El Imperio de Sangre PRÓLOGO
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PRÓLOGO

ILYA KARELIN

Adelante.

Siempre mira adelante.

Nunca olvides de dónde vienes ni qué te formó, pero no permitas que ninguna de esas cosas dicte hacia dónde irás después.

Esas fueron las últimas palabras de mi padre antes de salir de nuestro hogar y no volver jamás. Se tallaron en mi memoria como su lección más valiosa, y desde entonces me he obligado a vivir según ellas.

Durante los últimos dos años he estado junto a Sasha Morozova, la Imperatrix rusa, como su hombre de confianza. Su Consultor. Me enorgullezco de ello.

Descubrí mucho sobre mí mismo después de entrar en la mafia.

Es difícil explicar los lazos de sangre, sobre todo los míos: esa clase de sangre mafiosa que corre por mis venas y espera con paciencia hasta que un hombre no tiene más opción que rendirse a ella.

Tuve que aceptarlo. Tuve que inclinarme ante la fuerza con la que tomó posesión de mí. Como dije, no puedo explicarlo.

Solo puedo sentirlo.

Usarlo.

Usarlo bien.

Ya no puedo negar lo que soy, cómo soy ni lo que siento.

Vivir cada día junto a la mujer que aún me hace sentir cosas que ninguna otra mujer me ha hecho sentir jamás no es fácil. A veces quiero matarla por eso.

Pero Camila no merece mi sufrimiento.

Tampoco merece el amor que le ofrecí años atrás.

Se burló de mi amor y se fue con otro hombre, abandonándome como si yo fuera uno de los clientes que pagaban por usar su cuerpo.

Pero yo no era uno de ellos.

Nunca lo fui.

Ella lo sabía.

Aun así, se marchó, ignorando mis súplicas y cada promesa que hice de hacerla feliz.

Me trató como si no fuera nada.

Una bolsa de basura.

Un zapato viejo.

Después de años de silencio, el peligro llegó arrastrándose y se deslizó entre nosotros, hambriento de venganza.

Velado.

Discreto.

Estábamos en desventaja.

Necesitábamos contraatacar.

Aplastar.

Matar.

Camila hizo que la odiara, y cuando la muerte se acercó demasiado a los rangos más altos del Imperio, juré proteger a mi nueva familia para que pudiéramos seguir con vida.

Y Camila que perturbaba mi juicio de todas las maneras posibles me necesitaba más que cualquier otro miembro.

Podía ver en sus ojos cuánto me deseaba. Con cuánta ferocidad combatía las sensaciones que un simple y descuidado toque mío despertaba en su cuerpo. Cuánto la desestabilizaba.

Pero no tendría nada de mí aparte del mafioso que valoraba la vida de sus amigos.

Y todo mi desprecio.

Solo eso.

Nada más.

En la mafia no existe el perdón para los traidores, y Camila me traicionó cuando mintió y me engañó. El amor cedió su lugar a la ironía y la provocación, luego quedó encerrado en la mazmorra más oscura e inaccesible de mi corazón.

Nadie lo liberaría jamás.

Me encargaría personalmente de eso.

Un hombre herido tiene la obligación de preservar su orgullo.

Y estoy dispuesto a pagar cualquier precio para preservar el mío.