EL LADO OSCURO DEL CHOCOLATE El sofá #3
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El sofá #3

Mimi se rio en mi cara, se lamió los labios y se volvió a bajar de rodillas al suelo, entre las piernas abiertas de Álex. Esta vez se arrodilló del todo, abrió bien la boca y se la metió otra vez, chupándosela con más fuerza, mirándome de reojo mientras lo hacía.

Álex echó la cabeza hacia atrás, abrió más las piernas y le puso una mano en la cabeza, empujándola suavemente hacia abajo.

Yo me puse de pie.

Iba a irme. Di un paso hacia la puerta, con el corazón latiéndome en la garganta y el sabor de la lengua de Mimi todavía en los labios.

Pero entonces pensé.

Pensé en lo que acababa de pasar abajo con José. Pensé en la mirada de Hugo. Pensé en lo mojada que estaba. Y en lugar de salir, me quedé en la barra.

Me apoyé contra el mármol, cogí mi copa con las manos temblorosas y me quedé mirándolos.

Mimi de rodillas, chupándole la polla a Álex con ganas y él mirándome de vez en cuando por encima de la cabeza de ella, con esa sonrisa de quien sabe que estoy ahí, mirando, sin atreverme a unirme… pero tampoco a irme.

Siguieron así un rato.

Mimi de rodillas, chupándole la polla a Álex con ritmo constante, dejando que la saliva le resbalara por la barbilla y le cayera en los pechos.

Él tenía una mano en su pelo, guiándola, y la otra apoyada en el respaldo del sofá, con las piernas bien abiertas.

De vez en cuando levantaba la vista hacia mí, me sostenía la mirada un segundo y volvía a empujar la cabeza de Mimi hacia abajo.

Yo seguía en la barra, con la copa en la mano, sin apartar los ojos.

De pronto Álex se hartó de estar pasivo.

Agarró a Mimi por debajo de los brazos y la levantó del suelo como si no pesara nada.

Él era mucho más alto que ella, en sus brazos, parecía un juguete.

La alzó hasta ponérsela a la altura de la cara y le comió la boca con violencia, chupándole los labios, metiéndole la lengua hasta el fondo mientras ella se aferraba a sus hombros con las piernas colgando.

Sin dejar de besarla, la bajó un poco y empezó a desnudarla. Le bajó el top negro de un tirón, dejándole los pechos al aire. Se los apretó con las manos grandes, le pellizcó los pezones y después le bajó el short y el tanga de un solo movimiento, dejándola completamente desnuda.

La tumbó de espaldas en el sofá circular.

Mimi quedó con las piernas abiertas, la respiración agitada y el coño ya brillante de humedad a la vista. Álex se arrodilló entre ellas, le abrió más los muslos con las manos y sin previo aviso le clavó la boca.

Empezó a comérselo.

Primero con lengüetazos lentos y anchos, de abajo arriba, pasando la lengua entera por su raja.

Después se centró en el clítoris, chupándolo con fuerza, moviendo la cabeza de lado a lado mientras introducía dos dedos dentro de ella.

El sonido era obsceno: húmedo, succionante, mezclado con los gemidos cada vez más altos de Mimi.

—Joder… Álex… —suspiró ella, arqueando la espalda.

Le agarró el pelo con las dos manos y se lo tiró hacia abajo, empujándole la cara contra su coño. Álex no se resistió. Se la comió con más ganas, follándola con la lengua, chupándole los labios, metiendo la nariz contra el clítoris mientras los dedos entraban y salían con rapidez.

Mimi empezó a poner caras imposibles. Entrecerraba los ojos, abría la boca sin emitir sonido, se mordía el labio inferior hasta casi hacerse daño.

En un momento se llevó el antebrazo a la boca y se mordió la piel con fuerza para no gritar, mientras las caderas le temblaban y se le escapaban gemidos ahogados contra su propio brazo.

Yo no podía dejar de mirar.

Veía la lengua de Álex moviéndose entre sus pliegues, la forma en que le abría el coño con los pulgares para lamerle más adentro, el brillo de los jugos de Mimi en su barbilla y en la punta de la nariz. Cada vez que ella tiraba de su pelo, él gruñía contra su coño y aceleraba el ritmo de la lengua.

Mimi estaba completamente entregada. Las piernas le temblaban a ambos lados de la cabeza de Álex, los pechos le subían y bajaban con fuerza y de vez en cuando soltaba un “sí… ahí… joder, no pares…” que se perdía entre gemidos.

Álex levantó la vista un segundo, con la boca y la barbilla completamente brillantes, me miró directamente a los ojos mientras seguía metiéndole los dedos y volvió a bajar la cabeza para seguir comiéndosela como si no hubiera nada más importante en el mundo.

Álex se separó del coño de Mimi con un último lengüetazo largo, dejando un hilo de saliva y jugos brillando entre su boca y ella. Mimi se quedó tumbada un segundo, jadeando, con las piernas abiertas y el pecho subiendo y bajando con fuerza.

Él se sentó de nuevo en el sofá, con la espalda apoyada en el respaldo y las piernas abiertas. Su polla seguía completamente dura, gruesa, apuntando hacia arriba, brillante de saliva y de los jugos de Mimi.

La miró y le hizo un gesto con la cabeza.

Mimi no dudó.

