APÉNDICES
I. Las primeras crónicas publicadas
Los primeros testimonios sobre el Pequeño Salvaje que aparecieron en la prensa local se han perdido. Los dos artículos más antiguos que han sobrevivido aparecieron en sendas publicaciones de París. Contienen tantos elementos interesantes que los he traducido aquí íntegramente.
El Journal des débats et lois du pouvoir législatif (Revista de debates y leyes del poder legislativo) fue una revista casi oficial que sobrevivió a muchos años de política revolucionaria y levantamientos.
Tenía muchos lectores por toda Francia. Nougairoles, administrador del orfanato de Saint-Affrique, donde el niño pasó el primer mes posterior a su captura, decidió que sería el lugar adecuado para anunciar el caso del Pequeño Salvaje.
Remitió al Journal la carta de presentación de Constans-Saint-Estève, junto con una nota escrita por él.
Ambas aparecieron en la página 3 de la edición del 24 de enero de 1800 (5 Pluviôse An VIII).
notas y anuncios informativos
Copia verificada de la carta escrita el 10 de enero de 1800 (20 Nivôse An VIII) por el comisionado del Gobierno en el cantón de Saint-Sernin al comité administrativo del orfanato de Saint-Affrique.
Ciudadano:
Mando a su orfanato a un muchacho sin identificar de entre doce y quince años que parece ser sordomudo de nacimiento.
Más allá del interés que inspira su discapacidad, exhibe una conducta fuera de lo ordinario que parece situarlo en un estado casi salvaje.
En todos los sentidos, este ser interesante y desafortunado demanda el cuidado de sus congéneres; quizá incluso acabe atrayendo la atención de algún filántropo genuino.
He informado de este caso al Gobierno. Sin duda, este decidirá que se debe confiar al muchacho al célebre y respetado Sicard, el maestro de los sordomudos.
Por favor, ocúpense de todas las necesidades del muchacho.
Ténganlo meticulosamente vigilado durante el día, y asegúrense de que duerme en una habitación desde la que no se pueda escapar.
Pese a la calidez y amistad que le mostré, y aunque me gané su confianza durante los dos días y noches que se pasó atentamente vigilado en mi casa, nunca dejó de buscar la oportunidad de escapar.
Desde que se ha civilizado un poco, su comida preferida consiste en patatas asadas en el fuego.
Cuando lo capturaron, se alimentaba de raíces y de patatas crudas.
Sin más tardanza les enviaré un informe detallado de las circunstancias que permitieron que el muchacho llegara a mis manos, de las conclusiones que he extraído sobre su forma de vida y de las causas por las que debemos considerarlo una criatura fenomenal.
Saludos y estima,
Constans-Saint-Estève
La carta que sigue, remitida a nuestra redacción por uno de los administradores del hospicio de Saint-Affrique, aporta una serie de detalles que compensan la ausencia del informe prometido por el comisionado.
Saint-Affrique, 11 de enero, 1800
Al editor:
Creo que debería informarlo a usted, ciudadano, de un fenómeno que tiene desde esta mañana ocupados a todos los habitantes de esta comuna.
Ayer nos trajeron a este hospicio, del que soy administrador, a un niño al que originalmente habían atrapado tres cazadores en los bosques de las inmediaciones de Lacaune.
Cuando se le acercaron, el niño huyó y se subió a un árbol.
Los cazadores lo llevaron a Lacaune, de donde más tarde se escapó.
Fue atrapado de nuevo en un bosque de las inmediaciones de Saint-Sernin y entregado a Constans-Saint-Estève, el comisionado.
[Véase carta adjunta.] Los gendarmes que nos lo trajeron ayer pudieron confirmar que su captura fue tal como acabo de describir.
Es verdad que se alimenta únicamente de patatas y frutos secos.
Si le ofrecen pan, lo huele, lo muerde, escupe el bocado y tira el pan.
Hace lo mismo con otras comidas. Estos hechos muestran a las claras que ha vivido mucho tiempo en el bosque.
¿Cómo ha sobrevivido a los rigores del presente invierno en los bosques de Lacaune?
Se trata de la montaña más alta y fría de nuestra región.
Y el frío de este año ha sido peor que el de 1795.
El muchacho aparenta unos diez o doce años como mucho.
Tiene un rostro atractivo. Sus ojos son negros y vivaces.
No deja ni un momento de buscar la forma de escapar.
Esta mañana lo hemos soltado en un campo que hay al lado del hospicio.
Se ha alejado corriendo tanto como ha podido.
Si no lo hubieran perseguido y vuelto a atrapar, se habría perdido en las montañas y habría desaparecido.
Se mueve al trote. Alguien le ha fabricado una prenda de tela gris que no se puede quitar.
Le molesta mucho. Lo acabamos de sacar al jardín.
Se ha intentado escapar rompiendo los barrotes de la verja.
No habla. Cuando le ofrecen patatas, coge todas las que le caben en las encantadoras manitas.
Si están asadas (que es como las prefiere), las pela y se las come como si fuera un mono.
Tiene una risa muy agradable. Si le quitas las patatas, suelta unos chillidos agudos.
Constans cree que es sordo; nosotros estamos convencidos de lo contrario.
Como mucho, puede que sea un poco duro de oído.
Voy a dejar en manos de los científicos la explicación del fenómeno y su interpretación profesional.
Pero confío gratamente en que este muchacho fascinante capte la atención benévola del Gobierno.
Nougairoles
Podemos datar con exactitud la llegada del Pequeño Salvaje a París gracias a un artículo anónimo que apareció el 8 de agosto de 1800 (20 Thermidor An VIII), en el periódico parisino Gazette de France.
Tal como era costumbre por entonces, muchos diarios y revistas de París publicaban prácticamente el mismo artículo en su edición siguiente.
En la controversia que se desarrolló durante las semanas siguientes en torno a aquel «fenómeno», cierto periodista estrambótico llamado Feydel proclamó que el chico era un charlatán que vivía de gorra del Gobierno.
Feydel declaró también que Sicard era el autor del artículo original (traducido a continuación).
Y es posible que estuviera en lo cierto, porque en una escueta carta en que reprende a Feydel, Sicard no desmiente del todo la autoría del artículo.
La rapidez con que se publicó el texto, la información que contiene y las vanaglorias con que concluye el primer párrafo sugieren que su autor pudo ser Sicard.
Aunque escrito de forma apresurada, plantea casi todas las preguntas importantes sobre el caso.