El idioma de los girasoles XXI, Kavan #2
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XXI, Kavan #2

Como repetí el último año de secundaria, no me gradué en el 2014 —como me correspondía debido a mi edad—, sino el año siguiente. Solo dos meses antes de que la luz de mamá se desvaneciera y se convirtiera en un parpadeo ubicado en lo más profundo de nuestros corazones.

—Ojalá pudiéramos viajar al pasado.

—Ojalá.

Algo me decía que sus motivos eran totalmente diferentes a los míos, pero no hice ningún comentario más. Me limité a colocar una mano en la parte baja de su espalda y entrelazar nuestros dedos con los de la otra, replicando de forma bastante cutre la manera en la que danzamos aquella tarde.

Cuando se pegó a mi cuerpo, me quedé sin aliento. Eleonor nunca había sido muy dada al contacto físico —ni siquiera cuando estuvimos saliendo durante aquella época— y, sin embargo, ahí estaba. Rodeándome la cintura con los brazos apoyando la cabeza en mi pecho.

—¿En qué piensas ahora? —pregunté al notar el cambio en su lenguaje corporal. Sus hombros, antes tensos, ahora parecían caídos. Como si se hubiese dado por vencida en algo de lo que yo no tenía ni la menor idea.

Esa vez no tardó en contestar.

—En que no me había dado cuenta de lo mucho que os había echado de menos hasta que no regresasteis —Alzó la barbilla y me sorprendí al ver sus pupilas teñidas de arrepentimiento y dolor—.

No sabes lo que daría por ser menos rencorosa, menos cerrada, menos…

yo. Todo sería mucho más fácil si no fuese así.

—No digas tonterías, Riviere. Todos tenemos defectos y virtudes, porque somos humanos y nos equivocamos una y otra vez.

Pero eso es lo que nos hace ser especiales, diferentes a los demás.

—Tragué saliva e inspiré hondo para recobrar el aliento—.

Además, no hay nada perpetuo en la vida y lo sabes más que de sobra.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que sé que estás pensando en él —puntualicé sin necesidad de mencionar su nombre—. No tengo ni idea de por qué estáis tan distantes, pero encontraréis la forma de arreglar vuestras diferencias, sean las que sean. De ello estoy seguro.

Dio un paso hacia atrás y se deshizo de mi agarre justo cuando acabó la canción, con una sonrisa tensa y los labios hinchados de tanto mordérselos.

—Gracias.

—No he dicho nada que no piense y nada que no sepas.

—Ya, pero era justo lo que necesitaba escuchar. —Entonces, ladeó la cabeza hacia la derecha—. ¿Tú en qué piensas? No es justo que yo sea la única en responder tus preguntas.

Aunque quería seguir afirmándole que era increíble tal y como era, y que no debía cambiar si ella misma no lo deseaba, era consciente de que no era el momento idóneo. Siempre que Eleonor cambiaba de tema de forma tan drástica, era mejor seguirle el juego y no presionarla.

—Si te lo digo, quizás te molestas —avisé mientras la escaneaba, de nuevo, de pies a cabeza.

—Aprovecha que estoy de buen humor.

Me planteé mentir y decir cualquier cosa, pero la verdad acabó brotando de mis labios antes de poder contenerla.

—Hacía mucho tiempo que no tenía tantas ganas de arrancarle el vestido a alguien.

Así, sin anestesia ni preparación previa.

—¡Ajax!

—¿Qué? Me has preguntado y he sido sincero.

—Creo que preferiría haberme quedado con la curiosidad.

Se había puesto nerviosa. Punto para mí.

—Venga, salgamos de la piscina —le indiqué con un movimiento de cabeza—. Empieza a hacer frío y algo me dice que, si no regresamos cuanto antes, Lalia vendrá aquí para tirarme del pelo y sacarme a la fuerza.

—Esto no habría pasado si no hubieses tenido la idea del siglo —protestó, aunque en su voz no había rastro de queja.

Le di un empujón amistoso en cuanto pusimos un pie fuera del agua y ambos nos echamos a tiritar por la diferencia de temperatura. Intentó devolvérmelo en cuanto recuperó el equilibrio, pero me aparté en el último segundo.

Después de que la novia de Gerard le dijese que podía prestarle algo de ropa limpia para que no cogiera frío y de que yo me envolviese como un burrito con una de las toallas, Lalia terminó la llamada que estaba haciendo —al parecer, le habían propuesto el reto de llamar a su ex y decirle que lo echaba de menos— y señaló a Kylian con una sonrisa malévola.

Este clavó la vista en la hierba y no se molestó en alzarla ni siquiera cuando pronunciaron su nombre.

Fruncí el ceño y me pregunté qué debía de haber sucedido en nuestra ausencia para que pareciese tan alicaído. ¿Quizás le habían pedido que confesara algo demasiado vergonzoso? ¿O tan solo tenía sueño y quería irse a dormir cuanto antes?

—En la anterior ronda escogiste reto, así que te toca responder a una de mis preguntas. —Algo centelleó en la mirada de la joven, pero estaba tan borracha y alterada que no supe discernir bien el qué—. ¿Preparado?

Gerard se rio por lo bajo.

—Como si tuviese otra elección. Aunque dijese que no, te daría totalmente igual.

Lalia le lanzó un beso volador que él fingió atrapar en el aire y llevarse al bolsillo antes de volverse hacia mi hermano, que asintió y la observó con un pasotismo muy poco propio en él.

De hecho, estaba seguro de que podría contar con una sola mano —y aun así me sobrarían varios dedos—, las ocasiones en las que se había mostrado tan indiferente con algo.

—Ya conoces las normas, Kylian. Nada de mentiras, verdades a medias o intentar sobornarnos para que te digamos un reto y te escaquees.

—Con un movimiento torpe más propio de un bebé que no tiene ni idea de cómo controlar sus manos, se colocó un mechón tras la oreja—.

¿Cuándo piensas admitir que, el verdadero motivo por el que te duele que Ellie no olvide lo que le hiciste hace cinco años, es porque llevas demasiado tiempo enamorado de ella?