Capítulo 50
—¿Qué es esto?, ¡¿qué hacen ustedes aquí?! ¡Fuera! ¡Fuera de estas tierras! —Desde el umbral de la puerta principal de la cabaña, Damir les ordenaba a los ancianos que, según él, invadieron los terrenos Brankovic, tras caer el sol sobre las copas altas de los bosques de Denali.
Él y su exesposa aún permanecían en la propiedad de Everett; renuentes a dejar a su hijo, solo, quien seguía custodiado en la gruta por más de veinte hombres.
Debió haber ignorado a la maldita de su cuñada, cuando apoyó el pedido de Jevrem, de traer a la puta con la que este solía revolcarse a menudo; y él de tonto no defendió su posición de padre, y ahora era demasiado tarde, la sirvienta se había metido sigilosa en la cama de Jevrem y le había empeorado su estabilidad emocional.
—Vinieron a ayudar —Ma-cheil contestó, con parquedad, habiéndose tomado la molestia de avisar primero a los progenitores antes de movilizarse todos hacia la gruta.
Detrás de él se hallaban los ancianos convocados que acudieron tras el llamado urgente del líder yakaramath.
Una entidad maligna se había apoderado del alma del Retornado.
—¿«Ayudar» en qué…? —preguntó desdeñoso de las tontas costumbres de esos chamanes paranoicos. Todo para ellos eran «dioses» y «demonios» habitando hasta en las rocas.
—Usted lo vio, señor Damir. No es necesario explicar.
—¡Claro que sí!
—Damir —Radojka le llamó la atención—, sé de lo que ellos hablan, y tú también lo viste, no finjas que no lo hiciste.
—¿Y qué vi? —La miró enojado—. ¿A mi hijo que requiere hospitalización psiquiátrica? Sí, lo vi bien…
Ella sacudió la cabeza.
—Lo que le pasa a nuestro hijo es peor a lo que expresas con tanto enojo. ¿No viste la sombra que se movía por la gruta y luego se posaba sobre Jevrem?
Los ojos del Alfa Regional se blanquearon por tener que rebajarse a convencer a semejante tonta.
—¿Y tú acaso no fuiste a la escuela?, ¿no conoces de los efectos de la luz sobre las cosas? —le gruñó—. Reflejaba las sombras de todos nosotros.
¿Qué luz? No hubo ni linternas ni antorchas ni lucecillas de móviles para que los iluminaran, y así crear las sombras. Esta se levantó sola.
—¡Se movía!
—Fue alguno de los guardaespaldas inquietos que se querían tragar al humano —replicó en su terquedad de «hombre culto»—. ¡No seas tonta, Radojka, no resumas la inestabilidad de Jevrem a supercherías y confusiones de luces y sombras!
Los ancianos lamentaban que a esas alturas hubiese algún integrante de la familia Brankovic que dudara de las conexiones de ellos con el mundo espiritual y del inframundo.
—La incredulidad del padre será la condena del hijo —la chamana expresó, protegida ella, con toda clase de amuletos alrededor de su cuello y muñecas.
—Más bien, la intromisión de otros.
El comentario desdeñoso, ofendió a los ancianos, quienes murmuraron enojados entre ellos: lobo blanco, de poco razonamiento; se cree grande, pero es pequeño. La sabiduría no corre por sus venas, carece de lo que se requiere para ser un buen líder.
—¡¿Por qué todo lo cuestionas?! —Radojka protestó, llorosa, de que su ex fuese tan idiota—.
Sabes lo que soy —no le importó que los demás la escucharan—, lo que mamá es, lo que Jevrem es…
Lo que pasamos hace unos años… ¿Por qué te cuesta aceptar que tal vez no es esquizofrenia lo que martiriza a nuestro hijo?
Has visto de cerca lo que somos capaces de hacer, lo que podemos «ver», y, aun así, actúas como si jamás hubieses presenciado nada extraño en nosotros.
¡Déjelos que ayuden a Jevrem! Si no logran estabilizarlo, entonces haremos lo que dices.
Damir apretó la mandíbula, conteniendo en su boca las palabras malsonantes que pudiera escupirle a su exesposa y a esos salvajes. Sin embargo, debía concederle a Radojka algo de credibilidad; sus dones clarividentes son principalmente los causantes de la locura de su hijo.
—Solo por hoy —concedió a regañadientes—. Y si para mañana nuestro hijo sigue en las mismas condiciones, me lo llevo a Anchorage. ¿Entendido? —La mirada severa recorría cada rostro que lo observaba.
Todos asintieron sin levantar réplica.
Incluidos Radojka y Ma-cheil.
Los ancianos esperaban que ese escaso tiempo concedido por el hermano mayor del rey de los Lobos Americanos, fuese suficiente para salvar al Retornado.