EL LADO OSCURO DEL CHOCOLATE Coconuts #3
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Coconuts #3

Rodrigo se coloca justo en medio. Noto su calor, su brazo rodeándome por detrás.

Justo cuando Álex dice "una, dos...", siento una presión firme y descarada.

Rodrigo me aprieta el culo con toda la palma de la mano, apretando los dedos contra el vaquero.

El respingo es automático y no puedo evitar soltar un grito que se oye incluso por encima del reggaetón.

—¡¡Ah!! —exclamo, saltando hacia delante.

Álex se dobla de la risa con el móvil en la mano, mientras Rodrigo pone cara de yo no he sido, aunque sus ojos brillan con pura malicia.

—¡Lo siento, lo siento! —dice Rodrigo fingiendo torpeza—. ¡Inma, perdona! Pensaba que era tu espalda, me he confundido de altura.

"Sí, claro, y yo nací ayer", pienso. Pero la adrenalina y el juego de la noche me hacen seguirle la corriente. Me hago la tonta, suelto una risotada y le doy un empujoncito juguetón en el hombro.

—La espalda la tengo un poco más arriba, Rodrigo, que parece que te falta estudiar anatomía —le suelto con rintintín.

—¡Esa mano, Rodrigo, que se te va! —bromea Juanma desde la pista, aunque veo que a Raquel no le ha hecho ni puta gracia el gesto, ha puesto una cara de pocos amigos.

Yo paso del mal rollo de Raquel. Me coloco de nuevo para la foto, esta vez con cuidado.

Rodrigo vuelve a pasarme el brazo, pero ahora deja la mano apoyada en mi espalda, justo donde toca.

Álex dispara la foto y nos la enseña. Salimos todos espectaculares, yo con esa sonrisa de "me estoy pasando el viernes de mi vida", Rodrigo con cara de triunfador y Raquel forzando un poco el gesto.

—Enviada —dice Rodrigo con un clic—. José va a reventar cuando vea a su becaria preferida de fiesta con nosotros.

La vibración del móvil de Rodrigo sobre la barra suena como una alarma en mitad de la noche. Él lo desbloquea con una sonrisa de oreja a oreja y lee el mensaje en alto para que todos lo oigan por encima de la música.

—¡Mirad! Dice José: "Mañana me cuentas qué tal se ha portado la niña".

Siento el subidón del ron y esa chispa de rebeldía que me quema por dentro. No puedo evitarlo. Le arrebato el móvil a Rodrigo de las manos con un movimiento rápido.

—Deja, que le voy a contestar yo misma —digo con una sonrisa traviesa.

Rodrigo se echa hacia atrás riendo, levantando las manos en señal de rendición.

—¡Cuidado, que esta mujer es un peligro! —grita Juanma, mientras Álex se acerca para no perderse ni un detalle, observándome con los brazos cruzados.

Pulso el icono del micrófono en el chat de WhatsApp. Me pego el móvil a los labios, casi rozando el micro con la boca y bajo el tono de voz hasta que sale algo ronco, cálido, cargado de una intención que sé que lo va a dejar sin respiración al otro lado de la línea.

"Tranquilo, José... yo soy una chica muy buena y me porto estupendamente. El problema es que aquí hay mucha tentación... y ya sabes que a las buenas niñas también nos gusta jugar un poco cuando el jefe no mira. Mañana te cuento el resto..."

Suelto el botón y el visto azul aparece al instante. Le devuelvo el móvil a Rodrigo, que está flipando.

—Joder, Inma, le vas a dar un infarto al viejo —dice Rodrigo, pero no puede quitarle el ojo a la pantalla.

El "Escribiendo..." de José aparece de inmediato. Parece que no ha necesitado ni pensárselo. El mensaje llega y Rodrigo lo lee en voz alta, casi sin creérselo:

"Si te portas así de bien sin que yo mire, no quiero ni imaginar lo que harías teniéndome delante. Guárdame un poco de esa bondad, porque pienso comprobar personalmente hasta dónde llega tu capacidad para jugar."

El grupo estalla en un grito de "¡Uuuuuuh!". Raquel pone los ojos en blanco, claramente harta de que yo sea el centro de atención, pero Álex se me acerca por detrás y me susurra al oído, tan bajo que solo yo puedo oírlo:

—Has despertado a la bestia, Inma. Pero no te olvides de que los que estamos aquí sudando contigo somos nosotros, no él...

Siento su aliento en mi cuello y el morbo de la noche está ya en niveles críticos.

Ahí está ella. La puerta del Coconuts parece quedarse pequeña cuando entra Mimi.

Trae consigo ese aire del sur que no ha perdido ni viviendo aquí, una alegría que se contagia nada más verla.

Viene rompiendo moldes con ese vestido negro asimétrico que es puro fuego, un hombro al aire, un escote que quita el hipo y ese corte lateral que deja al descubierto un vientre tan plano y duro que dan ganas de pasarle la mano para comprobar si es real.

Es menudita, sí, pero tiene todo en su sitio y una melena morena que brilla bajo los neones.

La tía es un torbellino. Se acerca al grupo y reparte besos y arte a partes iguales.

Se queda un buen rato con Rodrigo, riéndole las gracias con ese acento andaluz que lo tiene embobado, Rodrigo está que no sabe si mirar al techo o al corte de su falda.

