El experimento prohibido ¡Ojalá pudiera hablar!
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¡Ojalá pudiera hablar!

Aunque Itard escribía sus informes con gran prolijidad, omitió algunos detalles importantes.

Por ejemplo, Victor no distinguía las palabras habladas, pero sí que entendía los tonos de voz.

¿Acaso Itard y madame Guérin le hablaban de esa forma en que hablamos con los niños pequeños pese a que no entienden nuestras palabras?

¿O bien renunciaban al habla vocal, más allá de fragmentos expresivos como no, bien, ven aquí, otra vez, más deprisa y otros por el estilo?

¿Hasta qué punto desarrollaron un lenguaje básico de gestos?

Itard nunca menciona que esté intentando enseñarle a Victor a hablar con signos, que era como se expresaban los niños sordos que vivían a su alrededor.

En una carta de 1803, Sicard nos informa de que de vez en cuando sí que se usaba con Victor el lenguaje de signos, pero no de forma sistemática.

Me imagino a madame Guérin hablando constantemente con Victor de esa forma en que se habla con los niños y a Itard trabajando con él en un silencio relativo.

Pero no hay evidencias claras que apoyen esta imagen.

En cualquier caso, Itard no había renunciado al habla; simplemente había estado esperando el momento adecuado.

Después de trabajar durante meses para que Victor distinguiera los sonidos vocálicos, siempre en vano, Itard se resignó al hecho de que el chico no podía oír de forma adecuada los sonidos del habla ni tampoco reproducirlos.

Asumió que Victor era el equivalente mental y psicológico de un sordomudo de nacimiento.

No tenía demasiado sentido intentar enseñarle a hablar por medio de los métodos normales basados en la repetición de sonidos cuando en realidad no los oía.

Sin embargo, Victor sí había adquirido dos talentos nuevos desde el inicio de su formación: se había vuelto observador y capaz de imitar lo que veía.

A Itard se le ocurrió que había otro método para enseñarlo a hablar: no a través del oído, sino de la vista.

Este nuevo método implicaba educar a Victor para que viera y comprendiera el mecanismo que empleamos para emitir sonidos articulados, y a continuación entrenara sus cuerdas vocales para reproducirlos […]

. Durante más de un año, todo mi trabajo y todos mis ejercicios estuvieron orientados a este objetivo.

A fin de dividir el proceso en pasos meticulosamente graduales, primero le hice imitar los movimientos más obvios y pronunciados de los músculos faciales.

Nos sentábamos cara a cara, el alumno frente al maestro, y nos dedicábamos a hacernos muecas el uno al otro, efectuando los movimientos más extravagantes con los ojos, las bocas, las frentes, las mandíbulas y todos los demás músculos faciales.

De forma gradual pasamos a concentrarnos en los movimientos de los labios y después en los de la lengua.

Todo esto se alargó mucho tiempo y atravesó todas las variaciones imaginables.

Tras prepararlos de esta forma sistemática, me pareció por fin que sus órganos del habla estaban listos, sin lugar a duda, para imitar los sonidos articulados.

Mis esperanzas se vieron completamente frustradas.

Lo único que conseguí de aquel largo programa formativo fueron unos pocos monosílabos indistintos, algunos estridentes y otros graves y mucho menos claros que los que ya había obtenido en mis intentos anteriores.

Aun así, alargué aquel proceso mucho tiempo, a pesar de la falta de respuesta de Victor.

Por fin, viendo que mis esfuerzos no nos llevaban a ninguna parte, renuncié a mis intentos de hacer hablar a Victor y lo abandoné a su estado de mutismo incurable.

De esta forma Itard describe en una sola página la secuencia más larga y sostenida de su educación, que se extendió mucho más de un año y seguramente hasta bien entrado 1805.

Algunas de las escenas de ambos haciéndose muecas el uno al otro debieron de resultar graciosas al principio, pero esa clase de juegos no tardan en fatigar.

De alguna forma continuaron sin rendirse, pero al final todo condujo a la derrota más descorazonadora de Itard.

Había intentado cuidadosamente seguir unos métodos y principios que había aplicado con gran éxito a otros aspectos de la educación de Victor.

El periodo de mayor respuesta y progreso de Victor, cuando aprendió a leer y escribir, precedió directamente a su fracaso más inesperado.

¿Qué sucedió? Los dos párrafos antes citados me sugieren que Itard todavía estaba esperando a que Victor oyera unos sonidos que su oído no podía discriminar.

En cualquier caso, por primera vez había alcanzado un callejón sin salida.

Hasta aquel momento, Itard siempre había creído que un programa de formación meticulosamente diseñado terminaría por vencer todos los obstáculos y restaurar las capacidades perdidas de Victor, sobre todo si se apoyaba en la voluntad de regresar a lo básico,

una paciencia sobrehumana y la abundancia de recursos.

El hecho de que Itard acabara aceptando que no podía enseñar a hablar al chico alteró esa relación.

Irónicamente, sabemos que durante aquella misma época Itard había empezado a educar a algunos chicos con sordera parcial del instituto para que hablaran por medio de aquellos mismos métodos.

Victor parecía todavía más sordo y mudo que antes.