrucciones de la operadora.
Desde la sala llegó el ruido de varias butacas al plegarse. Alguien preguntó si el intervalo ya había empezado. Clara miró a Rocío y luego al hombre que esa noche había comprado dos entradas para sentarse, por fin, al otro lado de la pantalla.