Chapter 22
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La habitación quedó en silencio absoluto después que Lucía dijera aquella palabra.
“MÍRAME.”
El vaho acumulado sobre el cristal comenzaba ya a deshacerse lentamente bajo el calor del interior, deformando las letras poco a poco mientras la lluvia seguía golpeando suavemente la ventana desde el exterior.
Irene permanecía inmóvil junto a la cama con la fotografía todavía entre las manos y una sensación fría descendiendo lentamente por la espalda.
Porque aquello resultaba demasiado íntimo.
No parecía un mensaje dejado para la policía, parecía escrito específicamente para ella.
Iván se acercó rápidamente a la ventana mientras uno de los técnicos comenzaba a fotografiar el cristal antes de que las letras desaparecieran por completo.
—No hay marcas visibles de entrada forzada —murmuró el forense observando alrededor—. Y la puerta no presenta manipulación.
Hugo soltó aire lentamente desde el otro lado de la habitación.
—Entonces ¿cómo coño salió Alicia de aquí?
Nadie respondió.
Porque todos empezaban a sospechar la posibilidad más inquietante, que Alicia quizá no había sido obligada a marcharse.
Irene seguía observando la palabra escrita sobre el cristal.
“MÍRAME.”
Cuanto más tiempo la contemplaba, más incómoda se volvía la sensación de que el asesino estaba intentando empujarla hacia algo muy concreto. No solo perseguirlo, ni tan solo comprender el caso, sino mirar el mundo desde el mismo lugar desde el que él lo observaba.
Y esa idea empezaba a resultarle profundamente peligrosa.
—La escribió desde dentro —dijo Lucía en voz baja.
La inspectora volvió lentamente hacia ella.
—¿Qué?
La analista señaló el trazo irregular sobre el vaho.
—La dirección de las líneas, la palabra se escribió desde el interior de la habitación.
El silencio volvió a asentarse entre todos.
Porque eso significaba que Alicia seguía viva cuando apareció el mensaje y probablemente no estaba sola.
Clara permanecía inmóvil cerca de la puerta observando la habitación con expresión cada vez más frágil. Desde hacía rato parecía atrapada entre el miedo y algo mucho peor, la sensación de reconocer demasiadas cosas dentro del comportamiento del asesino.
La periodista tragó saliva antes de hablar.
—Creo que sé por qué hace esto.
Irene levantó lentamente la cabeza hacia ella.
—¿Por qué?
Clara tardó varios segundos en responder.
—Porque necesita que alguien lo vea realmente.
La lluvia golpeó otra vez las ventanas del hospital.
Hugo negó inmediatamente con la cabeza.
—No me jodas, que no estamos hablando de un hombre incomprendido.
—No —susurró Clara—. Estamos hablando de alguien que cree serlo.
El silencio posterior fue incómodo porque Irene sospechaba que Clara acababa de acercarse peligrosamente a la verdad otra vez.
El asesino no parecía actuar como alguien escondiéndose de lo que era, actuaba como alguien convencido que el resto del mundo simplemente no soportaría comprenderlo.
La inspectora volvió lentamente la vista hacia la fotografía encontrada sobre la almohada.
“La diferencia entre mirar la oscuridad y entenderla es mucho más pequeña de lo que imaginas.”
Otra vez aquella idea constante, comprender, mirar, atravesar algo.
Como si el asesino creyera sinceramente que las personas viven encerradas detrás de barreras emocionales que él había aprendido a cruzar hacía mucho tiempo.
Entonces Iván habló desde el otro extremo de la habitación.
—Irene.
Ella se volvió.
El forense sostenía algo pequeño dentro de una bolsa transparente de pruebas.
Un botón negro muy simple, mate y sin marcas visibles.
Pero Irene sintió inmediatamente un escalofrío lento recorriéndole la espalda.
Porque reconoció el objeto.
Era idéntico al botón que faltaba en el abrigo oscuro del hombre fotografiado bajo la lluvia durante el funeral de Laura Varela.
Iván observó el objeto unos segundos antes de continuar.
—Lo encontré debajo de la cama.
Hugo se acercó inmediatamente.
—¿Puede ser suyo?
—Probablemente.
Irene permaneció inmóvil mirando el botón dentro de la bolsa transparente mientras algo empezaba a encajar lentamente dentro de su cabeza.
El asesino cometía muy pocos errores, demasiado pocos, y por eso precisamente aquel botón resultaba todavía más inquietante.
Porque quizá no era un descuido, quería que lo encontraran.
Como si estuviera dejando deliberadamente pequeñas piezas del camino para mantener viva la persecución.
Lucía levantó lentamente la vista hacia Irene.
—¿Y si esto no es solo vigilancia?
La inspectora sostuvo su mirada unos segundos.
—¿Qué quieres decir?
La analista dudó apenas un instante antes de responder.
—¿Y si está construyendo algo contigo igual que lo hizo con ellas?
El silencio cayó otra vez sobre la habitación blanca.
La lluvia seguía descendiendo lentamente sobre Madrid.
Y por primera vez desde el inicio del caso, Irene sintió una certeza profundamente incómoda creciendo dentro de ella.
El asesino nunca había querido mantenerse oculto para siempre, quizá llevaba mucho tiempo esperando exactamente a alguien como ella.