Se incorporó, se subió encima de él a horcajadas y se colocó de cara a Álex, mirándolo fijamente a los ojos.

Con una mano le sujetó la polla por la base y se la fue bajando despacio hasta que la cabeza se hundió entre sus labios hinchados.

Siguió bajando, centímetro a centímetro, hasta que estuvo completamente sentada sobre él, con el culo apoyado en sus muslos y la polla enterrada hasta el fondo.

Soltó un gemido largo y tembloroso.

Empezó a moverse.

Primero despacio, subiendo solo un poco y volviendo a sentarse, saboreando cómo la llenaba.

Después aceleró. Se apoyó en los hombros de Álex y empezó a trotar encima de él de verdad: subiendo hasta casi sacársela y dejándose caer de golpe, una y otra vez, haciendo que el choque de su culo contra los muslos de él sonara húmedo y obsceno.

Lo miraba fijamente a los ojos mientras lo montaba.

Álex le sujetaba las caderas con las dos manos, ayudándola en el vaivén, empujando hacia arriba cada vez que ella bajaba para clavársela más profundo. Su respiración era pesada y de vez en cuando soltaba un gruñido bajo cuando Mimi se sentaba hasta el fondo.

Yo seguía en la barra, sin poder apartar la vista.

Veía cómo el coño de Mimi se tragaba esa polla gruesa una y otra vez, cómo le salía brillante y mojada, cómo sus pechos rebotaban con cada movimiento. Mimi no dejaba de mirarlo a él a los ojos, con la boca entreabierta, soltando gemidos cada vez más altos mientras trotaba encima de su regazo.

Álex apretó más fuerte sus caderas y empezó a empujar desde abajo con más fuerza, follándola al mismo tiempo que ella lo montaba. El sofá crujía. El sonido de piel contra piel y de su coño tragándosela llenaba el reservado.

Mimi aceleró todavía más, subiendo y bajando con desesperación, clavándole las uñas en los hombros, sin apartar la mirada de la de Álex ni un solo segundo.

De pronto oí el click de la puerta.

El sonido me heló la sangre. Me giré de golpe, con el corazón subiendo a la garganta, preguntándome quién coño podía ser a esas alturas.

La puerta se abrió despacio y apareció Hugo.

Se quedó clavado en el umbral.

Sus ojos se abrieron de par en par al ver la escena: Mimi a horcajadas sobre Álex, subiendo y bajando con fuerza, el culo golpeándole los muslos, los gemidos, el sonido húmedo de su coño tragándose la polla una y otra vez.

Hugo se quedó paralizado, con la boca entreabierta, sin poder procesar lo que estaba viendo.

No pensé.

Me acerqué por detrás en silencio, le tapé la boca con la mano derecha y le susurré al oído, casi pegada a su nuca:

—Shhh… no digas nada.

Noté cómo se tensaba entero. Sé perfectamente lo que le estaba pasando por la cabeza: la sorpresa de encontrarme allí, de verme quieta mirando cómo se follaban, las mil preguntas que quería hacerme…

pero también noté otra cosa. Su respiración se aceleró.

El pecho le subía y bajaba con fuerza contra mi mano.

Ver a Mimi montando a Álex delante de él le estaba afectando igual que a mí.

Lo empujé suavemente hacia atrás, sin quitarle la mano de la boca, y lo llevé detrás de la barra. Allí quedamos ocultos, con la vista perfecta hacia el sofá.

Con la mano izquierda le bajé la bragueta. Saqué su polla. Estaba dura. Completamente dura.

Me coloqué justo detrás de él, pegada a su espalda. Con la mano derecha seguía tapándole la boca con fuerza, impidiéndole hablar, y con la izquierda empecé a masturbarlo despacio. Subía y bajaba la mano con calma, apretando justo como a él le gusta, mientras los dos mirábamos el mismo espectáculo.

En el sofá, Mimi seguía trotando sobre Álex, cada vez más rápido, soltando gemidos ahogados. Álex le sujetaba las caderas y la empujaba hacia abajo cada vez que ella bajaba, clavándosela hasta el fondo.

Yo pajeaba a Hugo con la misma cadencia, lenta, deliberada, sintiendo cómo se le ponía todavía más dura en mi mano mientras veíamos a nuestra amiga follándose a Álex Sellés a pocos metros de nosotros.

No dije nada.

Solo lo sujeté así, con la mano en su boca y la otra rodeándole la polla, obligándolo a mirar en silencio mientras yo lo tocaba.

Seguí masturbándolo despacio, sin soltarle la boca, mientras los dos mirábamos el sofá.

Mimi y Álex no paraban. Ella seguía subiendo y bajando con fuerza, pero de pronto Álex la agarró por la cintura, la levantó un poco y la hizo girar.

Los dos se tumbaron de lado en el sofá, frente a frente.

Mimi quedó con una pierna flexionada y Álex se colocó detrás de ella, encajándose contra su espalda.

Sin perder el ritmo, le metió la polla de nuevo de un solo empujón. Empezó a follarla de lado, con embestidas profundas y lentas al principio. Una de sus manos le rodeó la cintura y la otra… la subió hasta el cuello.

Le puso el antebrazo cruzado sobre la garganta de Mimi, presionando lo justo para ahogarla un poco. No del todo, solo lo suficiente para que ella abriera la boca buscando aire y se le escaparan gemidos más agudos, más rotos.