El Imperio de Sangre EPÍLOGO #2
54%

EPÍLOGO #2

Viviana, Dario, Rinaldo, Ilya, Ren, Camila, Pavel, Felix, Renato y Bogdan forman nuestra primera línea.

Son nuestro escudo.

Nuestro muro protector.

Fieles y devotos a la famiglia y al Imperio.

Somos la élite de la mafia mundial. Mandamos, coordinamos, dictamos reglas y no necesitamos permiso de nadie. Hacemos nuestras leyes según nuestros intereses y no aceptamos insubordinación ni traición.

Jamás.

Invado el baño y me uno a Sasha en la bañera ovalada. Tiene los ojos rojos, y se acomoda contra mi pecho cuando acerco su cuerpo al mío. No la quiero lejos de mí, ni siquiera un centímetro.

—Mañana a esta hora estarás vestida de blanco y caminando hacia mí, y será la última vez que tu dedo anular esté sin mi marca.

—No necesito un anillo para ser tu mujer.

—Pero necesitas el anillo para que yo pueda presumir y decir que eres mía.

—Ya lo haces, Matteo. Todos los días.

—Porque eres mía.

—Lo soy. Y tú eres mío.

Mi polla ya está dura, empujando contra su culo. Mis manos están en sus pechos, su vientre y su coño. Mi boca explora la curva de su cuello, y mi corazón golpea fuera de ritmo contra su columna.

—Soy completamente tuyo, mio angelo.

Sasha se gira, separa las piernas y se sienta en mi regazo frente a mí. Sus ojos sobre los míos. Sus dedos acarician mi cabeza, y se desliza sobre mi polla en movimientos lentos y deliciosos.

—No sé qué haría sin ti en mi vida.

Su voz está espesa de deseo y miedo.

—Promete que no me dejarás, Matteo.

Le rodeo la cintura con los brazos y aumento la velocidad de sus caderas para distraerla de la respuesta.

—Prometo quedarme contigo para siempre, Sasha.

Gime y pone sus pechos en mi cara. Los movimientos se aceleran cuando los tomo en mi boca, chupando y devorando como un ternero hambriento.

—Te amo, mi capo.

Sostengo mi polla, ofreciéndole una de las mayores pruebas que puedo dar. Mi cuerpo es suyo, igual que mi alma y mi corazón. No hay espacio para la duda, ni siquiera por un minuto.

Beso su boca con pasión y devoción. Ella sube, baja, traga y suelta. Sus pechos se balancean y me hipnotizan. Estoy jodido de deseo por esa mujer que no se conforma con dominarme.

Necesita volverme loco.

—Te amo, Sasha, como jamás he amado a ninguna mujer en mi vida.

—Nos casamos mañana.

Le aprieto el culo, apoyo la espalda contra el borde de la bañera y planto los pies en el suelo para hundirme más profundo. Llego tan lejos como puedo y tan rápido como soy capaz de soportar. Sasha grita mi nombre, dice que nunca amará a nadie como me ama a mí.

Le creo porque siento lo mismo.

—Sì, ángel. Vas a convertirte oficialmente en mía.

Hablo entre dientes.

—Mi esposa.

Embisto más fuerte.

—Mi mujer.

Más profundo.

—Mi mundo, joder.

Se corre.

Me corro.

Nos derrumbamos el uno contra el otro.

Sin aliento y cansados.

Satisfechos como siempre.

Insaciables como nunca.

La noche cae sobre Noronha, y los invitados para la ceremonia empiezan a llegar. Viviana y Dario son los primeros.

Ruidosos.

Exagerados.

Dramáticos.

Mi nonna insiste en despertar a Pietro y dice que no es “saludable” que un niño de casi dos años duerma por la tarde.

Sabemos que es mentira, pero somos incapaces de enfrentarla por el supuesto estudio reciente que vio en algún canal de Discovery.

Ilya llega con Nadia una hora antes que Camila, Renato, Pavel, Felix y Bogdan. Ren y su novia son los últimos, y en cuanto ponen un pie en la casa, son llamados al despacho.

—¿Conseguiste lo que te pedí?

Pregunto con Sasha sentada en mi regazo.

—Sí, señor. Fue fácil, y al principio pensé que era una trampa para desorientarnos, pero me equivoqué. Adrian Vale se acomodó demasiado durante los últimos años, pensando que lo tenía todo bajo control, y acabó relajándose más de lo debido.

—¿Cuánto en total? —pregunta Sasha sin rodeos.

—Cerca de ochocientos mil reales —responde Ren, entregándonos las pruebas.

—¿En cuánto tiempo? —pregunto.

—Menos de dos años.

—Hijo de puta.

Sasha se pone de pie.

—No podemos dejar pasar esto, Matteo.

—No lo haremos.

—¿Vamos?

Sus ojos brillan de anticipación.

—¿Estás segura de que quieres hacer esto esta noche? Es la víspera de nuestra boda, Sasha.

Por supuesto que quiere.

Siempre querrá.

—Es mejor terminarlo ahora.

Mi mujer tiene dentro una tendencia homicida tan grande como su instinto maternal. Rezo para que ninguna mujer le rompa jamás el corazón a Pietro, o su muerte será decretada. Aunque ocurra en la primaria y la chica responsable de su dolor tenga menos de diez años.

—Salimos en diez minutos.

Sonríe y se lanza a mi regazo como una niña que acaba de recibir un juguete nuevo.

—¿Quieres llevar a alguien más?

Susurro, sintiendo cómo el vello de sus brazos se eriza bajo mis dedos.

—No, mi capo. Esto es un asunto de famiglia.

Sus labios presionan los míos.

—Me cambiaré y le diré a Viviana. Estoy segura de que en cuanto salgamos, despertará a Pietro.

—Eso es todo lo que quiere.

Ren y su novia están sonriendo.

Yo también.

—¿Qué llevarás, Sasha?

Pregunto antes de que salga del despacho. Se detiene, pensativa durante un breve instante, y luego responde con calma.

—Lo habitual. Mi Glock y el cuchillo.

Me pongo de pie y camino hacia ella.

—¿No preferirías llevar solo la pistola?

Le aparto el pelo del rostro en un pésimo intento de hacerla renunciar al cuchillo.

—No queremos tardarnos, ¿recuerdas?

Sasha me ofrece su sonrisa más demoníaca antes de besarme la boca y marcharse sin mirar atrás.

Saltarina.

Feliz.

—Puedo llevar un cuchillo más grande si mi lentitud te molesta.

Dio Santo.

Mientras otras mujeres se alegran cuando sus hombres ofrecen llevarlas a cenar, de compras o al cine, la mía se siente realizada cuando sale a torturar a un traidor.

Por eso amo a esta ragazza.

Por eso fue hecha para mí.

Y fue precisamente porque era así que convirtió mi mundo oscuro en un mundo de colores oscuros tocados por la luz.

En la medida exacta, Sasha se convirtió en mi mundo.

No importa cuánto tiempo viva.

Lo único que importa es vivir junto a ella y mi hijo.

Por el tiempo que haya.

Por todo el tiempo que pueda.

No hay dinero en el mundo que pueda pagar por eso.

El amor que siento por Sasha Morozova Bellandi Rossi sencillamente no tiene precio.

FIN