EL LADO OSCURO DEL CHOCOLATE El regreso a las trincheras #3
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El regreso a las trincheras #3

Me aparté solo un par de centímetros, lo justo para mirarlo de perfil con una sonrisa picarona y una ceja levantada, disfrutando de lo acorralado que lo tenía.

—Anda ya, Sellés, no te me hagas el tonto ahora —le solté en tono bajo, clavándole la mirada—. Sé perfectamente que tú la hiciste esa noche en la fiesta y que la tienes guardadita en el móvil. Así que menos cuentos y pásamela, que no me voy a enfadar.

Álex se quedó mirando fijamente la pantalla del ordenador, apretando la mandíbula mientras intentaba mantener la postura.

—De verdad, Inma, que yo no tengo nada de eso... Te estás equivocando de persona —insistió, pero la vibración de su voz y el sudor frío de su frente lo delataban por completo.

Me reí despacio, cruzándome de brazos y disfrutando de cómo se desmoronaba.

—Rodrigo me lo ha contado todo, Sellés. Así que deja de mentirme.

Álex cerró los ojos un segundo, soltó el ratón con rabia y soltó un resoplido:

—Vaya un chivato de mierda... De verdad que no se le puede contar nada a ese tío.

Aproveché el momento para echarle el puro de su vida. Me acerqué aún más a él y alcé el tono, cargada de indignación:

—¿Pero cómo cojones me has hecho esto, Álex?

Pensaba que estábamos de fiesta entre amigos, pasándolo bien, no que me ibas a hacer una foto a traición por la espalda.

¡Pensaba que eras más hombre! Eras mi amigo del trabajo, mi compañero...

No me esperaba para nada que me fueras a traicionar de esta manera.

¿Es que no has pensado ni un segundo en lo que pasaría si esa foto la ve Loli o cualquiera de la planta?

Me pondrían el mote de puta y me echarían.

Álex se pasó las manos por la cara, completamente agobiado.

—Perdóname, Inma... De verdad, lo siento —dijo bajando la mirada—.

Estaba en la fiesta, vi la oportunidad, vi cómo estabais de pegados, nadie me miraba e hice la foto.

Estaba cachondísimo en ese momento, me dio el subidón y se la pasé a Rodrigo y a Juanma sin pensar en las consecuencias.

Me arrepiento muchísimo de haber armado este lío, te lo juro.

Se hizo un silencio tenso en el laboratorio mientras me miraba con cara de perro apaleado. Pero antes de que pudiera compadecerme, el fresco añadió con una medio sonrisa culpable:

—Bueno... A ver. Me arrepiento de haberla pasado, la verdad. De haber echado la foto no me arrepiento ni de coña... Me la tendría que haber quedado yo solo para mí.

Le di un empujón en el hombro entre risas, negando con la cabeza mientras aflojaba la tensión:

—Eres gilipollas, Sellés, de verdad... No tienes perdón de Dios.

Álex soltó un suspiro de alivio al ver que ya no estaba enfadada de verdad y me dedicó una sonrisa de medio lado, volviendo a su tono vacilón:

—Bueno... por lo menos ya no me vas a retirar la palabra, ¿no?

—Enséñamela —le exigí cortándolo en seco, bajando la voz—. Quiero verla.

Álex me miró fijamente, sorprendido por la petición.

—¿Estás segura, Inma? Mira que luego te vas a calentar o te vas a rayar más de la cuenta...

Asentí con la cabeza con firmeza, mirándolo a los ojos sin dudar ni un segundo. Quería ver exactamente qué era lo que tenía desvelado a Rodrigo y rodando por los teléfonos de la planta.

Él echó una mirada rápida hacia el pasillo y a la puerta del laboratorio para asegurarse de que estábamos completamente solos y de que Loli seguía abajo en envasado.

Al comprobar que no había peligro, sacó el teléfono del bolsillo del pantalón.

Desbloqueó la pantalla, abrió la aplicación de fotos y se metió directo en la carpeta oculta protegida con contraseña.

Pegó la pantalla a su pecho con un gesto desconfiado para que no pudiera cotillear el resto de fotos y vídeos que guardaba en esa carpeta —que no debían de ser pocos—, buscó el archivo y finalmente, giró el móvil despacio para enseñármela.

Álex giró el móvil despacio y me puso la pantalla delante de los ojos.

La foto era brutal.

Me quedé embobada.

El corazón me dio un vuelco y un calor repentino me bajó directo entre las piernas.

Sentí cómo se me humedecía el tanga de golpe, un latido caliente y traicionero que me hizo apretar un poco los muslos.

No podía apartar la vista. Era como mirarme a mí misma en un momento en el que no tenía control ninguno y eso me estaba poniendo cachonda de una forma sucia y peligrosa.

—Wauuuu… —susurré, sin poder evitarlo—. No lo recordaba así…

Sonreí, todavía clavada en la imagen, mordiéndome el labio inferior sin darme cuenta.

Álex soltó una risa baja, casi ronca, disfrutando de mi reacción.

Dejó el móvil un segundo en la mesa y me cogió la cara con una mano, girándome suavemente hacia él.

Acercó la boca a mi oreja, tan cerca que sentí su aliento caliente y el roce casi húmedo de sus labios contra mi piel, como si estuviera a punto de lamerla.

—Me encantas… —me susurró, con la voz baja y cargada de morbo.

Yo no podía apartar la vista de la foto. Ni aunque quisiera. El calor entre mis piernas seguía creciendo mientras su aliento me rozaba el lóbulo y su mano me sujetaba la mandíbula con una posesión suave pero clara.