El Evangelio del Asesino (Irene Alarcón 1) Chapter 21 #2
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Chapter 21 #2

Quizá el asesino no se veía a sí mismo como un monstruo, se veía como alguien intentando compartir una visión del mundo que el resto de las personas no soportaría mirar demasiado tiempo.

Entonces el teléfono de Lucía vibró bruscamente sobre la mesa.

La analista observó apenas la pantalla.

Y palideció inmediatamente.

—Irene…

La inspectora sintió cómo algo frío descendía lentamente por la espalda incluso antes de escucharla.

—Han encontrado algo más en la habitación del hospital.

—¿Qué cosa?

Lucía levantó lentamente la vista hacia ella.

—Una fotografía tuya sobre la almohada de Alicia.

Capítulo 20 — La mujer en la habitación blanca

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Parte 1

La lluvia seguía cayendo sobre Madrid cuando Irene Alarcón abandonó la Brigada Central de Homicidios junto a Hugo y Lucía apenas diez minutos después de recibir la llamada del hospital.

El cansancio empezaba a adherirse a todos ellos como una segunda piel, pero nadie parecía dispuesto ya a detenerse.

Porque el caso había cruzado otro límite.

Ahora el asesino no solo observaba a Irene.

La estaba introduciendo deliberadamente dentro de la historia.

El coche avanzaba a través de avenidas húmedas mientras las luces nocturnas se deshacían lentamente sobre el parabrisas bajo el movimiento rítmico de los limpiaparabrisas. Clara permanecía sentada en silencio en la parte trasera observando la ciudad sin verla realmente.

Nadie hablaba demasiado.

Y, sin embargo, Irene podía sentir cómo algo estaba cambiando lentamente dentro del vehículo.

No era únicamente miedo.

El miedo había quedado atrás, lo que comenzaba a aparecer ahora era otra cosa.

La sensación incómoda de que el asesino también había empezado a obsesionarse con ellas y, especialmente con ella.

La inspectora mantenía la vista fija hacia delante mientras recordaba las palabras escritas en la habitación del hospital.

" Ella ya ha comenzado a mirar."

Cuanto más las repetía mentalmente, más peligrosa empezaba a parecerle aquella sensación de que el asesino no estaba improvisando ninguno de sus movimientos recientes.

Parecía haber esperado durante mucho tiempo exactamente este momento, como si toda la investigación hubiera estado avanzando lentamente hacia un lugar que él ya conocía desde el principio.

—No me gusta nada esto.

El murmullo de Hugo rompió el silencio sin apartar la vista de la carretera.

Irene tardó unos segundos en responder.

—Porque ya no parece un caso normal.

El subinspector soltó aire lentamente.

—Porque parece personal.

La lluvia golpeó con más fuerza el techo del coche durante unos segundos.

Y nadie respondió, porque los cuatro sabían ya que era verdad.

Cuando llegaron al hospital universitario, varias patrullas permanecían estacionadas junto a la entrada principal mientras agentes uniformados controlaban discretamente el acceso a la planta donde había estado ingresada Alicia Berenguer.

El ambiente interior estaba impregnado de ese olor limpio y artificial típico de los hospitales nocturnos: desinfectante, luces blancas y cansancio humano acumulado detrás de las puertas cerradas.

Una enfermera esperaba junto al ascensor con el rostro todavía alterado.

—La habitación está tal y como la encontramos.

La voz sonó nerviosa mientras subían a la planta superior.

—Nadie vio salir a la paciente.

Irene observó el reflejo cansado de todos ellos sobre las puertas metálicas del ascensor.

—¿Estaba sedada?

—Ligeramente, pero consciente.

Las puertas se abrieron lentamente y, el silencio del pasillo nocturno les envolvió inmediatamente.

La habitación de Alicia permanecía al fondo, acordonada ya por científica. Varias luces blancas iluminaban el interior mientras Iván y dos técnicos trabajaban alrededor de la cama vacía.

Irene avanzó lentamente hacia la puerta.

Y sintió inmediatamente aquella sensación incómoda que empezaba a reconocer demasiado bien.

Presencia.

Sin caos.

Sin violencia.

Sin precipitación.

Presencia humana reciente.

Como si alguien acabara de abandonar la habitación apenas unos minutos antes.

La cama seguía deshecha.

La lluvia golpeaba suavemente el cristal exterior.

Y sobre la almohada permanecía la fotografía, su fotografía.

Irene se detuvo completamente inmóvil al verla.

La imagen la mostraba de pie frente al ventanal del apartamento de Marta Urrutia durante la primera noche de investigación. Estaba parcialmente iluminada por las luces policiales exteriores y observaba la ciudad bajo la lluvia sin saber que alguien la fotografiaba desde el edificio de enfrente.

Otra vez aquella cercanía imposible, la sensación de haber sido observada durante mucho más tiempo del que podía soportar pensar.

Iván levantó lentamente la vista hacia ella.

—No hay huellas claras.

Irene se acercó despacio a la cama.

La fotografía seguía perfectamente colocada sobre la almohada blanca, casi como un mensaje íntimo, una carta dejada deliberadamente para una única persona.

Se puso los guantes antes de recogerla lentamente.

Y entonces vio lo escrito detrás.

" La diferencia entre mirar la oscuridad y entenderla es mucho más pequeña de lo que imaginas."

El silencio de la habitación pareció hacerse todavía más profundo.

Hugo observó la frase por encima de su hombro y soltó aire lentamente.

—Está obsesionado contigo.

Pero Irene seguía mirando las palabras.

Porque aquello volvía a producirle la misma sensación inquietante que las frases anteriores.

No parecían amenazas, tampoco parecían advertencias, y precisamente ahí residía el problema, eran como invitaciones.

Como si el asesino estuviera convencido de que, tarde o temprano, ella terminaría comprendiendo algo que todavía se resistía a aceptar, y eso era exactamente lo que empezaba a resultarle más perturbador de todo el caso.

Lucía revisaba mientras tanto la habitación junto a Iván cuando algo llamó su atención cerca de la ventana.

—Irene.

La inspectora levantó lentamente la cabeza.

La analista señalaba el cristal húmedo del exterior.

Había algo escrito sobre el vaho acumulado en la ventana.

Una sola palabra, una única palabra trazada con el dedo sobre la condensación.

MÍRAME .