Luego va a por Álex, el que siempre me suelta que ella es más guapa que yo...

pero ¡menudo cuadro! Álex se queda cortado, le contesta con frases cortas y se retira pronto.

Se nota que Mimi le impone más de lo que quiere reconocer.

Después de charlar con Juanma y hasta con Raquel —que parece que ha bajado un poco la guardia ante la simpatía de la morena—, Mimi por fin llega a mi altura.

—¡Pero qué guapa estás, loca! —me dice con esa sonrisa que le ilumina la cara—. Menuda fiesta os tenéis montada aquí, ¿no?

Yo le sonrío, sintiendo el puntito del ron y la complicidad de tener a mi compañera de trabajo al lado.

—Yo soy una invitada, Mimi. El de las fiestas es Rodrigo, yo voy donde me lleven —le digo mientras la escaneo de arriba abajo—. Pero anda, que tú tampoco vas nada mal. Estás espectacular, tía. Vaya vientre se te queda con ese vestido, ¡estás para que te hagan un monumento!

—¡Anda ya! —se ríe ella, quitándole importancia mientras se pide un cubata de un tirón—. Es que en esta fábrica nos tienen a pan y agua con tanto chocolate, hay que lucirse de vez en cuando.

Nos apartamos un poco del resto para ponernos al día.

Es genial tenerla cerca, las dos hemos empezado a la vez en Calidad, compartimos los mismos agobios, las mismas dudas con los informes y ahora, el mismo círculo de buitres.

Me cuenta cómo le va en su turno, lo que ha aprendido esta semana y cómo se siente siendo la nueva.

Hablar con ella es fácil, es como estar con una amiga de toda la vida a pesar de llevarnos poco tiempo.

Mientras hablamos, noto que las miradas del grupo se reparten ahora entre las dos. Somos el centro de atención: la rubia y la morena de Calidad. Rodrigo no para de lanzarnos miradas desde la distancia y Álex, aunque simula hablar con Juanma, no nos quita el ojo de encima.

Mimi me abre el corazón entre trago y trago y me quedo helada con su historia.

Ingeniería Química, una tía inteligentísima, guapa a rabiar...

y resulta que ha estado seis años aguantando cuernos en Almería mientras ella se dejaba la piel en la carrera.

Me dan unas ganas de abrazarla increíbles.

Me cuenta cómo bajaba al sur y lo perdonaba una y otra vez, atrapada en ese círculo, hasta que por fin mandó a la mierda al impresentable de su ex.

—No te merece, Mimi. De la que te has librado —le digo de corazón, sintiendo una conexión real.

Nosotras seguimos a lo nuestro, en una burbuja donde solo existimos ella y yo. Le cuento mi vida, mis movidas y fluimos tanto que el tiempo se detiene. Cuando por fin me da por mirar el reloj, pego un salto.

—¡Joder, Mimi! —exclamo riéndome—. ¡Llevamos dos horas hablando! Y parece que llevamos cinco minutos.

—¡Qué me dices, loca! —suelta ella con su acento, soltando una carcajada—. Si es que cuando hay arte, el tiempo vuela.

Miramos a nuestro alrededor y el panorama ha cambiado por completo.

El Coconuts ya no es ese local vacío y tranquilo de hace un rato, ahora está hasta los topes, lleno de gente, humo y el calor de la noche en pleno apogeo.

Buscamos al resto del grupo y solo vemos a Álex, que está apoyado en la barra, solo, mirando el fondo de su copa con cara de pocos amigos.

Nos acercamos a él como si fuéramos dos torbellinos de energía.

—¿Y los demás? —le pregunto, elevando la voz por encima del ruido.

Álex levanta la vista, nos escanea a las dos y señala con la barbilla hacia el centro de la pista, que ahora es una marea de gente sudorosa moviéndose al ritmo de la música.

—Juanma, Raquel y Rodrigo están ahí metidos —dice Álex con una media sonrisa—. Han decidido que la pista es suya y no hay quien los saque.

No me lo pienso dos veces. Siento el subidón de las dos horas de charla y el ron. Agarro a Álex de la mano con firmeza, notando su piel cálida y tiro de él.

—¡Venga, muévete! No te vas a quedar aquí como un mueble —le digo tirando de él hacia el tumulto—. ¡Vamos a buscar a los supervivientes!

Mimi nos sigue por detrás, riendo y abriéndose paso entre la gente con ese desparpajo que tiene. Nos metemos de lleno en el corazón de la fiesta, buscando las cabezas de nuestros compañeros entre la multitud, mientras la mano de Álex se aprieta contra la mía en medio del barullo.

La música retumba tanto que siento la vibración en los empastes de los dientes. Es uno de esos temas de reggaetón antiguo, de los que te activan el cuerpo aunque no quieras y el Coconuts está en pleno delirio. Entre la marea de gente, por fin vemos a los nuestros.

Rodrigo es el que más canta, con la copa en alto y una mancha de sudor en la camisa, pero lo que nos deja a cuadros es la escena de Juanma y Raquel.

Juanma, que parecía el más comedido de todos, se está marcando un perreo con la pelirroja que roza lo escandaloso.

Ella está de espaldas a él, bajando hasta el suelo y él la sigue con un ritmo que no le habíamos visto en toda la tarde.

Mimi se queda clavada un segundo, mirando el espectáculo con los ojos como platos. Se gira hacia mí y suelta una carcajada sonora, señalándolos con la cabeza.