Capítulo 51 #2
—Jevrem sufre porque no volvió solo —dijo—, se está perdiendo así mismo, y cuando decidan ayudarlo será muy tarde.
—¿De qué hablas? —Erik creía que su hermano estaba sonámbulo, ya iba a ordenarle a aquel par de idiotas en el pasillo para que despertaran a la señora Gianforte, de venir por Ángel.
—Alguien más se pegó al primo Jevrem para poder cruzar…
—¿Cruzar a dónde?
—A la vida, mamá. ¡A la vida!
Isabel y Anna, intercambiaron miradas silenciosas; la duda del gemelo más grande se la contagió a estas dos, de si el más chico sufría un episodio de sonambulismo.
—A nadie más rescataron de aquellas costas, y no hallaron la isla que Jevrem comentaba.
—Está con él —Ángel respondió a su progenitora.
Isabel lo volvió hacia ella.
Le tomó sus manitas gorditas.
—¿Quién, corazón?
—El que le habla constantemente. No lo deja en paz, le habla día y noche.
Anna recordó la sensación que tuvo de que Jevrem hablaba con una persona que no estaba presente.
—¿Una voz en su cabeza? —Inquirió y Ángel asintió, y del cual Erik hizo un gesto de «¿qué coños está pasando?».
—¿Esa «voz» le pide que se haga daño a sí mismo?
—A él no, mamá, pero sí a los demás.
Isabel palideció.
—Ustedes dos no van a ir. Me contactaré con Ma-cheil, él nos dirá cómo proceder.
—¿Y papá?
—Él no puede ser contactado hasta que retorne. No me hagas repetir del porqué. —Una vez le explicó cuando él insistía en llamar a Everett para rogarle estudiar en Nueva York, hacía tan solo un año atrás.
—Él y los nativos ya están allá —Ángel comentó—, se están preparando, pero sin la intervención de Anna, fracasarán. ¡Ella debe ir!
Isabel observaba a Ángel con una sorpresa que la mortificaba, ¿qué tipo de don había desarrollado en Alaska, tras lo de la invocación a esos dioses para que detuvieran su acelerado envejecimiento y el de Erik?
—Acompañaré a Anna, así te niegues, mamá —Erik manifestó, con decisión, al levantarse de su sillón—. No la dejaré sola en esto.
La joven le sonrió y expresó un silencioso «gracias». El próximo hijo que ella tuviera en el futuro, se lo ofrecería a Erik para que fuese su padrino.
—Damir o Jevrem podrían herirte.
—A Anna también —le hizo ver—. Así que debo ir con ella para protegerla.
Le pediré al senescal que forme una cuadrilla, si esto te tranquiliza.
—Él podía permanecer de brazos cruzados y dejar que a su primo se le fundiesen las neuronas.
Siempre ha estado loco. Pero Anna, angustiada, buscaría el modo de marcharse de la villa.
La quería tanto que estaba dispuesto a acompañarla para protegerla de sí misma.
Isabel se puso en pie y comenzó a caminar pensativa por el área de la sala.
—No puedo dejarte ir.
—Algún día tendré que enfrentarme a sujetos que querrán matarme —expresó en tono lúgubre al destino de los Brankovic—.
Papá lo ha hecho siempre, y ahora está de nuevo pateando traseros.
Me he entrenado para esto, iremos con guardias capaces de medírsele a varios a la vez.
No temas por mí, sino por Jevrem o el tío Damir, a quienes les patearé el culo y les reventaré la jeta si buscan broncas.
—Anna lo miró enojada y Ángel se llevó la mano a la boca para cubrir su risa—.
Solo si se ponen agresivos… Un puñetazo a cada uno, ¡y a dormir!
Isabel sabía que, si se negaba, Erik igual se marcharía. El encierro en las mazmorras equivaldría a que perdiera el respeto hacia sus superiores.
—No llames al senescal, sino a Tyson, es más confiable en estos casos.
—El señor Ospina era un excelente administrador de personal y buen emisario, del que nadie de él tenía quejas, pues representaba con honorabilidad los ideales de un reino.
Pero solo dirigía campañas militares cuando el rey lo requiriese.
Y Everett, en su mandato, aún no se lo ha pedido.
—¡Listo, nos vamos! —Erik ya estaba de camino hacia la puerta principal del dormitorio, y Anna se preparó a seguirlo.
—¡Un momentico, joven, aún no he terminado de hablar! —Isabel le llamó la atención, y este la miró aprensivo; cada vez que su mamá se expresaba de esa manera, les ocasionaba rabietas.
Anna y Ángel, expectantes.
Más que todo, la joven.
—Zafira debe acompañarte. —Por desgracia, ella no podía. Se tocó el estómago.
Ángel lo notó y le sonrió, pero respetaba que su progenitora aún no hiciera el anuncio.
—Ya sabía que liso no iba a salir… —masculló—. ¡¿Por qué debo llevar a Zafira?!
—Porque ella cuidará de ti.
Hizo un gesto molesto.
—No requiero de niñeras, sé defenderme bien. Zafira será una carga más, de la que yo estaré pendiente. No la quiero en esta misión.
—¡Ella irá o no habrá «misión de rescate»!
Anna miró suplicante a Erik. Un «por favor», se leía en sus ojos precisos. ¿Qué tanto le molestaba que la asistente los acompañara, cuando esta ha sido entrenada para también patear traseros? Toda ayuda extra era necesaria.
—Está bien… —aceptó, reticente. Tendría que darle algunas indicaciones a Zafira para evitar su sobreprotección o que se ponga ella en plan de chica superpoderosa. Si actúa como tal, la ataría a un árbol hasta que ellos completasen la misión.
—Cuídense. No quiero lamentar esto más adelante.
—No será así, Isa. ¡Gracias! —Anna abrazó a su buena amiga, aliviada de que esta haya cedido, a que ella y Erik partiesen a Denali.
Comprendía que, como madre, estaba enviando a su propio hijo a una situación peligrosa.
Pero un miembro de la misma familia los necesitaba más que nunca, y Anna se pondría cualquier armadura con tal de rescatar a Jevrem de lo que sea que lo está lastimando.
Al momento en que se dispuso a abrazar a Ángel, por ser excelente mediador, este ya no estaba en la suite principal.
—¿Cómo es que esas patas gordas son tan silenciosas? —Erik también se percató de la desaparición de su hermano; se escabullía con tanta facilidad y huía sin que nadie se diese cuenta—. Vamos, Anna, entre más nos demos prisa, más temprano estamos allá.
—No subestimen a Jevrem —Isabel les daba un último consejo antes de marcharse—. Está débil, pero es un alfa que ha tenido sus batallas.
Anna apenas tuvo fuerzas para asentir. Sabía muy bien qué batallas él ha librado y qué tan fuerte era para reducir a los que lo confrontaban. Pero lo ayudaría a salir de esa oscuridad en la que el destino lo obligaba a permanecer siempre.